
Segunda Epístola
de San Pablo a Timoteo
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No
puede afirmarse con absoluta certeza por la historia de Lucas en qué
tiempo fue escrita la Primera Epístola. Pero no dudo que, después de
ese tiempo, Pablo tuviera comunicación personal con Timoteo; y aun
es posible (si ha de aceptarse la opinión general) que Pablo lo
tenía como compañero y ayudante en muchos lugares.
COMENTARIO A LA
SEGUNDA EPÍSTOLA PASTORAL DE
SAN PABLO A TIMOTEO
por Juan Calvino
No puede afirmarse con absoluta certeza por la historia de Lucas
en qué tiempo fue escrita la Primera Epístola. Pero no dudo que,
después de ese tiempo, Pablo tuviera comunicación personal con
Timoteo; y aun es posible (si ha de aceptarse la opinión general)
que Pablo lo tenía como compañero y ayudante en muchos lugares.
Mas podría deducirse fácilmente que él estaba en Éfeso cuando esta
Epístola le fue escrita; porque, al fin de la misma.
2 Tim 4:19
Pablo "saluda a Priscila y a Aquila, y a la casa de Onesíforo", el
último de los cuales era de Éfeso, y Lucas nos informa que los
otros dos se quedaron allá cuando Pablo navegó hacia Judea (Hch.
18:18,29).
El objeto principal de la carta es confirmar a Timoteo, tanto en
la fe del Evangelio, como en la pura y constante predicación del
mismo. Con todo, estas exhortaciones derivan considerable
importancia también por el tiempo en que Pablo las escribió. Él
tenía presente la muerte que esperaba sufrir por el testimonio del
Evangelio. Por consiguiente, todo lo que leemos aquí, tocante al
reino de Cristo, a la esperanza de la vida eterna, a la lucha
cristiana, a la confianza en confesar a Cristo, y a la certeza de
la doctrina, debe ser considerado por nosotros, no como si hubiese
sido escrito con tinta, sino con la propia sangre de Pablo; porque
nada afirma él sin que ofrezca la prenda de su muerte; por lo
tanto, esta epístola puede considerarse como una solemne
suscripción y ratificación de la doctrina de Pablo.
Es de importancia recordar, sin embargo, lo que afirmamos en la
exposición de la Primera Epístola, que el Apóstol no la escribió
meramente por causa de un solo hombre, sino que exhibió, bajo la
persona de un hombre, una doctrina general, la cual después sería
transmitida de una mano a otra. Y primero, después de haber
alabado la fe de Timoteo, en la cual había sido educado desde su
niñez, le exhorta a perseverar fielmente en la doctrina que había
aprendido, y en el oficio que se le había encomendado; y, al
propio tiempo, para que Timoteo no se desanimara por el
encarcelamiento de Pablo, o la apostasía de los demás, éste se
ufana de su apostolado y de la recompensa que le espera. De igual
manera alaba a Onesíforo, para animar a otros mediante su ejemplo;
y porque la condición de aquellos que sirven a Cristo es dolorosa
y difícil, Pablo saca comparaciones tanto de los agricultores como
de los soldados, de los cuales los primeros no vacilan en trabajar
mucho en el cultivo de la tierra antes de que puedan ver algún
fruto, mientras que los últimos hacen a un lado todos sus cuidados
y empleos a fin de dedicarse completamente a la milicia bajo las
órdenes de su general.
A continuación, Pablo da un breve sumario de su Evangelio, y
ordena a Timoteo entregarlo a otros, y tener cuidado de que sea
transmitido a la posteridad. Habiendo aprovechado esta ocasión
para mencionar nuevamente su encarcelamiento, se yergue con santa
firmeza, con el fin de animar a otros con su noble valor; porque
nos invita a todos nosotros a contemplar, juntamente con él,
aquella corona que le está reservada en el cielo.
También le ordena que se abstenga de entrar en disputas
contenciosas y cuestiones vanas, recomendándole, por otra parte,
promover la edificación; y a fin de demostrar más claramente cuan
grande mal es éste, Pablo relata que algunos han sido arruinados
por dicho mal, y particularmente menciona a dos, Himeneo y Fileto,
quienes, habiendo caído en absurda monstruosidad, como para echar
abajo la fe de la resurrección, sufrieron el horrible castigo de
su arrogancia. Mas como las caídas de esa naturaleza,
especialmente de hombres distinguidos y de aquellos que
disfrutaban de alguna reputación, regularmente van acompañadas de
mucho escándalo, Pablo demuestra que los creyentes no deben
perturbarse por ellas, porque no todos los que llevan el nombre de
cristianos pertenecen verdaderamente a Cristo, y porque la Iglesia
tiene que estar expuesta a la miseria de vivir entre hombres
perversos e impíos en este mundo. No obstante, para que esto no
asustara indebidamente a las mentes débiles, él lo suaviza
prudentemente, afirmando que el Señor preservará a los suyos, a
quienes ha elegido, hasta el fin.
De nuevo vuelve a exhortar a Timoteo a perseverar fielmente en el
desempeño de su ministerio; y a fin de hacerlo más cuidadoso,
predice los tiempos tan peligrosos que esperan a los buenos y a
los píos, y también anuncia que se levantarán hombres sumamente
destructores; más en oposición a todo esto, Pablo lo confirma con
la esperanza de un resultado bueno y próspero. Muy en especial, él
le recomienda estar constantemente ocupado en enseñar la sana
doctrina, señalando el uso correcto de las Escrituras, para que
pueda saber que en ellas encontrará todo aquello que es necesario
para la sólida edificación de la Iglesia.
A continuación, Pablo menciona que su muerte está cercana, pero lo
hace como un conquistador que se apresura al triunfo glorioso, lo
cual es un testimonio claro de una maravillosa confianza.
Finalmente, después de haber suplicado a Timoteo que venga tan
pronto como le sea posible, señala la necesidad que proviene de su
actual condición. Éste es el tema principal en la conclusión de la
epístola.
1. Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, según la
promesa de la vida que es en Cristo Jesús,
2. a Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia y paz, de Dios
Padre y de Jesucristo nuestro Señor.
1. Pablo, apóstol. Desde el mismo principio podemos darnos cuenta
de que Pablo no pensaba sólo en Timoteo al escribir su epístola;
de otro modo él no hubiera empleado títulos tan eminentes al
afirmar su apostolado; porque ¿qué objeto hubiera tenido emplear
estos adornos en el lenguaje al escribir a uno que ya estaba
plenamente convencido del hecho? Por tanto, Pablo reclama esa
autoridad sobre todos, que pertenecía a su carácter público; y lo
hace más diligentemente porque, estando cercano a la muerte, desea
asegurar la aprobación del curso total de su ministerio, ("Aunque,
en todo lo que Pablo nos ha dejado en forma escrita, debemos
considerar que es Dios el que nos habla por la boca de un hombre
mortal, y que toda su doctrina debe ser recibida con tal autoridad
y reverencia como si Dios visiblemente apareciera desde el cielo,
no obstante, hay en esta epístola un asunto especial que tiene que
tomarse en consideración: que Pablo, estando preso, y conociendo
que su muerte estaba próxima, deseaba ratificar su fe, como si la
hubiera sellado con su sangre. Así que, entonces, tan
frecuentemente como leamos esta epístola, pensemos siempre en la
condición en que se encontraba Pablo en aquella época; es decir,
que él no buscaba otra cosa sino morir por el testimonio del
Evangelio (lo cual realmente hizo), como su abanderado, para
darnos una segundad más firme de su doctrina, y que nos afectara
en forma más enérgica. Ciertamente, si leemos esta epístola con
más cuidado, descubriremos que el Espíritu de Dios se ha expresado
a sí mismo en tal forma, con tal majestad y poder, que no podemos
menos que sentirnos cautivados y anonadados. Yo, por mi parte, sé
que esta epístola me ha sido de más provecho que cualquier otro
libro de la Escritura, y todavía me es provechosa cada día; y si
alguno la examina cuidadosamente, no hay duda de que experimentará
el mismo resultado. Y si deseamos rener un testimonio de la verdad
de Dios, que penetre hasta lo íntimo de nuestro corazón, es mejor
que nos concentremos en el estudio de esta epístola; porque uno
debe estar en un profundo sueño, y debe ser extraordinariamente
estúpido, si Dios no obra en su alma cuando oye la doctrina que de
esta carta se desprende." Fr. Ser.), y sellar su doctrina, que tan
arduamente se había esforzado por enseñar, para que fuese tenida
como sagrada por la posteridad, y para dejar una verdadera imagen
de ella en Timoteo.
De Jesucristo por la voluntad de Dios. Primero, de acuerdo con
esta costumbre, Pablo se llama a sí mismo "apóstol de Cristo". De
aquí se concluye, que no habla por su propia iniciativa, y no debe
ser escuchado a la ligera; y en cuanto a la forma, ciertamente
como hombre, pero como uno que representa a Cristo. Mas por cuanto
la dignidad del oficio es demasiado grande para que pertenezca a
cualquier hombre, salvo por don especial y elección de Dios, él al
propio tiempo hace el elogio de su llamamiento, añadiendo que fue
ordenado por la voluntad de Dios. Su apostolado, pues, teniendo a
Dios como su autor y defensor, está fuera de toda disputa.
Según la promesa de la vida. Para que su llamamiento quede más
asegurado, lo relaciona con las promesas de la vida eterna; y es
como si dijera: "Como desde el principio Dios prometió la vida
eterna en Cristo, así Él ahora me ha designado para ser el
ministro que proclame esa promesa". En esta forma, señala también
el propósito de su apostolado, a saber, llevar a los hombres a
Cristo, para que en Él ellos encuentren la vida.
Que es en Cristo Jesús. Pablo habla con gran exactitud, cuando
menciona que esa "promesa de vida" fue dada, ciertamente, en
tiempos antiguos a los padres (Hch. 16:6).
Mas sin embargo, él declara que esta vida está en Cristo, para
poder informarnos de que la fe de aquellos que vivieron bajo la
Ley, debe, no obstante, haber mirado hacia Cristo.
2. Mi hijo amado. Por esta designación, no sólo testifica de su
amor a Timoteo, sino que procura respeto y sumisión para él;
porque Pablo desea ser reconocido en él, como uno a quien
justamente se le pueda llamar su hijo. La razón para ello, es que
lo había engendrado en Cristo; porque, aunque este honor pertenece
sólo a Dios, es, sin embargo, transferido a los ministros cuya
instrumentalidad emplea para regenerarnos.
Gracia, misericordia. La palabra misericordia, que Pablo emplea
aquí, comúnmente la omite en sus salutaciones ordinarias. Pero yo
creo que la utiliza cuando quiere derramar sus sentimientos con
una vehemencia extraordinaria. Además, parece haber invertido el
orden; porque, ya que la misericordia es la causa de la gracia,
debió haber aparecido primero en este pasaje. Con todo, no es
impropio que la haya puesto después de gracia, a fin de expresar
más claramente cual es la naturaleza de esa gracia, y de dónde
procede; como si agregase, en forma de una declaración, que la
razón por la que somos amados por Dios es porque Él es
misericordioso. Sin embargo esto también puede explicarse como
relacionándolo a los diarios beneficios de Dios, los cuales son
otros tantos testimonios de su "misericordia"; porque siempre que
Él nos ayuda, nos libra también de males; siempre que perdona
nuestros pecados y soporta nuestras debilidades, lo hace porque
tiene compasión de nosotros.
3. Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia
conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones
noche y día;
4. deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de
gozo;
5. trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual
habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, v estoy
seguro que en ti también.
3. Doy gracias. Ordinariamente el significado que se da a estas
palabras es que Pablo "da gracias a Dios", y en seguida señala el
motivo o razón de la acción de gracias; es decir, que él está
incesantemente preocupado por Timoteo. Mas deseo que mis lectores
consideren si la interpretación siguiente no es igualmente
apropiada o aún mejor: "Siempre que me acuerdo de ti en mis
oraciones (y lo hago continuamente), también doy gracias por ti";
porque la partícula 05 muy frecuentemente tiene ese significado;
y, ciertamente, cualquier significado que pueda sacarse de una
traducción diferente es excesivamente pobre. De acuerdo con esta
explicación, la oración será un signo de diligencia, y la acción
de gracias un signo de gozo; es decir, Pablo jamás pensó en
Timoteo sin recordar las grandes virtudes que poseía. De aquí
parte el motivo para dar gracias; porque el recuerdo de los dones
de Dios es siempre grato y delicioso para los creyentes. Ambas
cosas son pruebas de una verdadera amistad. Pablo dice que el
mencionarlo es incesante (adialeipton), porque él jamás lo olvida
en sus oraciones.
Al cual sirvo desde mis mayores. Pablo hizo esta declaración para
contrarrestar aquellas bien conocidas calumnias con que los judíos
lo calumniaban, como si él hubiese abandonado la religión de su
patria, y apostatado de la Ley de Moisés. Mas por el contrarío,
declara que adora a Dios, respecto al cual él ha sido enseñado por
sus antecesores, y que Éste es el Dios de Abraham que se reveló a
sí mismo a los judíos, que entregó su Ley por medio de Moisés; y
no algún pretendido dios que él se hubiera forjado para sí.
Mas cabe preguntarse aquí: "¿Puesto que Pablo se gloría de seguir
la religión entregada por sus antecesores, es ésta una base
suficientemente firme? Porque de aquí se con-cuye que éste será un
buen pretexto para excluir todas las supersticiones, y que sería
un crimen si alguno se aparta, siquiera un ápice, de las
instituciones de sus antepasados, cualesquiera que éstas sean." La
respuesta es fácil. Él no fija aquí una regla: que toda persona
que siga la religión, que ha recibido de sus padres haya de
suponerse que adore a Dios correctamente; y, por otra parte, que
aquel que se aparta de las costumbres de sus antecesores haya de
culpársele por ello. Porque esta circunstancia debe tomarse
siempre en consideración: que Pablo no descendía de idólatras,
sino de los hijos de Abraham, que adoraban al verdadero Dios.
Sabemos lo que Cristo dice, al desaprobar toda la falsa adoración
de los gentiles, y que sólo los judíos mantenían la verdadera
forma de adoración. Pablo, pues, no se apoya únicamente en la
autoridad de los padres, ni habla indistintamente de todos sus
antecesores; sino que hace a un lado la falsa opinión, que se
habían formado de él, de que había abandonado al Dios de Israel,
forjándose para sí un dios extraño.
Con limpia conciencia. Es cierto que la conciencia de Pablo no
siempre fue limpia; porque él reconoce que fue engañado por la
hipocresía, mientras que dio rienda suelta a los deseos
pecaminosos (Rom. 7:8). ("Cuando él dio rienda suelta a la
lujuria, como si no hubiera sido ilícita.")
La excusa que Crisóstomo ofrece por lo que Pablo hizo cuando era
fariseo, en razón de que él se oponía al Evangelio, no por
malicia, sino por ignorancia, no es una respuesta satisfactoria a
la objeción; porque "una limpia conciencia" es una recomendación
no común, y no puede separarse del sincero y recto temor de Dios.
Yo, pues, la limito al tiempo presente, en esta forma: que Pablo
adora al mismo Dios que adoraban sus antecesores, pero ahora lo
adora con un limpio afecto de corazón, desde que fue iluminado por
el Evangelio.
Esta afirmación tiene el mismo objeto que las numerosas
declaraciones de los apóstoles, contenidas en el libro de los
Hechos: "Así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas
que en la ley y en los profetas están escritas" (Hch. 24:14). De
nuevo: "Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios a
nuestros padres soy llamado a juicio; promesa cuyo cumplimiento
esperan que han de alcanzar nuestras doce tribus, sirviendo
constantemente a Dios de día y de noche" (Hch. 26:6,7). Otra vez:
"Porque por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena" (Hch.
28:20).
En mis oraciones noche y día. De aquí podemos ver cuan grande fue
su constancia en la oración; y sin embargo, él no afirma nada
tocante a sí mismo sino lo que Cristo recomienda a todos sus
seguidores. Debemos, pues, conmovernos y alentarnos por tales
ejemplos para imitarlos, a fin de que, por lo menos, nos
ejercitemos en práctica tan necesaria en forma más frecuente. Si
alguno entiende esto como significando las oraciones que día y
noche Pablo acostumbraba a elevar a determinadas horas, no irá
errado en tal apreciación; aunque yo doy una interpretación más
sencilla: que no había tiempo en que él no estuviera empleado en
la oración.
5. Trayendo a la memoria la fe no fingida. No tanto con el
propósito de aplaudir a Timoteo como de exhortarlo, el Apóstol
elogia a la vez su propia fe y la fe de su abuela y de su madre;
porque, cuando uno ha comenzado bien y valientemente, el progreso
que ha hecho debe alentarle para avanzar, y los ejemplos
domésticos son poderosos alicientes para empujarlo hacia adelante.
Por consiguiente, pone delante de él a su abuela Loida y a, su
madre Eunice, por quienes había sido educado desde su infancia en
tal forma que, por decirlo así, se nutrió de la piedad al mismo
tiempo que de la leche materna. Por esta piadosa educación, pues,
Timoteo es amonestado a no degenerar de sí mismo y de sus
antecesores.
Es incierto si, por una parte, estas mujeres fueron convertidas a
Cristo, y si lo que Pablo encomia aquí fue el comienzo de la fe, o
si, por otra parte, la fe es atribuida a ellas separada del
cristianismo. Lo último me parece más probable; porque, aun cuando
en aquel tiempo abundaban muchas corrupciones y supersticiones,
sin embargo Dios siempre tenía su propio pueblo, a quien no dejaba
corromperse con la multitud, sino a quien santificaba y separaba
para sí, para que siempre pudiera existir entre los judíos una
prueba de esta gracia, que Él había prometido a la simiente de
Abraham. No hay, pues, nada absurdo en afirmar que ellos vivieron
y murieron en la fe del Mediador, aunque Cristo todavía no se les
había revelado. Mas yo no aseguro nada, y no podría asegurarlo sin
temeridad.
Y estoy seguro que en ti también. Esta cláusula me confirma en la
conjetura que justamente acabo de hacer; porque, en mi opinión,
Pablo no habla aquí de la fe actual de Timoteo. Se menoscabaría
esa segura confianza del elogio anterior, si sólo dijera que él
reconocía la fe de Timoteo como parecida a la de su abuela y de su
madre. Pero yo entiendo cuál debe ser el significado: que Timoteo,
desde su niñez, cuando aún no había adquirido ningún conocimiento
del Evangelio, estaba saturado del temor de Dios, y de una fe que
daba evidencias de ser semilla viviente que después se
manifestaría.
6. Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que
está en ti por la imposición de mis manos.
7. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder,
de amor y de dominio propio.
8. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro
Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por
el evangelio según el poder de Dios,
9. quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a
nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos
fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos,
10. pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro
Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a la luz la
vida y la inmortalidad por el Evangelio,
11. del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de
los gentiles.
12. Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo,
porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso
para guardar mi depósito para aquel día.
6. Por lo cual te aconsejo. Cuanto más abundantemente ha recibido
Timoteo la gracia de Dios, más debe esforzarse por progresar cada
día, insinúa el Apóstol. Es digno de notarse que las palabras "por
lo cual" introducen este consejo como una conclusión de lo que ya
se ha expresado.
Que avives el fuego del don de Dios. Esta exhortación es sumamente
necesaria; porque regularmente ocurre, y puede decirse que es
natural, que la excelencia de los dones produce descuido, y éste
siempre va acompañado de pereza; y Satanás trabaja continuamente
para extinguir todo lo que es de Dios en nosotros. Debemos, pues,
por otra parte, esforzarnos por seguir perfeccionando todo lo que
es bueno en nosotros, y encender lo que languidece; porque la
metáfora que Pablo emplea, está tomada de un fuego que estaba
débil, o que estaba a punto de extinguirse gradualmente, si no se
le añadía combustible para que aumentara su llama. Recordemos,
entonces, que debemos dedicarnos a emplear los dones de Dios, no
sea que al no usarlos y estar escondidos se oxiden. Recordemos
también que debemos sacarles mucho provecho, para que no se
extingan por nuestra pereza.
Que está en ti por la imposición de mis manos. No puede haber duda
de que Timoteo haya sido invitado por la voz de la Iglesia, y que
no fue elegido por el solo deseo particular de Pablo; mas no es
absurdo afirmar, que Pablo se atribuyese la elección a sí mismo en
lo personal, porque él fue el instrumento principal en ella. Con
todo, habla aquí de ordenación, es decir, del acto solemne por el
cual se confiere el oficio del ministerio, y no la elección.
Además, no está perfectamente claro de si la costumbre era, cuando
algún ministro iba a ser apartado, que todos impusiesen las manos
sobre su cabeza, o si uno solo lo hizo, en nombre de todos. Yo me
inclino a pensar que era una sola persona la que imponía las
manos.
Por lo que respecta a la ceremonia, los apóstoles la tomaron de la
antigua costumbre de su nación; o más bien, como resultado de
estar en uso, ellos la retuvieron; porque ésta es una parte de
aquel procedimiento decente y ordenado que Pablo recomienda en
otra parte (1 Cor. 14:40). Con todo, es de dudar si esa
"imposición de manos" que ahora se menciona se refiere a la
ordenación; porque, en aquel tiempo, las gracias del Espíritu, de
las que él habla en el capítulo 12 de la Epístola a los Romanos, y
en el capítulo 13 de la Primera Epístola a los Corintios, se
otorgaban a muchos que no eran designados como pastores. Mas yo,
por mi parte, pienso que fácilmente se puede deducir de la Primera
Epístola, que Pablo se refiere aquí al oficio de pastor, porque
este pasaje está de acuerdo con aquel que dice: "No descuides el
don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la
imposición de las manos del presbiterio" (1 Tim. 4:14).
Una vez resuelto este problema, cabría preguntar: "¿Fue la gracia
otorgada mediante una señal externa?" A esto yo respondo, que
siempre que se ordenaba a los ministros, éstos eran recomendados a
Dios por las oraciones de toda la Iglesia, y en esta forma se
obtenía la gracia de Dios para ellos por la oración, y no se les
confería por medio de una señal, aunque dicha señal no se empleaba
sin provecho ni inútilmente, sino que era una prenda segura de esa
gracia que ellos recibían de parte de Dios mismo. Esa ceremonia no
era un acto profano, inventado con el solo fin de ganar fama ante
los ojos de los hombres, sino una lícita consagración delante de
Dios, la cual no se realiza sino con el poder del Espíritu Santo.
Además, Pablo acepta la señal por el todo o por la transacción
entera; porque él declara que Timoteo fue dotado de gracia, cuando
fue ofrecido a Dios como ministro. Entonces, en esta forma de
expresión hay una figura de lenguaje, en la cual una parte es
tomada por el todo.
Pero de nuevo nos encontramos ante otro problema; porque si fue
únicamente en su ordenación que Timoteo obtuvo la gracia necesaria
para desempeñar su oficio, ¿de qué naturaleza fue la elección de
un hombre no idóneo o calificado aún, y hasta entonces vacío y
destituido del don de Dios? Yo respondo, que no le fue dado
entonces lo que antes no tenía; porque es cierto que él superaba
tanto en doctrina como en otros dones antes que Pablo lo ordenara
al ministerio. Pero no hay inconsistencia al afirmar que, cuando
Dios quiso echar mano de sus servicios, y en efecto, lo llamó, Él
entonces lo hizo idóneo y lo enriqueció todavía más con nuevos
dones, o le duplicó aquellos que antes le había otorgado. No debe
entenderse, pues, que Timoteo no haya tenido anteriormente ningún
don, sino que dichos dones se manifestaron más plenamente cuanto
le fue conferido el deber de enseñar.
7. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía. Ésta es una
confirmación de lo que Pablo había afirmado inmediatamente antes;
y así continúa apremiando a Timoteo a mostrar el poder de los
dones que había recibido. Él se vale de este argumento: que Dios
gobierna a sus ministros por el Espíritu de poder, el cual es
opuesto a la cobardía. De aquí se concluye, que ellos no deben
decaer por la pereza, sino que, sostenidos por la gran confianza y
el ánimo, deben manifestar y ostentar, por efectos visibles, ese
poder del Espíritu.
El siguiente pasaje se halla en la Epístola a los Romanos: "Pues
no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez
en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el
cual clamamos: ¡Abba, Padre!" (Romanos 8:15). Ese pasaje es, a
primera vista, casi semejante a éste; mas sin embargo, el contexto
demuestra que el significado es diferente. Allí, trata de la
confianza de la adopción que todos los creyentes tienen; mas aquí,
habla particularmente acerca de los ministros, y les exhorta, en
la persona de Timoteo, a moverse activamente y a hacer obra de
valor; porque Dios no quiere que desempeñen su oficio en forma
fría y sin vigor, sino que prosigan adelante con toda energía,
confiando en la eficacia del Espíritu.
Sino de poder, de amor y de dominio propio. De aquí aprendemos,
primero, que ninguno de nosotros posee esa firmeza e inconmovible
constancia del Espíritu, la cual es requisito para el cumplimiento
de nuestro ministerio, hasta que somos capacitados desde el cielo
con un nuevo poder. Y ciertamente, los obstáculos son tantos y tan
grandes, que ningún esfuerzo humano será capaz de vencerlos. Es
Dios, pues, quien nos capacita con "el espíritu de poder"; porque
aquellos que, en otra forma, dan muestras de mucha fortaleza, caen
en un momento, cuando no son sostenidos por el poder del Espíritu
Divino.
En segundo lugar, de allí inferimos que quienes tienen bajeza
servil y cobardía, de modo que no se arriesgan a hacer algo en
defensa de la verdad, cuando es necesario, no son gobernados por
ese Espíritu que guía a los siervos de Cristo. De esto se
concluye, que muy pocos de aquellos que llevan el título de
ministros, en la actualidad, llevan la marca de la sinceridad
impresa sobre ellos; porque, entre un gran número, ¿dónde
encontramos a uno que, confiando en el poder del Espíritu,
valientemente desprecie toda la altivez que se exalte contra
Cristo? ¿Acaso una gran mayoría no busca sólo su propio interés y
holganza? ¿No se quedan mudos y espantados cuando estalla algún
ruido? El resultado es, que la majestad de Dios no se manifiesta
en su ministerio. La palabra Espíritu se emplea aquí en sentido
figurado, como en muchos otros pasajes. ("La palabra Espíritu se
entiende aquí por los dones que proceden de Él, de acuerdo con la
figura llamada metonimia.")
Mas ¿por qué añadió Pablo inmediatamente amor y dominio propio? En
mi opinión, fue con el fin de distinguir ese poder del Espíritu,
de la furia y rabia de los fanáticos, quienes, mientras se mueven
y apresuran con sus temerarios impulsos, furiosamente se ufanan de
tener el Espíritu de Dios. Por esta razón él afirma expresamente
que esa poderosa energía es moderada por el amor y el dominio
propio, es decir, por un sereno deseo de edificación. Sin embargo,
Pablo no niega que los profetas y los maestros estuviesen dotados
del mismo Espíritu antes de la promulgación del Evangelio, sino
que declara que esta gracia debe ser ahora especialmente poderosa
y conspicua bajo el reinado de Cristo.
8. Por tanto, no te avergüences. Pablo dijo esto, porque la
confesión del Evangelio era tenida por infamante; y por lo tanto,
él prohíbe que bien la ambición o el temor a la desgracia le
impidan o coarten la libertad de predicar el Evangelio. E infiere
esto de lo que ya se ha dicho; porque aquel que está armado con el
poder de Dios jamás temblará ante el ruido que produzca el mundo,
sino que reconocerá como honorable que los hombres perversos lo
señalen con las marcas de la desgracia.
Y justamente llama al Evangelio el testimonio de nuestro Señor;
porque, aunque Él no tiene necesidad de nuestra ayuda, sin embargo
nos impone esta obligación, para que demos testimonio de que
sostenemos Su gloria. Es un grande y señalado honor el que Él nos
confiere, y ciertamente a todos (porque no hay cristiano que no
deba considerarse un testigo de Cristo), pero principalmente a
pastores y maestros, como Cristo dijo a Sus discípulos: "Me seréis
testigos" (Hch. 1:8). Por consiguiente, cuanto más odiosa sea la
doctrina del Evangelio para el mundo, más seriamente deben ellos
esforzarse por confesarla abiertamente.
Cuando Pablo añade ni de mí, con tal expresión recuerda a Timoteo
que no rehúse ser su compañero, en una causa que es común a ambos;
porque, cuando comenzamos a apartarnos de la sociedad de aquellos
que, por el nombre de Cristo, sufren persecución, ¿qué otra cosa
buscamos sino que el Evangelio se vea libre de toda persecución?
Ahora bien, aunque no faltaban muchos hombres perversos que
ridiculizaban a Timoteo así: "¿No te das cuentas de lo que le ha
pasado a tu maestro? ¿No sabes que lo mismo te va a pasar a ti?
¿Por qué nos impones una doctrina que tú ves que es despreciada
por todo el mundo?", no obstante, él debió sentirse animado con
esta exhortación: "No tienes razón para avergonzarte de mí, en lo
que no" es vergonzoso, porque yo soy prisionero de Cristo"; es
decir: "No es por un crimen o una mala acción que yo me encuentro
preso, sino que por Su nombre estoy encadenado en esta prisión".
Sino participa de las aflicciones por el evangelio. Pablo
establece un método por el cual aquello que manda puede ser
realizado; es decir, si Timoteo se prepara para soportar las
aflicciones que están relacionadas con el Evangelio. Todo aquel
que se rebele contra la cruz y trate de eludirla, siempre se
avergonzará del Evangelio. No sin una buena razón Pablo, pues,
entretanto que lo exhorta a la firmeza de confesión, a fin de que
la exhortación no sea inútil le habla también de soportar la cruz.
("Él demuestra, en primer lugar, que el Evangelio no puede
separarse de las aflicciones. Ño es que Dios no llame a todos los
hombres a la unidad en la fe, puesto que la doctrina del Evangelio
tiene el mensaje de reconciliación para todos; sino que, también,
existen aquellos que son impulsados por el poder de su Santo
Espíritu, mientras que los incrédulos permanecen en su dureza; y
por otra parte, allí está el fuego que se enciende, como cuando
los truenos estallan en el aire, que causan gran conmoción. Así es
cuando el Evangelio se predica. Ahora bien, si el Evangelio trae
aflicciones, y si nuestro Señor Jesucristo desea que lo que Él
soportó en su persona se cumpla y experimente en sus miembros, y
que cada día Él sea como crucificado de nuevo, ¿será lícito que
nosotros escapemos de esa condición? Por lo tanto, ya que toda
nuestra esperanza está en el Evangelio, y ya que debemos buscar
nuestro apoyo en él, reflexionemos en lo que Pablo dice: que
debemos sostener a nuestros hermanos, cuando veamos que son
perseguidos, escupidos, vejados y maltratados; y escojamos ser sus
compañeros para soportar los reproches y la baja conducta del
mundo, más bien que recibir honores y tener buena reputación y
fama, y no obstante estar alejados de aquellos que sufren por la
causa que tenemos en común con ellos." Fr. Ser.)
Y añade: según el poder de Dios; porque si no fuera por esto, y si
Él no nos sostuviera, inmediatamente sucumbiríamos bajo el peso de
la carga. Y esta cláusula contiene dos cosas: amonestación y
consolación. La amonestación es que no se fije en su presente
debilidad, y que confiado en la ayuda de Dios se aventure y
emprenda lo que está más allá de sus fuerzas. La consolación es,
que, si soportamos alguna cosa por causa del Evangelio, Dios
saldrá a nuestro encuentro como nuestro libertador, para que, por
su poder, podamos alcanzar la victoria.
9. Quien nos salvó. Por la grandeza del beneficio Pablo nos
demuestra cuánto debemos a Dios; porque la salvación que Él nos ha
otorgado fácilmente absorbe todos los males que han de padecerse
en este mundo. La palabra salvó, aunque admite un significado
global, aquí se interpreta limitada por el contexto, y denota la
salvación eterna. Así, pues, Pablo enseña que aquellos que
mediante Cristo han obtenido una salvación no transitoria ni
pasajera, sino eterna, si escatiman su vida fugaz y prefieren los
honores en vez de reconocer a su Redentor, son excesivamente
ingratos.
Y llamó con llamamiento santo. Pablo coloca el sello (la
seguridad) de la salvación en el llamamiento; porque, como la
salvación de los hombres fue completada en la muerte de Cristo,
así Dios, por el Evangelio, nos-hace partícipes de ella. A fin de
hacer resaltar más el valor de este "llamamiento”, él lo declara
santo. Esto ha de observarse cuidadosamente, porque, así como la
salvación no tiene que buscarse en ningún otro sino en Cristo, así
también por otra parte, Él habría muerto y resucitado de nuevo sin
ventaja práctica alguna, si no nos llamara a participar de esta
gracia. Entonces, después de haber alcanzado la salvación para
nosotros, una segunda bendición nos será otorgada para que,
injertándonos en su cuerpo, Él pueda comunicarnos sus beneficios
para que disfrutemos de ellos.
No conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la
gracia. Pablo describe la causa tanto de nuestro llamamiento como
de toda nuestra salvación. Nosotros no teníamos obras por las
cuales hubiéramos podido anticiparnos a Dios; mas todo depende de
su graciable propósito y elección; porque en las dos palabras
propósito y gracia está la figura de lenguaje llamada hipálage,
(La hapalague (palabra compuesta de hupo y alasso: "Yo cambio"),
es una figura de lenguaje por la cual las partes de una
proposición parecen ser intercambiables. (N. del E.), debe tener
la fuerza de una objeción, como si dijera: "conforme a su
graciable propósito". Aunque Pablo comúnmente emplea la palabra
propósito para denotar el oculto decreto de Dios, la causa del
cual está en su solo poder, con todo, para mayor explicación, él
quiso añadir "gracia", a fin de poder excluir con mayor energía
toda referencia a las obras. Y el propio contraste pregona con voz
muy alta que no hay lugar para las obras donde la gracia de Dios
reina, y por la cual Él estaba de antemano con nosotros, cuando
aún no habíamos nacido. Sobre este tema he hablado más ampliamente
en mi comentario al primer capítulo de la Carta a los Efesios; y
por el momento, no hago otra cosa sino dar un rápido vistazo a
aquello que ya traté en forma más amplia. (Véanse los
Comentarios de Calvino sobre Calatas y Efesios, pp,
197-201.)
Que nos fue dada. Partiendo del orden del tiempo, Pablo razona que
la salvación nos fue otorgada por la libre gracia, a pesar de que
no la merecíamos; porque si Dios nos escogió antes de la creación
del mundo, no pudo haber tomado en cuenta las obras, de las cuales
no teníamos nada, ya que entonces no existíamos. En cuanto al
pensamiento de los sofistas, de que Dios fue movido por las obras
que Él previo, no merece una amplia refutación. ¿Qué clase de
obras hubieran sido si Dios nos hubiese pasado por alto, sabiendo
que la elección en sí es la causa y el principio de todas las
buenas obras?
Este "dar la gracia" que Pablo menciona, no es otra cosa sino la
predestinación, por la cual fuimos adoptados para ser hijos de
Dios. Sobre este tema quiero que mis lectores recuerden, que con
frecuencia se dice que Dios nos "da" su gracia realmente cuando
recibimos el efecto de ella. Empero Pablo coloca aquí ante
nosotros lo que Dios se propuso hacer consigo mismo desde el
principio. Él, por lo tanto, dio aquello que no se produce por
ningún mérito. Él designó a aquellos que aún no habían nacido, y
los guardó dentro de sus tesoros, hasta que hizo saber por el
hecho mismo que Él nada proyecta en vano.
Antes de los tiempos de los siglos. Pablo emplea esta frase con el
mismo sentido con que él en otra parte habla de la ininterrumpida
sucesión de los años desde la fundación del mundo (Tit. 1:2).
Porque ese ingenioso razonamiento que Agustín aduce en muchos
pasajes es totalmente diferente del designio de Pablo. El
significado es, pues: "Antes de que los tiempos comenzaran a tomar
su curso desde todos los siglos pasados." Además, es digno de
notarse que él coloca el fundamento de la salvación en Cristo;
porque, aparte de Él, no hay adopción ni salvación; como se dijo
verdaderamente al explicar el primer capítulo de la Epístola a los
Efesios.
10. Pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro
Salvador Jesucristo. Observad cuan apropiadamente relaciona la fe
que tenemos del Evangelio con la elección secreta de Dios, y
señala a cada una su propio lugar. Dios nos ha llamado ahora por
el Evangelio, no porque repentinamente haya tomado consejo
respecto a nuestra salvación, sino porque ya lo había determinado
así desde toda la eternidad. Cristo ha "aparecido" ("Tes
epifanías. Esto, Teodoreto lo explica bien por enanthro-peseos,
que es una expresión usada especialmente por los antiguos
escritores, al tratarse de la aparición de los dioses sobre la
tierra. Así en Josefo (Ant., xvm, 3, 4) tenemos: ten epifaneían
ekdieguetai ton Anoubidos (ahí relata la aparición del dios Anubis).
Epifaneía denota aquí la primera aparición de Cristo en la carne,
aunque en otras partes el término siempre significa su segunda
aparición para juzgar al mundo." Bloomfield.), ahora para nuestra
salvación, no porque el poder salvador se le haya otorgado
recientemente, sino porque esta gracia fue reservada en Él para
nosotros antes de la creación del mundo. El conocimiento de estas
cosas nos es revelado a nosotros por fe; y así el Apóstol
juiciosamente relaciona el Evangelio con las más antiguas promesas
de Dios, para que la novedad no lo haga despreciable.
Pero cabe preguntar: "¿Es que los padres, bajo la Ley, ignoraban
esta gracia?"; porque al no ser revelada sino por la venida de
Cristo, se concluye que antes de ese tiempo estaba escondida. Yo
respondo que Pablo habla de la plena manifestación de la cosa en
sí, de la cual dependía también la fe de los padres, de modo que
esto no quita nada de ellos. La razón por la que Abel, Noé,
Abraham, Moisés, David, y todos los creyentes, obtuvieron la misma
fe que nosotros, fue porque ellos pusieron su confianza en esa
"aparición". Entonces, cuando Pablo dice que "la gracia nos fue
revelada por la aparición de Cristo", no excluye de la comunión
con esa gracia a los padres que fueron hechos partícipes con
nosotros de esta manifestación por la misma fe. Cristo fue el
mismo ayer como lo es hoy (Heb. 13:8); pero Él no se manifestó a
nosotros, por su muerte y resurrección, antes del tiempo señalado
por el Padre. En esto, como la única prenda y logro de nuestra
salvación, tanto nuestra fe como la de los padres están acordes.
El cual quitó la muerte. Cuando Pablo atribuye al Evangelio la
manifestación de la vida, no enseña que tenemos que comenzar con
la palabra, prescindiendo de la muerte y resurrección de Cristo
(porque la palabra, por el contrario, descansa en el asunto de que
se trata), sino que únicamente quiere decir que el fruto de esta
gracia no viene a los hombres en ninguna otra forma más que por el
Evangelio, de acuerdo con lo que dice la Escritura. "Dios estaba
en Cristo reconciliando al mundo, no imputando a los hombres sus
pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación"
(2 Cor. 5:19).
Y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio. Es una
grande y extraordinaria recomendación del Evangelio, el que "saque
a luz la vida". A vida Pablo añade inmortalidad; como si dijera:
"una vida verdadera e inmortal". Mas pudiera pensarse mejor, que
por vida nosotros entendemos regeneración, a la que le sigue una
bendita inmortalidad, la cual es también el objeto de la
esperanza. Y ciertamente ésta es nuestra "vida", no aquella que
tenemos en común con los animales, sino esa que consiste en
participar de la imagen de Dios. Mas por cuanto en este mundo "no
aparece" (1 Jn. 3:2) cuál es la naturaleza, o cuál es el valor de
esa "vida", por razón de una expresión más plena Pablo añadió, en
la forma más apropiada, "inmortalidad", que es la revelación de
esa vida que ahora está oculta.
11. Del cual yo fui constituido. No sin una buena razón encomia
tan elevadamente el Evangelio juntamente con su apostolado.
Satanás labora, mucho más de lo que nos imaginamos, para
desvanecer de nuestro corazón, por todos los métodos posibles, la
fe de la sana doctrina; y como no siempre es fácil para él hacer
esto si nos ataca en lucha abierta, nos despoja usando métodos
secretos e indirectos; porque, a fin de destruir la credibilidad
de la doctrina, él levanta sospechas en el llamamiento de los
maestros piadosos. Pablo, pues, teniendo la muerte a la vista, y
conociendo bien las trampas antiguas y ordinarias de Satanás, se
propuso defender no sólo la doctrina del Evangelio en general,
sino su propio llamamiento. Ambas cosas eran necesarias; porque,
aunque se pronunciaran largos discursos tocantes a la dignidad del
Evangelio, no tendrían mucho valor para nosotros, a menos que
entendiéramos lo que éste significa. Muchos estarán de acuerdo en
cuanto al principio general de la indiscutible autoridad del
Evangelio, pero después no tendrán nada seguro sobre qué guiarse.
Ésta es la razón por la que Pablo expresamente desea ser
reconocido como fiel y leal ministro de esa doctrina vivificadora
que él había mencionado.
Predicador, apóstol y maestro de los gentiles. Por las razones
ahora expuestas, Pablo se honra a sí mismo con varios títulos,
para expresar una sola cosa. Se llama a sí mismo predicador o
heraldo, porque la obligación del heraldo es proclamar los
mandatos de príncipes y magistrados. La palabra apóstol se emplea
aquí en su sentido ordinario y restringido. Además, como existe
una relación natural entre un maestro y sus discípulos, se
adjudica también este tercer título, para que quienes aprendan de
él sepan que tienen un maestro que les ha sido designado por Dios.
Y ¿a quiénes declara él que fue designado? A los gentiles; porque
el punto principal de la controversia era acerca de ellos, porque
los judíos negaban que las promesas de la vida pertenecieran a
otros salvo a los hijos carnales de Abraham. Por lo tanto, a fin
de que la salvación de los gentiles no se pusiera en tela de
juicio, Pablo afirma que a ellos ha sido designado especialmente
por Dios.
12. Por lo cual asimismo padezco esto. Es bien sabido que la ira
de los judíos se encendió contra Pablo, por la sola razón de haber
hecho popular el Evangelio entre los gentiles. Sin embargo, la
frase por lo cual asimismo tiene relación con todo el versículo,
y, por lo tanto, no debe limitarse a la última cláusula sobre los
"gentiles".
Pero no me avergüenzo. Para que la prisión en la que él se
encontraba encarcelado no menguara en ninguna forma su autoridad,
se defiende valiéndose de dos argumentos. Primero, demuestra que
la causa, lejos de ser vergonzosa, era aun honorable para él;
porque era un prisionero, no por haber hecho algún mal, sino
porque obedeció a Dios, quien lo llamó. Es una consolación
inefable la que sentimos cuando somos capaces de presentarnos con
una limpia conciencia en oposición a los injustos juicios de los
hombres. Segundo, confiado en que todo tendrá una resolución
justa, Pablo sostiene que no hay nada vergonzoso en su
encarcelación. Aquel que eche mano de esta defensa será capaz de
vencer cualquier tentación por grande que sea. Y cuando él dice
que "no se avergüenza", con su ejemplo estimula a otros a tener el
mismo valor.
Porque yo sé a quien be creído. Éste es el único lugar de refugio,
a donde deben acudir todos los creyentes, siempre que el mundo los
desprecie y los tenga por condenados y arruinados; es decir,
bastará reconocer que Dios les tiende la mano y les da su
aprobación; porque, ¿cuál sería el resultado si ellos dependieran
de los hombres? Y de aquí debemos inferir cuánto se diferencia la
fe de la opinión; porque, cuando Pablo dice: "Yo sé a quien he
creído", él enseña que no es bastante que uno crea, a menos que
tenga el testimonio de Dios, y a menos que tenga la plena
seguridad de ello. La fe, pues, no se apoya en la autoridad de los
hombres, ni descansa en Dios en tal forma como para titubear, sino
que debe unirse con el conocimiento; de otra manera no será lo
suficientemente fuerte contra los innumerables ataques de Satanás.
Aquel que juntamente con Pablo se imponga este conocimiento, sabrá
por experiencia que, con buen fundamento, nuestra fe es llamada
"la victoria que vence al mundo " (1 Jn. 5:4); y que también con
motivos bien fundados, Cristo afirmó que "las puertas del infierno
no prevalecerán contra ella" (Mt. 16:18). El hombre que tenga la
firme convicción de que Dios, "que no puede mentir" (Tit. 1:2) o
engañar, ha hablado y realizará lo que ha prometido, disfrutará de
una paz imperturbable en medio de las tormentas de la vida. Por
otra parte, aquel que no tiene esta verdad en su corazón, será
continuamente agitado de una parte a otra como caña movida por el
viento.
Este pasaje es altamente digno de atención; porque expresa
admirablemente el poder de la fe, cuando demuestra que, aun en
casos desesperados, debemos dar a Dios tal gloria como para no
dudar de que Él será verdadero y fiel; y cuando también nos
demuestra que en la misma forma debemos confiar en la Palabra, tan
plenamente como si Dios mismo nos hubiera hablado desde el cielo;
porque quien no tiene esta convicción no entiende nada. Recordemos
siempre, que Pablo no anda tras de especulaciones filosóficas en
la sombra, sino que, teniendo la realidad ante sus ojos, solamente
declara cuan valiosísima es la esperanza que está confiada en la
vida eterna.
Y estoy seguro que es poderoso. A causa de que el poder y la
enormidad de los peligros frecuentemente nos llenan de desaliento,
o al menos hacen que nuestro corazón desconfíe, debemos
defendernos con el escudo de que hay suficiente protección en el
poder de Dios. En igual forma, cuando Cristo mandó que
acariciáramos esta confiada esperanza, Él empleó este argumento:
"Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede
arrebatar de la mano de mi Padre" (Jn. 10:29), lo cual quiere
decir que estamos fuera de peligro, sabiendo que el Señor, que nos
ha tomado bajo su protección, es abundantemente poderoso para
derribar toda oposición. Ciertamente, Satanás no se atreve a
sugerir, en forma directa, el pensamiento de que Dios no pueda
cumplir lo que promete, o que se vea estorbado para cumplirlo
(porque nuestros sentidos se espantarían ante tan burda
blasfemia), sino que, preocupando nuestro entendimiento y mente,
arrebata de nosotros toda percepción del poder de Dios. El corazón
debe estar, pues, bien limpio, a fin de que no sólo experimente
ese poder, sino que pueda retener su sabor en medio de toda clase
de tentaciones.
Ahora bien, siempre que Pablo habla del poder de Dios, debemos
entender por ello lo que puede llamarse Su poder actual o "eficaz"
(energoumenen), tal como él lo llama en otro lugar (Col. 1:29). La
fe siempre relaciona el poder de Dios con la palabra, la cual no
piensa que esté a distancia, mas habiéndola captado interiormente,
la posee y la retiene. Así en esta forma se dice de Abraham:
"Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que
se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de
que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido" (Rom.
4:20,21).
Para guardar mi depósito. Observemos que Pablo emplea esta frase
para denotar la vida eterna; porque de aquí concluimos, que
nuestra salvación está en las manos de Dios, en la misma forma que
están en las manos de un depositario aquellas cosas que le
entregamos para que nos guarde, confiando en su fidelidad. Si
nuestra salvación dependiera de nosotros, ¿a cuántos peligros
estaría expuesta continuamente? Mas ahora, después de haberla
entregado a un guardián tan bueno, sabemos que está fuera de todo
peligro.
13. Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en !a fe
y amor que es en Cristo Jesús.
14. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en
nosotros.
15. Ya sabes esto, que me abandonaron todos los que están en Asia,
de los cuales son Figelo y Hermógenes.
16. Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo, porque
muchas veces me confortó, y no se avergonzó de mis cadenas,
17. sino que cuando estuvo en Roma, me buscó solícitamente y me
halló.
18. Concédale el Señor que halle misericordia cerca del Señor en
aquel día. Y cuánto nos ayudó en Efeso, tú lo sabes mejor.
13. Retén la forma de las sanas palabras. Algunos lo explican así:
"Que tu doctrina sea como un modelo para que otros la imiten". Yo
no apruebo este punto de vista. Igualmente opuesta al significado
de Pablo, está la explicación de Crisóstomo: que Timoteo debe
contemplar muy de cerca la imagen de las virtudes esculpidas en su
corazón por la doctrina de Pablo. Yo más bien pienso que éste
ordena a Timoteo que retenga la doctrina que había aprendido, no
sólo en cuanto a la sustancia, sino en cuanto a la misma forma de
expresión; porque bupotupossis, la palabra que Pablo emplea en
esta ocasión, denota un cuadro vivo de objetos, como si realmente
estuviesen colocados ante sus ojos. Pablo sabía cuan dispuestos
están los hombres a apartarse o desviarse de la sana doctrina. Por
esta razón él encarecidamente previene a Timoteo para que no se
aparte de esa forma de enseñanza que había recibido, y a regir su
método de enseñanza por la regla que había sido establecida; no es
que debamos ser muy escrupulosos acerca de las palabras, sino
porque el tergiversar la doctrina, aun en lo más mínimo, es
excesivamente perjudicial. ("Él no afirmaría sencillamente las
palabras de la Escritura, sino que tendría que retener el sumario,
o sistema de verdades que había escuchado de su padre espiritual,
y, dependiendo de Cristo en alguna forma, demostraría su fidelidad
y amor para su Redentor. Él tendría que guardar este sistema de
doctrina como una prenda confiada a su cuidado, con la ayuda del
Espíritu Santo. Los ministros tienen que retener toda verdad, pero
sobre todo, aquellas verdades particulares que son el blanco
peculiar de la oposición diabólica, y reciben un tratamiento duro
en los tiempos en que viven; actuando así, ellos cumplen con el
mandamiento que su glorioso Maestro impuso al pastor de la iglesia
de Filadelfia, y entonces pueden esperar la bendición que Él
prometió (Apoc. 3:8,10,11)." Abraham Taylor.)
De aquí vemos qué clase de teología existe en el papado, la cual
ha degenerado tanto del modelo que Pablo recomienda, que se parece
a los acertijos de los adivinos y no a una doctrina tomada de la
Palabra de Dios. ¿Qué clase de sabor paulino, pregunto yo, hay en
todos los libros de los escolásticos? Este libertinaje que se han
tomado en corromper la doctrina demuestra que hay grandes razones
por las que Pablo invita a Timoteo a retener la forma natural y
original. Y él contrapone las sanas palabras, no sólo a las
doctrinas manifiestamente perversas, sino a las cuestiones necias
e inútiles, las cuales, en vez de salud, no traen otra cosa sino
enfermedad.
En la fe y amor que es en Cristo Jesús. Estoy enterado de que la
preposición en, al estar de acuerdo con la forma idiomática del
hebreo (beth), frecuentemente se toma por con; mas aquí, yo pienso
que el significado es diferente. Pablo ha añadido esto como una
marca de la sana doctrina, a fin de que sepamos lo que contiene, y
cuál es el resumen de ella; el todo de la cual, según su
costumbre, él incluye bajo "fe y amor". Pablo coloca ambas cosas
en Cristo; ya que, ciertamente, el conocimiento de Cristo consiste
principalmente en estas dos partes; porque, aunque las palabras
que es están en el número singular, concordando con la palabra
amor, sin embargo, deben entenderse también como aplicándose a la
fe.
Aquellos que lo traducen: "con fe y amor", hacen consistir el
significado en que Timoteo agregue a la sana doctrina los afectos
de la piedad y el amor. Yo ciertamente reconozco que nadie puede
perseverar fielmente en la sana doctrina a menos que esté dotado
de verdadera fe, y amor no fingido. Empero la primera exposición,
a mi manera de ver es más apropiada, es decir, que Pablo emplea
estos términos para describir más ampliamente cuál es la
naturaleza de las "sanas palabras", y cuál es el tópico de ellas.
Ahora bien, él dice que el resumen consiste en "fe y amor", de los
cuales el conocimiento de Cristo es la causa y el principio.
14. Guarda el buen depósito. Esta exhortación es más extensa que
la precedente. Pablo exhorta a Timoteo a considerar lo que Dios le
ha dado, y a poner cuidado y solicitud en proporción al alto valor
de lo que se le ha entregado; porque cuando la cosa es de poco
valor, no estamos acostumbrados a pedir a nadie que nos rinda
cuentas tan exactas.
Por "aquello que se le ha encomendado", yo entiendo que Pablo
quiere decir tanto el honor del ministerio como todos los demás
dones conferidos a Timoteo. Algunos lo limitan sólo al ministerio;
pero yo pienso que denota principalmente los requisitos para el
ministerio, es decir, todos los dones del Espíritu, en que él
sobresalía. La palabra "encomendado" se emplea también por otra
razón: para recordar a Timoteo que él, un día, debe rendir
cuentas; porque debemos administrar fielmente lo que Dios nos ha
encomendado.
To kalon ("La palabra griega que Pablo emplea, y que nosotros
traducimos bueno".), denota aquello que es de alto o
extraordinario valor; y, por lo tanto, Erasmo felizmente la ha
traducido egregium, "excelente", con el objeto de hacer notar su
raro valor. Yo he seguido esa versión. ¿Mas cuál es el método de
guardarlo? Es éste: debemos tener cuidado para que no perdamos,
por nuestra indolencia, lo que Dios nos ha conferido, o que nos
sea quitado por haber sido ingratos, o por haber abusado de ello;
porque hay muchos que rechazan la gracia de Dios, y muchos que,
después de haberla recibido, se excluyen de ella absolutamente.
Mas como la dificultad de guardarla está más allá de nuestras
fuerzas, Pablo añade:
Por el Espíritu Santo. O como si dijera: "Y te pido más de lo que
tú puedes, porque lo que tú no tienes de ti mismo, el Espíritu de
Dios te lo dará". De esto se concluye que no debemos juzgar la
fortaleza de los hombres por los mandamientos de Dios; porque, así
como Él manda con palabras, al mismo tiempo graba sus palabras en
nuestro corazón y, comunicándonos fortaleza, hace que su
mandamiento no sea en vano.
Que mora en nosotros. ("Sabiendo que Dios ha hecho su morada en
nosotros, y desea que seamos sus templos, y que mora en esos
templos por su Espíritu Santo, ¿tendremos miedo de que Él no nos
dé poder para perseverar hasta el fin, y de que Él no nos guarde
en posesión cierta de los beneficios que hemos recibido de su
mano? Ciertamente, el diablo se esforzará por privarnos de ella;
mas como nuestra alma no será su presa, porque nuestro Señor
Jesucristo la ha tomado bajo su protección, habiendo sido
entregados a Él por Dios el Padre; así, nada que Dios haya
designado para nuestra salvación será presa de Sata-más a pesar de
todos sus esfuerzos. ¿Y dónde está ese Espíritu? No debemos ir a
buscarlo arriba en las nubes. Es cierto que Él llena toda la
tierra, y que su majestad mora sobre los cielos; pero si sentimos
que Él mora en nosotros, puesto que ha tenido a bien comunicar su
poder a criaturas tan miserables como nosotros, sepamos que ese
poder será suficiente para defendernos contra los ataques de
Satanás; es decir, dando por hecho que nosotros, por nuestra
parte, no seamos negligentes. Porque no debemos lisonjear con
nuestros pecados, como para ser descuidados, mas debemos orar a
Dios, dejándole a Él todo, y esperando que siempre nos fortalecerá
más y más. Y porque ha comenzado a hacernos ministros de su
gracia, sepamos que Él continuará, y en tal forma que nuestra
salvación y la de nuestro prójimo será llevada hasta el fin para
Su gloria." Fr. Ser.)
Con esto Pablo indica que el auxilio del Espíritu es real para los
creyentes, a condición de que ellos no lo rechacen cuando les es
ofrecido.
15. Ya sabes esto, que me abandonaron todos los que están en Asia.
Estas apostasías que Pablo menciona pudieron haber inquietado el
corazón de muchos, y dado lugar, al mismo tiempo, a muchas
sospechas; así como ordinariamente vemos todo con el peor de los
pesimismos. Pablo hace frente a los escándalos de esta naturaleza
con valor y heroísmo, para que todos los hombres buenos aprendan a
aborrecer la perfidia de aquellos que en esta forma han
desamparado al siervo de Cristo, cuando él solo, y arriesgando su
vida, sostenía la causa común; y para que ellos tampoco retrocedan
al saber que Pablo no ha sido dejado del auxilio divino.
De los cuales son Figelo y Hermógenes. Pablo nombra a dos de
ellos, quienes probablemente eran más famosos que los demás, para
poder cerrar las puertas contra sus calumniadores; porque es
costumbre de los rebeldes y desertores de la lucha cristiana, a
fin de justificar su propia vileza, forjar tantas acusaciones como
pueden contra los buenos y fieles ministros del Evangelio. "Figelo
y Hermógenes", sabiendo que su cobardía era justamente tenida por
infame por los creyentes, y que ellos eran aun condenados como
culpables de vil traición, no hubieran titubeado en llenar a Pablo
de acusaciones, y descaradamente atacar su inocencia. Pablo, pues,
a fin de exponer sus mentiras y quitarles toda reputación, los
marca con el sello que se merecen.
Así también, en la actualidad, hay muchos que, porque no son
admitidos aquí en el ministerio, o son despojados de ese honor por
su perversidad, ("Porque son depuestos por su perversidad y vida
escandalosa".), o porque no nos comprometemos a sostenerlos cuando
no hacen nada, o porque han cometido robo o fornicación, se ven
obligados a huir, e inmediatamente se van a Francia y andan
errantes allá y en otros países, y, arrojando sobre nosotros todas
las acusaciones que pueden, ("Todas las blasfemias y
acusaciones que pueden".), se apropian para sí un testimonio de
su inocencia. Y algunos hermanos son tan cándidos que nos acusan
de crueldad, si nos atrevemos a describir a tales personas con sus
verdaderos colores. Mas sería preferible que todos ellos pudieran
ser marcados en su frente con un hierro candente, para que fuesen
reconocidos a primera vista.
16. Tenga el Señor misericordia. De esta oración inferimos, que
los buenos servicios hechos a los santos no son en vano, aunque
ellos no puedan recompensarlos; porque, cuando Pablo ora a Dios
para que los recompense, esta oración lleva en sí la fuerza de una
promesa. Al propio tiempo, Pablo da testimonio de su gratitud,
deseando que Dios conceda la remuneración, porque él no puede
pagar. ¿Pero que hay si él hubiera tenido los medios suficientes
para remunerar? Indudablemente hubiera manifestado que no era
ingrato.
De la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó. Es digno
de notarse que, aunque Pablo alaba sólo la bondad de Onesíforo,
sin embargo, por causa de él, el Apóstol pide misericordia para
toda la familia. De aquí inferimos que "la bendición de Dios
descansa, no sólo sobre la cabeza del hombre justo", sino sobre
toda su casa. Tan grande es el amor de Dios para Su pueblo, que se
extiende sobre todos los que están relacionados con quien lo
recibe.
Y no se avergonzó de mis cadenas. Ésta es una prueba, no sólo de
su liberalidad, sino también de su celo; sabiendo que gustosamente
se expuso al peligro y al reproche de los hombres por auxiliar a
Pablo.
18. Concédale el Señor. Algunos lo explican así: "Concédale el
Señor que encuentre misericordia con Cristo el Juez." Y
ciertamente esto es algo más tolerable que interpretar ese pasaje
de los escritos de Moisés: "El Señor hizo llover fuego del Señor"
(Gn. 19:24), como significando: "El Padre hizo llover fuego del
Hijo". (Véase el comentario de Calvino sobre el Génesis, donde esa
extraordinaria expresión es extensamente explicada.)
Sin embargo, es posible que un sentimiento fuerte haya obligado a
Pablo, como frecuentemente ocurre, a hacer una repetición
superflua.
Concédale el Señor que halle misericordia en aquel día. ("Ningún
cristiano puede leer este pasaje sin ser poderosamente afectado
por él; porque vemos que Pablo experimentó un arrobamiento, por
decirlo así, cuando habló de esa venida de nuestro Señor
Jesucristo, y de la resurrección final. Él no dice: "Concédale el
Señor que encuentre favor en Su venida, en el día de nuestra
redención, cuando Él venga otra vez a. juzgar al mundo". Sino que
dice: "En aquel día"; como si nos presentara visiblemente al Señor
Jesucristo con sus ángeles. Pablo no habló de estas cosas
fríamente, o como hombre, sino que se elevó sobre todos los
hombres para poder exclamar: «¡En aquel día, en aquel día!» ¿Y
dónde está? Ciertamente, ninguno de aquellos que se esfuerzan por
ser sabios de por sí, se toman el trabajo de encontrarlo; porque
tiene que cumplirse aquella palabra: «Ni nunca oyeron, ni oídos
percibieron, ni ojo ha visto a Dios fuera de ti, que hiciese por
el que en él espera" (Is. 64:4). Que los hombres se esfuercen
hasta lo máximo para encontrarlo, será para ellos algo misterioso
y obscuro, y no podrán entenderlo. Mas cuando acariciemos la
promesa que Él nos ha dado, y después de haber conocido a ese
Cristo resucitado de entre los muertos, manifestando su poder, no
para sí, sino para juntar a todos sus miembros, y para unirlos a
Él mismo, entonces verdaderamente podremos decir: Aquel día. Fr.
Ser.)
Esta oración nos muestra la recompensa que aguarda a aquellos que,
sin esperar un galardón terrenal, realizan servicios generosos a
los santos, mucho más rica que si la recibieran inmediatamente de
mano de los hombres. ¿Y para qué ora él? Para que el Señor le
otorgue misericordia; porque quien ha sido misericordioso para con
otros recibirá misericordia del Señor para sí. De aquí se sigue
también, que, cuando el Señor nos recompensa, no es por nuestros
méritos o por alguna grandeza que haya en nosotros; sino que la
mejor y más valiosa recompensa que nos otorga es cuando nos
perdona, y demuestra ser, no un Juez severo, sino un Padre
bondadoso e indulgente.
CAPITULO II
1. Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo
Jesús.
2. Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a
hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.
3. Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo,
4. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a
fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.
5. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no
lucha legítimamente.
6. El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar
primero.
7. Considera lo que digo, y el Señor te dé
entendimiento en todo.
1. Esfuérzate en la gracia. Así como anteriormente le había
mandado guardar, por el Espíritu, aquello que le había
encomendado, así ahora Pablo en la misma forma le manda que "se
fortalezca en la gracia". Con esta expresión se propone sacudir la
pereza y la indiferencia; porque la carne es perezosa, de suerte
que aun aquellos que son dotados de grandes dones flojean en medio
de su carrera, si frecuentemente no les llamamos la atención.
Algunos dirán: "¿De qué sirve exhortar a un hombre para que se
esfuerce en la gracia, si él no está dispuesto a cooperar dentro
de su libre voluntad o albedrío?" Yo respondo que lo que Dios
demanda de nosotros por su Palabra, Él lo otorga también por su
Espíritu, de modo que somos fortalecidos en la gracia que Él mismo
nos ha dado. Y con todo, las exhortaciones no son superfluas,
porque el Espíritu de Dios, enseñándonos interiormente, hace que
no suenen infructuosas y sin propósito a nuestros oídos.
Quienquiera, pues, que reconozca que la presente exhortación no
podía haber sido fructífera sin el poder secreto del Espíritu,
jamás apoyará en ella el libre albedrío.
Que es en Cristo Jesús. Esto lo añade por dos razones: para
demostrar que la gracia viene sólo de Cristo y de ningún otro, y
que ningún cristiano será excluido de ella; porque, siendo que Él
es un Cristo para todos, se concluye que todos son participantes
de Su gracia, la cual se dice que es en Cristo, porque todos los
que pertenecen a Cristo deben tenerla.
Hijo mío. Esta clase de título que él emplea, tiende a ganar mucho
su afecto, para que la doctrina tenga entrada más efectiva en su
corazón.
2. Lo que has oído de mí. De nuevo demuestra cuan sinceramente
desea comunicar la sana doctrina a la posteridad; y exhorta a
Timoteo, no sólo a preservar su forma y característica (como
anteriormente hizo), sino también a entregarla a maestros piadosos
para que, difundiéndose ampliamente, pueda echar raíces en el
corazón de muchos; porque Pablo se dio cuenta de cuan rápidamente
desaparecería al no ser extendida por el ministerio de muchos. Y,
ciertamente, nosotros vemos lo que Satanás hizo, poco después de
la muerte de los apóstoles; porque, tal como si la doctrina
hubiera estado sepultada por muchos siglos, él introdujo muchas
fantasías, las cuales, por ser absurdas y monstruosas,
sobrepasaron a las supersticiones de todos los paganos. No
necesitamos asombrarnos, pues, si Pablo, a fin de defenderse
contra un mal de tal naturaleza y magnitud, ansiosamente deseaba
que sus doctrinas fuesen entregadas a todos los ministros piadosos
que fuesen idóneos para enseñarlas. O como si dijera: "Procura que
después de mi muerte quede un testimonio firme de mi doctrina; y
éste será, si tú no sólo enseñas fielmente lo que has aprendido de
mí, sino que tienes cuidado de que sea proclamado expresamente por
otros; por lo tanto, quienquiera que tú encuentres idóneo para
esta obra, entrega a su cuidado este tesoro".
Encarga a hombres fieles. Pablo los llama hombres fieles, no por
causa de su fe, la cual es común a todos los cristianos, sino por
su preeminencia, por ser poseedores de una gran medida de fe. Bien
pudiéramos traducirlo "hombres llenos de fe"; ("Fieles y dignos de
confianza".), porque hay pocos que sinceramente laboren para
preservar y perpetuar la memoria de la doctrina que se les ha
entregado. Algunos son impulsados por la ambición en diferentes
formas, algunos por la codicia, algunos por la malicia, y otros no
actúan por temor a los peligros; y por consiguiente, se exige aquí
una fidelidad extraordinaria.
Ante muchos testigos. ("Entre muchos testigos, o en
presencia de muchos testigos."). Pablo no dice que presentó
testigos de manera formal y directa ("Él no quiere decir que
citó testigos, como se acostumbra en los contratos u otros
actos solemnes".), en el caso de Timoteo; pero, como algunos
pudieron haber dudado de si aquello que Timoteo enseñaba procedía
de Pablo, o había sido forjado por el propio Timoteo, él despeja
toda duda mediante este argumento: que no habló secretamente en un
rincón, sino que había muchos que estaban vivos y que podían
testificar que Timoteo no hablaba otra cosa que ellos no hubieran
escuchado antes de la boca de Pablo. La doctrina de Timoteo
quedaría, pues, a salvo de toda sospecha, sabiendo que ellos
tenían muchos condiscípulos que podían dar testimonio de ello. De
aquí aprendemos cuan arduamente debe trabajar un siervo de Cristo
para sostener y defender la pureza de la doctrina, y no sólo
mientras vive, sino entretanto que su cuidado y su labor puedan
extenderla.
3. Tú, pues, sufre penalidades. No sin tener una imperiosa
necesidad añadió Pablo esta segunda exhortación; porque aquellos
que prestan su obediencia a Cristo deben estar preparados para
"sufrir penalidades"; así pues, sin la paciente resistencia de los
males, no habría perseverancia. Y por consiguiente, él añade:
"como buen soldado de Jesucristo". Con esto quiere decirnos que
todos los que sirven a Cristo son soldados, y que su condición
como soldados consiste, no en causar males, sino en tener
paciencia.
Éstos son asuntos en los cuales nos es necesario meditar muy
seriamente. ¡Cuántos hay que anteriormente daban grandes muestras
de valor, pero que ahora arrojan sus lanzas al suelo! ¿De qué
proviene esto? De que ellos no se acostumbran a la cruz. En primer
lugar son tan miedosos que temen pelear. Además, no conocen otro
modo de combatir que enfrentándose con arrogancia y ferocidad a
sus adversarios; y no quieren aceptar que "con paciencia ganarán
sus almas" (Le. 21:19).
4. Ninguno que milita. Pablo sigue haciendo uso de la metáfora que
había tomado de la guerra. No obstante, hablando estrictamente, él
antes llamó a Timoteo "un soldado de Jesucristo" en sentido
metafórico; mas ahora compara la guerra profana con el combate
espiritual cristiano en este sentido: "La condición de la
disciplina militar es tal, que tan pronto como un soldado se
alista bajo las órdenes de un general, deja su casa y todos sus
negocios, y no piensa en otra cosa sino en la guerra; y de igual
modo, a fin de que podamos estar completamente dedicados a Cristo,
debemos estar libres de todos los enredos de este mundo".
En los negocios de la vida. Por "negocios de la vida" ("Por tou
biou pragmateias se significa los negocios de la vida en general;
el plural se emplea en alusión a las distintas clases de
ocupaciones, como la agricultura, el comercio, la industria, etc.
Ahora bien, de acuerdo con la ley romana, los soldados quedaban
excluidos de todo esto. Véase Grocio." Bloomfield.) Pablo denota
el cuidado de la familia y las ocupaciones ordinarias; cuando los
campesinos dejan la agricultura, y los comerciantes sus negocios,
hasta que han completado el tiempo que acordaron servir en el
ejército. Nosotros debemos ahora aplicar la comparación al tema
actual: que todo aquel que desea combatir en el ejército de Cristo
debe renunciar a todos los impedimentos y a todas las ocupaciones
del mundo, y entregarse sin reserva al combate. En suma,
recordemos el antiguo proverbio Hoc age, ("Recordemos el antiguo
proverbio que los latinos usaban al ofrecer sus sacrificios: Hoc
age, es decir, "haz esto", o "piensa esto", "haz (o piensa) lo que
tienes a la mano"; lo cual significa que, cuando se trata de la
adoración a Dios, debemos dedicarnos a Él en tal forma como para
no poner nuestra atención ni nuestro corazón en ninguna otra
cosa.), que significa que, en el culto a Dios, debemos poner tal
seriedad y atención, que ninguna otra cosa ocupe nuestros
pensamientos y sentimientos. La antigua traducción dice: "Ninguno
que luche para Dios", etc. Pero ésta destruye completamente el
significado que Pablo le da.
Aquí, Pablo habla a los pastores de la Iglesia en la persona de
Timoteo. La afirmación es general, pero se adapta especialmente a
los ministros de la palabra. Primero, que ellos vean las cosas que
son incompatibles con su oficio, para que librados de ellas,
puedan seguir a Cristo. En seguida, que cada uno descubra por sí
mismo qué es lo que le aparta de Cristo; para que este Capitán
Celestial no tenga menos autoridad sobre nosotros que la que un
hombre mortal se dice que tiene sobre sus soldados que se han
alistado bajo su mando.
5. Y también el que lucha. Pablo habla ahora de la perseverancia,
para que nadie piense que ha hecho lo suficiente cuando se ha
comprometido en uno o dos conflictos. Él se vale de una
comparación tomada de los luchadores, ninguno de los cuales
obtiene el premio hasta haber alcanzado la victoria final. Así
dice Pablo: "¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a
la verdad corren, pero uno sólo se lleva el premio? Corred de tal
manera que lo obtengáis" (1 Cor. 9:24). Si alguno, pues, cansado
por el conflicto, inmediatamente se sale de la arena para
disfrutar de reposo, será condenado por indolencia en vez de ser
coronado. Como Cristo quiere que luchemos durante toda nuestra
vida, aquel que retrocede en medio de la carrera se priva de ese
honor, aunque haya comenzado a luchar valientemente. El luchar
legítimamente es proseguir la lid tal y como lo requieren los
reglamentos, para que ninguno deserte antes del tiempo designado.
6. El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar
primero. Sé muy bien que otros interpretan este pasaje en forma
diferente; ("Sé muy bien que otros traducen este pasaje en forma
diferente: el labrador trabajando (o que trabaja) debe primero
participar de los frutos"), y yo reconozco que ellos traducen,
palabra por palabra, lo que Pablo escribió en griego; pero aquel
que cuidadosamente observe el contexto estará de acuerdo con mi
punto de vista. Además, el empleo de kopionta, trabajando, en
lugar de kopian, trabajar, es un modismo griego bien conocido;
porque los escritores griegos frecuentemente usan el participio en
lugar del infinitivo. ("La metáfora agonística se convierte ahora
en una metáfora agrícola (tal como vemos en 1 Cor. 9:10 y Sant.
5:7). Sin embargo, el sentido dependerá de a lo que protón haya de
referirse. Está relacionada en la forma más natural con
metalambanem, y tal es la construcción adoptada por la generalidad
de los expositores, antiguos y modernos. Sin embargo, el sentido
que así resulta, involucra lo que es inconsistente con los hechos,
o (aun cuando se le ayude con la rigurosa elipsis de ina kopia,
«para que él sea capaz de trabajar») contiene aquí una verdad
discordante; y la aplicación espiritual de allí deducida es
forzada y fría. No es necesario, sin embargo, acudir a las
conjeturas. Sólo tenemos que suponer, lo que es común en sus
escritos, una transposición un tanto severa y (con muchos de los
mejores expositores) unir protón con kopionta, tal como requiere
el curso del argumento; la verdadera construcción sería así: dei
ton geogron protón kopionta tor karpon metalambanem, donde
kopionta es el participio imperfecto y el sentido literal es: «Es
necesario que el labrador trabaje primero, y entonces que goce de
los frutos (de su trabajo)»." Bloomfield.)
Entonces, el significado es que los labradores no recogen el fruto
mientras primero no hayan trabajado duro en el cultivo de la
tierra, sembrando y haciendo otros trabajos. Y si los labradores
no escatiman esfuerzos, para que un día puedan obtener fruto, y si
pacientemente esperan el tiempo de la siega, ¿cuánto más
irrazonable será para nosotros rehusar las tareas que Cristo nos
impone, cuando nos promete una recompensa tan grande?
7. Considera lo que digo. ("Entiende lo que digo, o considera lo
que digo."), Pablo añadió esto, no por razón de la oscuridad en
las comparaciones que él hizo, sino para que el propio Timoteo
pudiera reflexionar, que el combate bajo la dirección de Cristo,
es mucho más excelente, y la recompensa mucho más abundante;
porque, cuando lo hemos considerado continuamente, difícilmente
podemos llegar a su pleno conocimiento.
El Señor te dé entendimiento en todo. La oración que ahora sigue,
es añadida a manera de corrección. Y ya que nuestra mente no se
eleva fácilmente hacia esa "corona incorruptible" (1 Cor. 9:25) de
la vida venidera, ("De la vida eterna".)
Pablo recurre a Dios, para que "dé entendimiento a Timoteo". Y de
aquí inferimos, que si el Señor no abre nuestro entendimiento, en
vano somos enseñados, y en vano trataremos de poner en práctica
sus mandamientos si no nos da fortaleza para realizarlos. Porque,
¿quién pudo haber enseñado mejor que Pablo? Y sin embargo, para
poder enseñar con provecho, él ora para que Dios prepare a su
discípulo.
8. Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David,
resucitado de los muertos conforme a mi evangelio,
9. en el cual sufro penalidades, hasta prisiones a
modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa.
10. Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que
ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con
gloria eterna.
11. Palabra fiel es ésta: Si somos muertos con él, también
viviremos con él;
12. Si sufrimos, también reinaremos con él; si le negáremos,
él también nos negará.
13. Si fuéremos infieles, él permanece fiel; él no puede
negarse a sí mismo.
8. Acuérdate de Jesucristo, resucitado de los muertos,
Expresamente menciona una parte de su doctrina que él quería que
pasara a la posteridad íntegra e incorrupta. Es probable que Pablo
considere plenamente esa parte por la cual temía más, como también
se verá claramente por lo que sigue, cuando comienza a hablar del
error de "Himeneo y Fileto" (v. 17); porque ellos negaron la
resurrección, de la cual tenemos una promesa segura en esta
confesión, pero ellos falsamente afirmaron que ya se había
efectuado.
Cuan necesaria fue esta amonestación de Pablo, como lo demuestran
los-antiguos historiadores; porque Satanás desplegó todo su poder,
a fin de destruir este artículo de nuestra fe. Conteniendo éste
dos partes: que Cristo nació de "la simiente de David", y que se
levantó de los muertos, inmediatamente después de la época
apostólica se levantó Marción, que se esforzó para destruir la
verdad de la naturaleza humana de Cristo; y después le siguieron
los maniqueos; y aun en la actualidad, esta plaga todavía se está
extendiendo.
Por lo que toca a la resurrección, ¡cuántos se han esforzado
empleando diversos ardides para destruir la esperanza de ella!
Este testimonio, pues, significa tanto como si Pablo hubiera
dicho: "Que nadie corrompa o falsifique mi evangelio mediante
calumnias; yo así he enseñado y así he predicado: que Cristo,
quien nació de la simiente de David, se levantó de los muertos."
Conforme a mi evangelio. Lo llama "su evangelio", no porque él
profese ser autor, sino su ministro. Ahora bien, en la
resurrección de Cristo tenemos una prenda segura de nuestra propia
resurrección. Por consiguiente, aunque reconoce que Cristo ha
resucitado, afirma que !o mismo nos ocurrirá a nosotros, porque
Cristo no resucitó para sí, sino para nosotros. La cabeza no debe
ser separada de sus miembros. Además, en la resurrección de Cristo
está contenido el cumplimiento de nuestra redención y salvación;
porque se añade; de los muertos. Así pues, Cristo, que estaba
muerto, resucitó. ¿Por qué? ¿Y con qué fin? Aquí debemos
considerarnos a nosotros mismos, y aquí también se manifiesta el
poder y el fruto de ambas cosas, a saber, de su resurrección y de
su muerte; porque siempre debemos guiarnos por este principio: que
la Escritura no acostumbra a hablar de estas cosas fríamente, y
como asuntos históricos, sino que hace referencia indirecta al
fruto.
De la simiente de David. Esta cláusula no sólo asegura la realidad
de la naturaleza humana de Cristo, sino que reclama para Él el
honor y el nombre de Mesías. Los herejes niegan que Cristo haya
sido verdadero hombre; otros se imaginan que su naturaleza humana
descendió del cielo; y otros piensan que no había otra cosa en Él
sino la apariencia de un hombre. ("Que había en Él sólo la
apariencia de hombre, y no una naturaleza humana real.")
Pablo reclama lo contrario y dice que Él fue "de la simiente de
David"; por lo cual el Apóstol indudablemente declara que Cristo
fue un verdadero hombre, hijo de un ser humano, es decir, de
María. Este testimonio está tan claro, que cuanto más se esfuerzan
los herejes por deshacerse de él, más se dan cuenta de su
desfachatez. Los judíos y otros enemigos de Cristo niegan que Él
sea la persona de antemano prometida; pero Pablo afirma que Él es
el hijo de David, y que descendió de esa familia de la cual el
Mesías tenía que descender. ("Si queremos resultar victoriosos
sobre todas las tentaciones de Satanás, debemos tener una gran
constancia, y debemos creer que no es por casualidad que creemos
en Jesucristo, y que éste no es un asunto dudoso, sino que Él vino
a nosotros de parte de Dios para ser nuestro Redentor. Y por esta
razón Pablo señala aquí que Él es del linaje de David y de su
simiente; porque nosotros sabemos las promesas que están
contenidas en las Santas Escrituras, es decir, que el mundo entero
sería bendecido en la simiente de Abraham. Ahora bien, Dios
confirmó esto a David, demostrando que de él provendría el
Redentor, es decir, de la tribu de Judá, y de la casa de David.
Así que la razón por la cual Pablo reclama para Él este título es
que, teniendo las promesas que Dios había hecho anteriormente a
los padres, acerca de ese Redentor que nos ha sido dado, no
dudemos que tenemos que recibirlo con plena convicción, y que no
tenemos razón para dudar de si Él es, o no, el Mesías. ¿Por qué?
Él desciende de la casa de David; y, aunque en aquel tiempo
aquella casa no tenía dignidad real, con todo, aquel defecto no
podía menguar la gloria de nuestro Señor Jesucristo; mas por el
contrario, era idónea para confirmar más plenamente nuestra
convicción de que Él era quien debería ser enviado. ¿Y por qué? El
profeta Isaías no afirmó que Él nacería en un palacio, o que sería
criado en medio del esplendor y de la pompa; sino que dijo que
crecería como un pequeño vastago de la raíz de Jesé (Is 11:1);
como si afirmara que, aunque Jesucristo fue del linaje real, sin
embargo, sus padres fueron pobres, y no eran tenidos en cuenta por
el mundo, porque no tenían rango o grandeza." Fr. Ser.)
9. En el cual sufro penalidades. Ésta es una previsión, porque su
encarcelamiento menoscababa el crédito debido a su evangelio ante
los ojos de los ignorantes. Pablo, pues, reconoce que, según las
apariencias exteriores, fue encarcelado como un criminal; pero
añade, que su prisión no impedía que el Evangelio siguiera
libremente su curso; y no sólo eso, sino que lo que él sufre es
provechoso para los escogidos, porque tiende a confirmarlos. Tal
es el inconmovible valor de los mártires de Cristo, cuando la
conciencia de estar comprometidos en una causa noble los eleva por
encima del mundo; de modo que, desde una posición elevada, pueden
mirar con desprecio, no solamente los padecimientos y agonías
corporales, sino toda clase de desgracias.
Además, todas las personas piadosas deben fortalecerse a sí mismas
con esta consideración, cuando ellas vean que los ministros del
Evangelio son atacados y ultrajados por los adversarios: que no
por ese motivo tengan menos reverencia para la doctrina, sino que
den gloria a Dios, por cuyo poder ellos la ven abrirse paso a
través de todos los obstáculos del mundo. Y, ciertamente, si no
fuésemos excesivamente apegados a nuestra condición carnal, esta
sola consolación debería ser suficiente para nosotros en medio de
las persecuciones, ya que si somos oprimidos por la crueldad de
los perversos, el Evangelio, no obstante, se extiende y se difunde
más ampliamente; porque, pese a todo lo que quieran ellos tramar,
están muy lejos de obscurecer o extinguir la luz del Evangelio,
porque ésta arde con más fulgor. Soportemos, pues, valerosamente,
o al menos con paciencia; no importa que nuestro cuerpo sea
encarcelado y que nuestra reputación se vea afectada, con tal de
que la verdad de Dios irrumpa a través de esas cadenas, y se
extienda a todo el mundo.
10. Por tanto, todo lo soporto por amor a los escogidos. Por el
efecto Pablo demuestra que su encarcelamiento está muy lejos de
ser motivo de reproche, y que por el contrario es altamente
provechoso para los elegidos. Cuando afirma que soporta todo por
causa de los elegidos, ("Se podría responder que es superfino que
Pablo soportara todo «por causa de los elegidos». ¿No puede Dios
salvar sin la ayuda de los hombres a aquellos a quienes eligió y
adoptó antes de la creación del mundo? ¿Por qué, pues, Pablo dice
que todo lo soporta por causa de los elegidos? Ahora bien, es
cierto que Dios conducirá a su pueblo para que tome posesión de la
herencia que le ha preparado; sin embargo a Él le ha placido
utilizar los medios humanos. No es que Él tenga necesidad de lo
que nosotros poseemos, sino que nos confiere ese honor por su sola
e inmerecida bondad, y desea que seamos los instrumentos de su
poder. Así que Pablo no se ufana de que la salvación de los hijos
de Dios dependa de su constancia o de las aflicciones que él haya
tenido que soportar; sino que sólo quiere afirmar que Dios desea
guiar a su pueblo por medio de la Palabra, y que se vale de
aquellos hombres que Él ha escogido para ese fin, para realizar su
propia obra, y los hace instrumentos de poder mediante su Santo
Espíritu." Fr. Ser.), con eso demuestra que él se preocupa más por
la edificación de la Iglesia que por sí mismo; porque está
dispuesto, no sólo a morir, sino a ser considerado entre el número
de los perversos, con tal que pueda promover la salvación de la
Iglesia.
En este pasaje Pablo enseña la misma doctrina que en Colosenses
1:24, donde afirma que "cumple en su carne lo que falta de las
aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia". De aquí
se refuta ampliamente la desfachatez de los papistas, quienes
infieren de estas palabras que la muerte de Pablo fue una
satisfacción por nuestros pecados; como si él reclamara otra cosa
por su muerte, que no fuese la confirmación de la fe de los
piadosos; porque inmediatamente añade una explicación, afirmando
que la salvación de los creyentes se encuentra solamente en
Cristo. Mas si alguno de mis lectores desea ver una ilustración
más amplia sobre este tema, que consulte mi comentario, en el
capítulo que acabo de citar, de la Epístola a los Colosenses.
Con la gloria eterna. Éste es el fin de la salvación que obtenemos
en Cristo; porque nuestra salvación es vivir para Dios, porque
dicha salvación comienza con nuestra regeneración, y será
completada con nuestra perfecta liberación, cuando Dios nos quite
de las miserias de esta vida mortal, y nos recoja para su reino. A
esta salvación se añade la participación de lo celestial, es
decir, la gloria divina; y, por lo tanto, a fin de engrandecer la
gracia de Cristo, Pablo dio a la salvación el nombre de "gloria
eterna".
11. Palabra fiel es ésta. El apóstol hace una introducción al
sentimiento que está por expresar; porque nada es tan opuesto al
sentimiento de la carne, como el que tengamos que morir para
vivir, y que la muerte sea la entrada a la vida; porque podemos
colegir de otros pasajes, que Pablo acostumbra a hacer uso de
prefacios de esta naturaleza, en asuntos de gran importancia, o
difíciles de creer.
Si somos muertos con él, también viviremos con él. El significado
general es que no seremos partícipes de la vida y gloria de
Cristo, a menos que previamente hayamos sido humillados y muertos
con Él; así como dice que todos los elegidos fueron "predestinados
para ser hechos conforme a su imagen" (Rom. 8:29). Esto se dice
tanto para exhortar como para consolar a los creyentes. ¿Quién no
se anima con esta exhortación de que no debemos angustiarnos por
causa de nuestras aflicciones, las cuales tendrán un resultado tan
feliz? La misma consideración aminora y dulcifica todo lo que es
amargo en la cruz; porque ni los dolores, ni las torturas, ni los
reproches, ni la muerte deben causarnos horror, puesto que en
ellos somos copartícipes con Cristo; sobre todo, viendo que todas
estas cosas son como precursoras del triunfo.
Por su ejemplo, pues, Pablo anima a todos los creyentes a recibir
gozosamente, por el nombre de Cristo, aquellas aflicciones en las
cuales ellos han tenido ya un paladeo de la futura gloria. Si esto
sacude nuestra fe, y si la cruz tanto subyuga y ofusca nuestros
ojos, de modo que no percibamos a Cristo con ellos, acordémonos de
presentar este escudo: "Palabra fiel es ésta". Y ciertamente,
donde Cristo está presente, debemos reconocer que la vida y la
felicidad se encuentran allí. Debemos, pues, creer firmemente, y
grabar muy hondo dentro de nuestro corazón este compañerismo: que
no morimos separados, sino juntamente con Cristo, para que después
tengamos la vida en común con Él; que sufrimos con Él, para que
seamos partícipes de su gloria. Por muerte Pablo quiere decir toda
esa mortificación externa de que él habla en 2 Corintios 4:10. (El
lector hará bien en considerar el comentario del autor sobre ese
extraordinario pasaje. (N. del E.))
12. Si le negáremos, él también nos negará. Se añade una amenaza
igualmente, con el fin de sacudir la pereza; porque él amenaza a
aquellos que, por miedo a la persecución, se abstienen de confesar
Su nombre, y no tienen parte ni suerte con Cristo. ¡Cuan
irrazonable es que estimemos más la vida pasajera de este mundo
que el santo y bendito nombre del Hijo de Dios! ¿Y por qué debe Él
reconocer como suyos a los que traidoramente le rechazan?
Aquí la excusa de la debilidad no tiene ningún valor; ("Aquí nada
ganamos defendiéndonos a nosotros mismos y excusándonos por
nuestra debilidad".), porque si los hombres no se engañaran a sí
mismos con vanos halagos, resistirían constantemente, y serían
fortalecidos con la fortaleza y el valor del Espíritu. Su vil
negación de Cristo proviene, no únicamente de la debilidad, sino
de la incredulidad; porque, a causa de haber sido cegados por los
embelesos del mundo, ellos no pueden percibir esa vida que está en
el reino de Dios. Empero esta doctrina hay que meditarla más en
vez de explicarla; porque las palabras de Cristo son perfectamente
claras: "A cualquiera que me negare, yo también le negaré".
Corresponde a cada uno reflexionar por sí mismo, que éste no es un
miedo infantil, sino que el Juez seriamente declara cuál será la
realidad, a su debido tiempo.
13. Si fuéremos infieles, él permanece fiel. El significado es,
que nuestra vil deserción no quita nada al Hijo de Dios, ni afecta
a su gloria; porque, teniendo todas las cosas en sí mismo, Él no
tiene necesidad de nuestra confesión. Como si dijera: "Que quienes
quieran abandonen a Cristo, porque a Él nada se le quita; porque
cuando ellos perezcan, Él permanecerá inmutable".
Él no puede negarse a sí mismo. Ésta es una expresión todavía más
fuerte. "Cristo no es como nosotros, para desviarse de su verdad".
De aquí se hace evidente que todos los que niegan a Cristo serán
desconocidos por Él. Y así Pablo quita a los perversos apostatas
los halagos con que ellos se entretenían a sí mismos; porque,
teniendo el hábito de cambiar su colorido de acuerdo con las
circunstancias, ellos de buena gana se imaginan que Cristo, en la
misma forma, asume varias formas, y es susceptible de cambios; lo
cual Pablo afirma que es imposible. No obstante, al propio tiempo,
debemos creer firmemente lo que yo afirmé con toda claridad en un
pasaje anterior: que nuestra fe está fundada en la eterna e
inmutable verdad de Cristo, para que no se bambolee por la
inconstancia o apostasía de los hombres.
14. Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no
contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que
es para perdición de los oyentes.
15. Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como
obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra
de verdad.
16. Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más
y más a la impiedad.
17. Y su palabra carcomerá como gangrena; de los cuales son
Himeneo y Fileto,
18. que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya
se efectuó, y trastornan la fe de algunos.
14. Recuérdales esto. La expresión estas cosas (tanta), es
sobremanera enfática. Significa que el resumen del Evangelio que
él dio, y las exhortaciones que añadió, son de tanta importancia,
que un buen ministro jamás debe cansarse de proclamarlas; porque
son cosas que merecen ser tratadas continuamente, y cuya frecuente
repetición nunca será por demás. "Son cosas (dice él) que deseo
que vosotros enseñéis no una sola vez, sino que os esforcéis por
grabarlas en el corazón de los hombres mediante la repetición
frecuente". Un buen maestro no debe preocuparse por otra cosa que
la edificación, y poner toda su atención sólo en eso. ("Cuando
alguno viene al sermón, que no sea para escuchar algo que halague
o cause placer a sus oídos; sino para que progrese en el temor de
Dios, y en humildad, y para incitarlo a la oración, y confirmarlo
en la paciencia. Si boy hemos escuchado una exhortación y mañana
se nos repite, no pensemos que esto sea superfluo, ni nos sintamos
molestos por ello; porque toda persona que cuidadosamente examine
este tema encontrará que es sumamente necesario que se le recuerde
la lección que ha aprendido para que pueda ponerla en práctica. Si
Dios, por lo tanto, refresca nuestra memoria con ello, nos ha
hecho un gran favor. Esto es lo que tenemos que enfatizar en este
pasaje, cuando Pablo dice: «Recuérdales estas cosas». Porque
indudablemente él se propuso evitar lo que frecuentemente
encontraba, cuando decían: "Ya lo habíamos escuchado antes." ¿No
es ésta una observación muy común? ¿Dónde está el niñito que no la
sepa? Tales cosas son dichas por aquellos que quisieran ser
alimentados con cuestiones inútiles. Mas aquí el Espíritu Santo
desea que lo que es útil sea tenido presente cada día, porque no
lo hemos entendido suficientemente, y porque debemos ponerlo en
práctica." Fr. Ser.)
Por el contrario, Pablo le manda, no sólo que se abstenga de
cuestiones inútiles, sino que prohíba a otros que las sigan.
Exhortándoles a que no contiendan sobre palabras. Logomaxein
significa ocuparse formalmente en disputas contenciosas, las
cuales comúnmente se producen por un tonto deseo de ser
ingeniosos. La frase exhortándoles delante del Señor, es con el
fin de infundir terror; ("Se propone infundir terror en aquellos
que desearían actuar diferentemente".), y de esta severidad
aprendemos cuan peligroso para la Iglesia es ese conocimiento que
conduce a las discusiones, es decir, que hace caso omiso de la
piedad, y busca la ostentación. De esta naturaleza es toda esa
teología especulativa, como se le llama, y que se encuentra entre
los papistas.
Para nada aprovecha. Por dos motivos, la logomaxia, o "contender
acerca de palabras", es condenada por Pablo. No es de provecho, y
es excesivamente perjudicial, porque perturba las mentes débiles.
Aunque en la versión he seguido a Erasmo, porque no estaba en
desacuerdo con el significado de Pablo, sin embargo, deseo
informar a mis lectores de que las palabras de Pablo pueden
explicarse de esta forma: "Lo que no sirve para nada"- Las
palabras griegas son: eis ouden xresimon, y yo leo xresimon en el
caso acusativo, y no en el nominativo. El estilo fluirá así en
forma más agradable; como si dijera: "¿De qué sirve eso, si nada
bueno resulta de ello, pero sí mucho malo? Porque la fe de muchos
se trastorna".
Observemos primero que, cuando una forma de enseñanza no hace
bien, por esa sencilla razón hay que desecharla justamente; porque
Dios no desea gratificar nuestra curiosidad, sino instruirnos en
una forma útil. ¡Hagamos, pues, a un lado todas las especulaciones
que no edifican!
Mas lo segundo es peor todavía, cuando surgen las disputas, las
cuales no sólo no aprovechan, sino que tienden a trastornar a los
oyentes. Yo quisiera que esto lo tuvieran en cuenta aquellos que
siempre andan armados para pelear con la lengua, y que, en toda
disputa, buscan motivos para tener altercados, y que llegan hasta
el grado de poner trampas en torno a cada palabra y sílaba. Mas
son llevados en dirección errónea por la ambición, y algunas veces
por una enfermedad casi fatal; la cual he visto en algunos. Lo que
el Apóstol afirma acerca de trastornar se demuestra cada día, por
la observación actual, que es absolutamente cierto; porque es
natural que en medio de las disputas, se pierda de vista la
verdad; y Satanás se aprovecha de las reyertas como un pretexto
para perturbar a los débiles, o para trastornar su fe.
15. Procura con diligencia presentarte a. Dios aprobado. Ya que
todas las disputas acerca de la doctrina provienen de esta fuente,
que los hombres están deseosos de presumir de ingeniosidad ante el
mundo, Pablo aplica aquí el mejor y más excelente remedio, cuando
ordena a Timoteo que mantenga enfocada su vista en Dios; como si
dijera: "Algunos buscan el aplauso de una gran asamblea, pero tú
estudia para presentarte aprobado ante Dios con tu ministerio". Y
ciertamente nada hay que tienda tanto a refrenar un tonto deseo de
exhibición, como el reflexionar que tenemos que tratar con Dios.
Como obrero que no tiene de qué avergonzarse. Erasmo traduce
anepaisxunton por "que no debe avergonzarse". Yo no hallo defecto
en esta interpretación, pero prefiero explicarla activamente: "que
no se avergüenza"; primero, porque éste es el significado más
común de la palabra tal como la usaban los escritores griegos; y
segundo, porque yo considero que está más de acuerdo con el pasaje
actual. Existe un contraste implícito. Aquellos que perturban la
Iglesia mediante disputas, llegan a esa violencia porque tienen
vergüenza de ser vencidos, y porque toman como deshonra el ser
algo que ellos no conocen. Pablo, por el contrario, les manda que
apelen al juicio de Dios.
Y primero, manda que no sean disputantes perezosos, sino obreros
activos. Con este término reprueba indirectamente la simpleza de
aquellos que tan grandemente se atormentan a sí mismos no haciendo
nada. Seamos, pues, "obreros" edificadores de la Iglesia, y
ocupémonos en la obra de Dios en tal forma que se vean algunos
frutos. Entonces no tendremos motivo para avergonzarnos; porque
aunque en el debatir no seamos iguales a los fanfarrones locuaces,
sin embargo, nos bastará que les sobresalgamos en el deseo de
edificación y de laboriosidad, en valor, y en la suficiencia de
doctrina. En suma, él manda a Timoteo que labore diligentemente,
para que no se avergüence delante de Dios; ya que los hombres
ambiciosos temen sólo esta clase de vergüenza: no perder nada de
su reputación en cuanto a exactitud y profundo conocimiento.
Que usa bien la palabra de verdad. Ésta es una bella metáfora que
expresa hábilmente el propósito primordial de la enseñanza.
"Puesto que debemos estar satisfechos con la sola Palabra de Dios,
¿qué objeto tiene predicar sermones todos los días y aun
desempeñar el oficio de pastor? ¿No tienen todos la oportunidad de
leer la Biblia? ("Encontraremos fanáticos que piensan que se
pierde el tiempo viniendo a la iglesia para recibir instrucción.
«¿No está la doctrina de Dios contenida totalmente en la Biblia?
¿Qué más podrá añadírsele? Es como tenerlos como niñitos (dirán
ellos) para que vengan aquí y aprendan; pero los adultos pueden
eximirse de ello. ¿Por qué tiene que haber toda esta predicación?
Hay sólo dos puntos importantes en la Escritura: que amemos a Dios
y a nuestro prójimo.» No hemos escuchado esto únicamente de parte
de aquellos que vienen a relatarlo; sino que los más distinguidos
sabios de entre aquellos que proferían estas blasfemias nos las
han declarado personalmente. Yo podría nombrar el día cuando se
dijeron, y las casas, y la hora, y las personas que estaban
presentes y la forma en que aquellos hombres perversos arrojaron
su veneno y sus maldades contra Dios, para derrocar y destruir la
religión, si fuese posible; eso es demasiado bien conocido. En
cambio, Pablo nos demuestra aquí, que si solamente tenemos las
Santas Escrituras, no es suficiente que cada uno de nosotros las
lea en privado, sino que las doctrinas sacadas de allí nos deben
ser predicadas a fin de que estemos bien informados." Fr. Ser.)
Mas Pablo señala a los maestros el deber de dividir o cortar, como
si un padre, al dar alimento a sus hijos, estuviese dividiendo o
partiendo el pan en pequeños pedazos.
Pablo aconseja a Timoteo que "divida bien", no sea que, cortando
la superficie, como lo hacen las personas inexpertas, deje el
meollo y la médula sin tocar. Sin embargo, por este término yo
entiendo generalmente una porción de la Palabra que sea juiciosa,
y que sea conveniente para el provecho de los oyentes. Algunos la
mutilan, otros la rompen, otros la torturan, otros la parten en
pedazos, otros, quedándose en la superficie (como hemos dicho),
jamás penetran hasta la médula de la doctrina. A todas estas
faltas, contrapone "el dividir bien", es decir, la forma de
explicar que se adapte para la edificación; porque ésa es la norma
por la cual debemos regular toda interpretación de la Escritura.
16. Mas evita, profanas y vanas palabrerías. Mi opinión en cuanto
a la importancia de estas palabras ha sido expresada en mi
comentario al último capítulo de la Primera Epístola a Timoteo; y
mis lectores la encontrarán allí.
Porque conducirán más y más a la impiedad. Para que pueda más
efectivamente disuadir a Timoteo de esa profana y ruidosa
palabrería, Pablo afirma que es cierta clase de laberinto, o más
bien una espesa vorágine, de la cual no pueden salir, sino que por
el contrario se hunden más y más.
17. Y su palabra carcomerá como gangrena. Me ha dicho el médico
Benedicto Textor, que este pasaje fue mal traducido por Erasmo,
quien, de dos enfermedades completamente diferentes, ha hecho una
sola; porque en lugar de "gangrena" él ha empleado la palabra
"cáncer". Ahora bien, Galeno, en muchos de sus escritos, y
especialmente donde establece las definiciones en su pequeña obra
"Las Inflamaciones Anormales", claramente distingue la una de la
otra. Pablo Egineto, basándose también en la autoridad de Galeno,
en el volumen sexto de su obra define el cáncer como "una
inflamación desigual, con las extremidades hinchadas, asqueroso a
la vista, color plomizo, y sin dolor". En seguida, enumera dos
clases, como lo hacen otros médicos; porque afirma que algunos
"cánceres" están ocultos y no tienen úlcera externa; mientras que
otros, en los cuales hay una preponderancia de la bilis negra de
donde se originan, son ulcerosos.
Por otra parte, acerca de la "gangrena", Galeno, tanto en la
pequeña obra citada, como en su segundo libro a Glauco, y Etio en
su decimocuarto libro, y el propio Egineto en su cuarto libro,
hablan del efecto siguiente: que la gangrena procede de las
grandes inflamaciones flegmosas, si éstas atacan violentamente a
cualquier miembro, de modo que la parte que está desprovista de
calor y energía vital tiende a la destrucción. Si esa parte queda
completamente muerta, los escritores griegos la llaman esfakelos,
los latinos sideratio, y la gente común la llama fuego de san
Antonio.
Yo encuentro, ciertamente, que Cornelio Celso hace la distinción
en esta forma: el "cáncer" es el género y la "gangrena" la
especie; empero su error es claramente refutado en numerosos
pasajes en las obras de las grandes autoridades médicas. Es
posible también, que él se haya desviado por la similitud entre
las palabras latinas "cáncer" y "gangrena". Pero en las palabras
griegas no puede haber un error de esa naturaleza, porque kannos
es el nombre que corresponde al vocablo latino "cáncer", y
describe tanto al animal que llamamos cangrejo como a la
enfermedad; mientras que los filólogos piensan que gangraina se
deriva de apotongrainen que significa "comer". Debemos, pues,
optar por la palabra "gangrena", la cual Pablo emplea, y que está
más de acuerdo con lo que él afirma de "comer" o "consumir".
Hemos explicado ya la embriología del vocablo; empero todos los
médicos declaran que la naturaleza de la enfermedad es tal, que si
no se le ataca rápidamente, se extiende a las partes cercanas, y
penetra aun hasta los huesos, y no deja de consumir, hasta que
haya matado a la persona. Puesto que la "gangrena" trae como
resultado inmediato la necrosis, la cual rápidamente afecta a
todos los miembros hasta terminar en la total destrucción del
cuerpo; a este contagio mortal Pablo elegantemente compara las
falsas doctrinas; porque si una vez les damos entrada, se
extienden hasta haber terminado la destrucción de la Iglesia.
Siendo destructivo el contagio, debemos encararlo a tiempo, y no
esperar a que haya cobrado ímpetu por el progreso; porque entonces
será demasiado tarde para atajarlo y poder ayudar. La espantosa
extinción del Evangelio entre los papistas surgió de esta causa:
que por la ignorancia o pereza de los pastores, las corrupciones
prevalecieron por mucho tiempo sin ser frenadas, y como
consecuencia la pureza de la doctrina gradualmente se perdió.
De los cuales son Himeneo y Fileto. Señala con el dedo estas
plagas, para que todos estén prevenidos contra ellas; porque, si
permitimos que aquellas personas que procuran la ruina de la
Iglesia permanezcan ocultas, entonces, hasta cierto punto,
nosotros les concedemos el poder para perjudicarnos. Es cierto que
debemos cubrir las faltas de los hermanos, pero solamente aquellas
faltas cuyo contagio no se extienda ampliamente. Mas donde exista
peligro para muchos, nuestro disimulo será cruel, si no
desenmascaramos a su debido tiempo el mal oculto. ¿Y por qué? ¿Es
correcto que por salvar a un individuo, cien o mil personas vayan
a perecer por nuestro silencio? Además, Pablo no se propuso
comunicar esta verdad únicamente a Timoteo, sino que quiso
proclamar a todas las épocas y a todas las naciones la perversidad
de estos dos hombres, a fin de cerrar la puerta contra su doctrina
vil y desastrosa.
18. Que si desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya
se efectuó. Después de explicar que ellos se desviaron de "la
verdad", Pablo especifica su error, que consistía en esto: que
divulgaron que "la resurrección ya se había efectuado". Al hacer
esto, ellos indudablemente inventaron cierta clase de resurrección
alegórica, la cual también han inventado en esta época algunos
hombres repulsivos. Mediante esta artimaña Satanás echa por tierra
ese artículo fundamental de nuestra fe tocante a la resurrección
de la carne. Siendo esta treta sólo una cosa de la imaginación sin
valor alguno, y siendo además tan severamente condenada por Pablo,
no debe inquietarnos en forma alguna. Porque cuando sabemos que,
desde el principio del Evangelio, la fe de algunos fue
trastornada, ello debe incitarnos a actuar con prontitud, para que
podamos oportunamente arrojar de nosotros y de otros una plaga tan
perjudicial; pues debido a la fuerte inclinación que los hombres
sienten hacia la vanidad, no habrá cosa tan absurda ni tan
monstruosa como el que algunos presten oído a este engaño.
19. Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello:
Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo
aquel que invoca el nombre de Cristo.
20. Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y
de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos
honrosos, y otros para usos viles.
21. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento
para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda
buena obra.
19. Pero el fundamento de Dios está firme. Nosotros sabemos muy
bien, por la experiencia, cuánto escándalo se produce por la
apostasía de aquellos que en una ocasión profesaron la misma fe
que nosotros. Éste es especialmente el caso con aquellos que eran
ampliamente conocidos, y que tenían una reputación más brillante
que los demás; porque si alguno del pueblo común apostatase, no
nos sentiríamos profundamente afectados. Mas aquellos que ante la
opinión ordinaria de los hombres tenían un rango distinguido,
habiéndoseles considerado anteriormente como pilares, no pueden
caer en esta forma sin arrastrar a otros a la misma ruina con
ellos; si es que su fe no está firmemente sostenida. Éste es el
tema que Pablo trata ahora; porque él declara que no hay razón
para que los creyentes se desanimen, aunque vean caer a aquellos a
quienes consideraban como los más fuertes.
Pablo se vale de esta consolación, para que la ligereza o perfidia
de los hombres no pueda impedir a Dios el preservar a su Iglesia
hasta el fin. Y primero nos recuerda la elección divina, a la cual
él metafóricamente llama fundamento, expresando con esto su firme
y duradera constancia. Sin embargo todo esto tiende a probar la
certeza de nuestra salvación, si somos de los elegidos de Dios. Y
es como si afirmara: "Los elegidos no dependen de los eventos
cambiantes, sino que descansan sobre un sólido e inamovible
fundamento; porque su salvación está en las manos de Dios". Porque
así como "toda planta que el Padre Celestial no ha plantado, será
desarraigada" (Mt. 15:13), así una raíz que ha sido fijada por Su
mano, no está expuesta al peligro de ser arrancada por los vientos
o las tempestades.
Ante todo, pues, sostengamos este principio: que en medio de tan
grande debilidad de nuestra carne, los elegidos están a pesar de
todo fuera del alcance del peligro, porque ellos no se sostienen
por su propia fuerza, sino que están fundados en Dios. Y si los
fundamentos colocados por la mano del hombre tienen tanta firmeza,
¿cuánto más sólido será ese fundamento que Dios mismo ha colocado?
Yo sé que algunos dicen que esto se refiere a la doctrina: "Que
nadie juzgue esta verdad basándose en la firmeza de los hombres";
pero fácilmente puede inferirse del contexto, que Pablo habla de
la Iglesia de Dios, o de los elegidos.
Teniendo este sello. La palabra signaculum (que denota "un sello"
o la "impresión de un sello"), aunque muchos erróneamente han
pensado que significaba una marca o una impresión, yo la he
traducido sigillu (un sello), lo cual es menos ambiguo. Y,
ciertamente, Pablo quiere decir que bajo la secreta protección de
Dios, como un sello, está contenida la salvación de los elegidos,
así como testifica la Escritura que ellos están "escritos en el
libro de la vida" (Sal. 69:28; Fu. 4:3).
Conoce el Señor a los que son suyos. Esta cláusula, junto con la
palabra sello, nos recuerda que no debemos juzgar según nuestra
propia opinión si el número de los elegidos es grande o pequeño;
porque lo que Dios ha sellado, Él desea que esté oculto para
nosotros en alguna forma. Además, si es prerrogativa de Dios el
conocer quiénes son suyos, no tenemos que extrañarnos si un gran
número de ellos son frecuentemente desconocidos para nosotros, o
si aun llegamos a equivocarnos al hacer la selección.
Sin embargo, debemos siempre observar por qué y con qué objeto
hace Pablo mención de un sello; es decir, cuando vemos tales
casos, recordemos instantáneamente lo que nos enseña el apóstol
Juan, que "los que salieron de entre nosotros no eran de nosotros"
(1 Jn. 2:19). De aquí surge una doble ventaja. Primero, nuestra fe
no se estremecerá como si dependiera de los hombres; ni tampoco
desmayaremos, como ocurre frecuentemente, cuando pasen cosas
inesperadas. Segundo, estando convencidos de que la Iglesia a
pesar de todo está segura, soportaremos más pacientemente que los
réprobos huyan a su propia suerte, para la cual han sido
designados; porque permanecerá sólo el número completo, con el que
Dios está satisfecho. Por consiguiente, siempre que ocurra un
cambio rápido entre los hombres, contrario a nuestra opinión y
expectación, recordemos inmediatamente que "el Señor conoce a los
suyos".
Y apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.
Como Pablo se enfrentó anteriormente al escándalo diciendo: "Que
no produzca una excesiva alarma en los creyentes la rebeldía de
algunos"; así ahora, señalando este ejemplo de los hipócritas, él
demuestra que no debemos jugar con Dios, haciendo una profesión
fingida de cristianismo. Como si dijera: "Puesto que Dios castiga
a los hipócritas desenmascarando su perversidad, aprendamos a
temerle con una sincera conciencia, no sea que lo mismo nos
acontezca a nosotros. Quienquiera, pues, que invoca a Dios, es
decir, que profesa ser y desea ser reconocido como uno del pueblo
de Dios, que se mantenga a distancia de toda iniquidad". ("No nos
inquietemos, pues, por todos los escándalos que puedan surgir. Y
no obstante aprendamos a andar en temor, no abusando de la bondad
de nuestro Dios; sino sabiendo que, ya que Él nos ha separado del
resto del mundo, debemos vivir como estando en su casa, y como
miembros de su familia, en igual forma como Él nos ha dado la
señal externa del bautismo, para que también podamos tener la
rúbrica de su Santo Espíritu; porque Él es «las arras de nuestra
elección», como dice Pablo, Él es la prenda que tenemos de que
somos llamados a nuestra herencia celestial. Oremos, pues, a Dios
para que rubrique y selle en nuestro corazón su gratuita elección
por su Santo Espíritu, y, al propio tiempo, para que nos mantenga
sellados y aprisionados bajo la sombra de sus alas; y si los
pobres réprobos se desvían y se pierden, y si el diablo los
arrastra, y si no se levantan cuando caen, mas son echados fuera y
arruinados, nosotros, por nuestra parte, oremos a Dios para que
nos guarde bajo su protección, para que sepamos lo que es obedecer
su voluntad, y ser sostenidos por Él. Aunque el mundo se esfuerce
por sacudirnos, descansemos en este fundamento: que el Señor
conoce a los suyos; y que jamás nos saquen de aquí, mas
perseveremos y aprovechemos más y más, hasta que Dios nos saque de
esta condición presente hacia su reino, el cual no está expuesto a
cambios." Fr. Ser.)
Porque "invocar el nombre de Cristo" significa aquí gloriarse en
el título honorable de Cristo, y ufanarse de pertenecer a su
redil; en la misma forma que "la mujer llevando el nombre de un
hombre" (Is. 4:1), significa que la mujer es considerada como su
legítima esposa; y que "el nombre de Jacob sea llevado" por toda
su posteridad (Gn. 48:16), significa que el nombre de la familia
será mantenido en sucesión ininterrumpida, porque la raza
desciende de Jacob.
20. En una casa grande. Ahora va más allá, y demuestra por
comparación que, cuando vemos a alguno que por algún tiempo
demostraba gran piedad y celo, y que después cayó vergonzosamente,
lejos de inquietarnos por eso, más bien debemos reconocer que este
proceder es correcto y adaptado a la providencia de Dios. ¿Quién
encontrará defectos en una casa grande, donde abundan toda clase
de muebles, y donde en efecto existen, no sólo aquellos objetos
adecuados para lucirse, sino también aquellos dedicados a usos
menores? Esta variedad es aun ornamental, porque, mientras que el
aparador y la mesa relumbran con oro y plata, la cocina está
amueblada con vasijas de madera y ollas de barro. ¿Por qué, pues,
debemos extrañarnos si Dios, Cabeza de la familia, tan rico y tan
abundante en todo, tiene en el mundo, como en una casa grande,
varias clases de hombres, y tantas clases de mobiliarios?
Los comentaristas, sin embargo, no están de acuerdo acerca de si
"la casa grande" significa sólo la Iglesia, o todo el mundo. Y,
ciertamente, el contexto más bien nos conduce a creer que se trata
de la Iglesia; porque Pablo ahora no está razonando acerca de los
extraños, sino de la propia familia de Dios. Sin embargo, lo que
dice es cierto generalmente, y en otro pasaje el mismo Apóstol lo
extiende a todo el mundo; es decir, en Romanos 9:21, donde incluye
a todos los réprobos bajo el mismo término que se usa aquí. No
necesitamos, pues, discutir mucho si alguien lo aplica
sencillamente al mundo. Con todo, no puede haber duda de que el
objeto de Pablo es demostrar que no debemos tener como algo
extraño que los hombres malos estén mezclados con los buenos, lo
cual acontece principalmente en la Iglesia.
21. Así que, si alguno se limpia de estas cosas. Si los réprobos
son "vasos para deshonra", ellos tienen esa deshonra confinada
dentro de sí mismos; pero no desfiguran la casa, ni traen ninguna
desgracia al jefe de la familia, el cual, mientras que posee una
variedad de objetos en su mobiliario, designa cada vasija para su
uso pertinente. Mas aprendamos, por su ejemplo, un uso más digno y
mejor; porque en los réprobos, cual espejo, percibimos cuan
detestable es la condición del hombre, si éste no promueve
sinceramente la gloria de Dios. Tales ejemplos, pues, nos
proporcionan un buen motivo para la exhortación a dedicarnos a una
vida santa y sin mácula.
Hay muchos que hacen mal uso de este pasaje para probar que la
salvación no depende de Dios, "que tiene misericordia" (Rom.
9:16), sino de "aquel que corre y quiere". Esto es excesivamente
frívolo; porque Pablo no discute aquí acerca de la elección de los
nombres, a fin de demostrar cuál es la causa de dicha elección,
tal como lo hace en el capítulo nueve de la Carta a los Romanos;
mas únicamente enseña que somos diferentes de los hombres
perversos, quienes, según entendemos, han nacido para la
perdición. En consecuencia, es una tontería inferir de estas
palabras si está, o no, dentro de la capacidad del mismo individuo
colocarse dentro del número de los hijos de Dios, y ser el autor
de su propia adopción. Éste no es el problema actual. Que esta
leve advertencia sea suficiente para aquellos que afirman que un
individuo puede predestinarse a sí mismo; como si Pablo ordenara a
los hombres hacer lo que tuvieron que haber hecho antes de nacer,
y aun antes de que fuesen colocados los fundamentos del mundo.
Otros, que infieren de estas palabras que el libre albedrío es
suficiente para preparar a un hombre, para que sea idóneo y esté
calificado para obedecer a Dios, a primera vista no parece ser tan
absurdo como los anteriores; sin embargo, no hay consistencia en
lo que ellos proponen. El Apóstol manda que los hombres que deseen
consagrarse al Señor se limpien de toda contaminación de los
hombres perversos; y a través de todas las Escrituras Dios da el
mismo mandamiento; porque no encontramos aquí nada sino lo que
hemos visto en muchos pasajes de los escritos de Pablo, y
especialmente en la Segunda Epístola a los Corintios: "Salid de en
medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo
inmundo". Evidentemente, nosotros somos llamados a la santidad.
Empero la cuestión del llamamiento y el deber de los cristianos es
totalmente diferente de la cuestión acerca de su poder o
habilidad. No negamos que se exige a los creyentes que se
purifiquen; mas en otra parte el Señor declara que éste es deber
de ellos, mientras que, al propio tiempo, Él promete por medio de
Ezequiel que enviará "aguas limpias para que se purifiquen" (Ez.
36:25). Por lo tanto, debemos suplicar al Señor que nos limpie, en
lugar de tratar vanamente de hacerlo nosotros mismos en nuestra
propia fortaleza y sin Su ayuda.
Un instrumento santificado para honra significa un objeto puesto
aparte para usos honorables y excelentes. De igual manera, lo que
es útil para el jefe de la familia es puesto para aquello que se
aplica a fines satisfactorios. Después Pablo explica la metáfora,
cuando agrega que debemos estar preparados para toda buena obra.
Desechemos el descabellado lenguaje de los fanáticos: "Yo
contribuiré a la gloria de Dios como lo hizo Faraón; pues, ¿no es
todo la misma cosa, con tal que Dios sea glorificado?" Porque aquí
Dios afirma explícitamente en qué forma desea Él que le sirvamos,
es decir, viviendo una vida piadosa y santa.
22. Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia,
la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al
Señor.
23. Pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que
engendran contiendas.
24. Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino
amable para con todos, apto para enseñar, sufrido;
25. que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá
Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad,
26. y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a
voluntad de él.
22. Huye también de las pasiones juveniles. Ésta es una inferencia
de lo que antecede; porque, después de mencionar las cuestiones
necias, y movido por esta circunstancia a censurar a Himeneo y
Fileto, cuya ambición y vana curiosidad les habían apartado de la
fe verdadera, Pablo de nuevo exhorta a Timoteo para que se
mantenga a distancia de esa plaga tan peligrosa. Y con este fin le
aconseja evitar las "pasiones juveniles". Con este término no
quiere decir propensión a la inmoralidad, o al libertinaje, o a la
lujuria, a lo cual muchos jóvenes se entregan, sino a todas las
pasiones impetuosas a las que se inclina el excesivo ardor juvenil
de esa edad. Si surge algún debate, los jóvenes se excitan con más
facilidad, se irritan más fácilmente, se equivocan más
frecuentemente por falta de experiencia, y se precipitan hacia
adelante con mayor confianza y temeridad, que los hombres de mayor
edad. Con buena razón, pues, Pablo aconseja a Timoteo para que,
como joven, esté en guardia continua contra los ímpetus de la
juventud, que en otra forma le conducirían a inútiles disputas.
Sigue la justicia. Él recomienda los sentimientos opuestos, para
que frenen su mente y no estalle en excesos juveniles; como si
dijera: "Estas son las cosas a las cuales tú debes prestar toda tu
atención y todo tu esfuerzo." Y primero él menciona la justicia,
es decir, la forma piadosa de vivir; y después añade fe y amor, en
lo cual consiste principalmente dicha forma. La paz está
íntimamente relacionada con el tema presente; porque aquellos que
se complacen en las cuestiones que Pablo prohíbe tienen que ser
contenciosos y amantes de los debates.
Con todos los que invocan al Señor. Aquí, por medio de una figura
de lenguaje, en la cual una parte es tomada por el todo, "invocar
a Dios" es tomado generalmente por adoración; si es que no se
prefiere el término profesión. Empero ésta es la parte principal
de la adoración a Dios, y por esa razón "invocar a Dios" significa
frecuentemente el todo de la religión o del culto a Dios. Mas
cuando Pablo le manda "seguir la paz con todos los que invocan al
Señor", es dudoso si, por un? parte, le presenta a todos los
creyentes como un ejemplo, como si dijera que Timoteo debe seguir
esto en común con todos los verdaderos adoradores de Dios, o si,
por otra parte, le ordena que cultive la paz con ellos. Este
último significado parece ser el más adecuado.
23. Pero desecha las cuestiones necias e insensatas. Pablo las
llama necias, porque no son instructivas; es decir, no contribuyen
en nada a la piedad, no importa la sutileza que puedan tener.
Cuando somos entendidos en forma provechosa, únicamente entonces
somos entendidos verdaderamente- Esto debe observarse
cuidadosamente; porque vemos cuan tonta admiración siente el mundo
hacia las fruslerías y bagatelas, y cuan ansiosamente corre tras
ellas. Para que la ambición de agradar no nos apremie a buscar el
favor de los hombres mediante tal ostentación, recordemos siempre
este extraordinario testimonio de Pablo: que las cuestiones que
son tenidas en alta estimación son, sin embargo, tontas, porque no
son provechosas.
Sabiendo que engendran contiendas. En seguida él declara el mal
que comúnmente producen. Y aquí Pablo no dice otra cosa sino lo
que experimentemos cada día: que ellas dan ocasión a reyertas y
debates. Y sin embargo, la mayor parte de los hombres, después de
haber recibido tanta instrucción, no se aprovechan de ella.
24. Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso. El
argumento de Pablo es con este objeto: "El siervo de Dios debe
mantenerse a distancia de las contiendas; y como las cuestiones
necias son contiendas, por lo tanto, cualquiera que aspire a ser
un siervo de Dios y ser tenido como tal, debe esquivarlas." Y si
las cuestiones superfluas deben evitarse por el simple motivo de
que es impropio para un siervo de Dios pelear, cuan descaradamente
actúan los que tienen la notoria desfachatez de reclamar aplausos
por originar incesantes controversias. Que salga ahora la teología
de los papistas; ¿qué otra cosa se encontrará en ella sino el arte
de disputar y combatir? Cuanto más haya uno progresado en ella,
tanto menos capacitado estará para servir a Cristo.
Amable para con todos. ("Cuando Pablo dice que debemos ser
«amables para con todos», enseña que debemos ser complacientes y
afables en recibir a todos los que vienen para ser instruidos en
el Evangelio; porque si no les damos acceso, es como cerrarles la
puerta en su cara, para que nunca vuelva a estar a su alcance el
acercarse a Dios. Debemos, pues, tener esa suavidad humana en
nuestro carácter, para que estemos dispuestos a recibir a todos
los que deseen aprender de nosotros. Y, por consiguiente, añade
que debemos ser «aptos para enseñar»; porque es como si dijera que
esas cosas están relacionadas la una con la otra, la amabilidad y
la destreza para enseñar. La razón es, que si un hombre es áspero
e inaccesible, será imposible que nosotros podamos recibir
instrucción de él. Quien quiera ser un buen maestro debe
conducirse con cortesía, y debe tener un método de atraerse a los
que acuden a él, de modo que se gane su afecto; y eso no puede
ser, a menos que tenga esa «amabilidad» de que Pablo habla. Vemos
pues, cómo se propuso él confirmar lo que había declarado
brevemente: que un individuo que es pendenciero, y adicto a
disputas y contiendas, no es siervo de Dios en ningún grado. ¿Y
por qué? ¿No debemos como siervos de Dios, laborar para ganar a
los pobres ignorantes? Y eso no puede ser a menos que seamos
amables, a menos que pacientemente escuchemos lo que ellos dicen,
a menos que soportemos sus debilidades, hasta que poco a poco
ellos sean edificados. Si no tenemos eso, es como despreciarlos."
Fr. Ser.)
Cuando Pablo ordena que el siervo de Cristo sea "amable", exige
una virtud opuesta a la plaga de la reyerta. Con el mismo objeto
viene lo que sigue inmediatamente, que Timoteo sea didaktikoos,
"apto para enseñar". No habrá lugar para la enseñanza, si no
tenemos moderación y control en nuestro temperamento. ¿A qué
límites llegará un maestro cuando se enciende en cólera para
pelear? Cuanto más apto sea un hombre para enseñar, más seriamente
se mantendrá alejado de las disputas y contiendas.
Sufrido. ("Soportando pacientemente a los malos.") La importunidad
de algunos hombres puede producir algunas veces irritabilidad o
cansancio; y por esa razón Pablo añade: "sufrido para con ellos",
y al propio tiempo señala la razón por la que es necesario; a
saber, un maestro piadoso debe esforzarse aún por si es posible
llevar al sendero recto a aquellas personas rebeldes y obstinadas,
lo cual no puede lograrse sin una buena dosis de amabilidad.
25. Por si quizá Dios les concede que se arrepientan. Esta
expresión, "por si quizá", señala la dificultad del caso, siendo
casi desesperado o imposible. Pablo, pues, enseña que aun para con
los más indignos debemos practicar la amabilidad; y aunque al
principio no parezca que hayamos obtenido ventajas, todavía
debemos seguir haciendo el intentó. Por la misma razón él dice que
"Dios les conceda". Puesto que la conversión de una persona está
en las manos de Dios, ¿quién puede saber si los que ahora rechazan
toda enseñanza pueden ser cambiados repentinamente, por el poder
de Dios, en hombres nuevos? Así pues, quienquiera que considere
que el arrepentimiento es don y obra de Dios, acariciará una
esperanza más seria, y, animado por esta confianza, dedicará más
esfuerzo y más trabajo a la instrucción de los rebeldes. Debemos
considerarlo en esta forma: que nuestro deber es dedicarnos a
sembrar y a regar, y, mientras hacemos esto, debemos esperar el
crecimiento de parte de Dios (1 Cor. 3:6). Nuestras labores y
fatigas no son provechosas en sí; y, sin embargo, por la gracia de
Dios no son infructíferas.
Para conocer la verdad. De esto podemos aprender cuál es el
arrepentimiento real de aquellos que por un tiempo fueron
desobedientes a Dios; porque Pablo declara que éste comienza con
"el conocimiento de la verdad". Con esto quiere decir que el
entendimiento del hombre está cegado, entretanto que éste se
oponga abiertamente a Dios y a su doctrina.
26. Y escapen del lazo del diablo. A la iluminación le sigue la
liberación del yugo del diablo; porque los incrédulos están tan
intoxicados por Satanás que, estando dormidos, no se dan cuenta de
su desgracia. Por otra parte, cuando el Señor hace brillar sobre
nosotros la luz de su verdad, Él nos despierta de ese sueño
mortal, destroza los lazos con que estamos atados y, quitando
todos los obstáculos, nos prepara para obedecerle.
En que están cautivos. Es una condición verdaderamente espantosa,
cuando el diablo tiene tan grande poder sobre nosotros, que nos
arrastra, como esclavos cautivos, aquí y allá como se le antoja.
No obstante, tal es la condición de todos aquellos a quienes el
orgullo de su corazón aparta de la sumisión a Dios. Y este dominio
tiránico de Satanás lo vemos claramente todos los días en los
réprobos; porque ellos no se precipitarían con tal furia y
violencia brutal a toda clase de crímenes bajos y perversos, si no
fuesen empujados por el poder invisible de Satanás. Eso es lo que
vimos en Efesios 2:2, donde se nos dice que Satanás ejercita su
poder en los incrédulos.
Tales ejemplos nos amonestan a que nos mantengamos cuidadosamente
bajo el yugo de Cristo, y a que seamos dóciles y nos dejemos
gobernar por su Santo Espíritu Y no obstante, una cautividad de
esta naturaleza no exculpa de pecado a los hombres perversos,
aunque sea por la instigación de Satanás que ellos pecan; porque,
aunque su precipitación tan irresistible hacia lo malo procede del
dominio satánico, con todo, ellos no hacen nada por coacción, sino
que se inclinan con todo su corazón a lo que Satanás les empuja.
El resultado es que su cautividad es voluntaria.
1. También debes saber esto: que en los postreros días vendrán
tiempos peligrosos.
2. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros,
vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres,
ingratos, impíos,
3. sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes,
crueles, aborrecedores de lo bueno,
4. traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más
que de Dios,
5. que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de
ella; a éstos evita.
6. Porque de éstos son los que se meten en las casas y llevan
cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por
diversas concupiscencias.
7. Éstas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al
conocimiento de la verdad.
1. También debes saber esto. Con esta predicción Pablo se propuso
activar todavía más su diligencia; porque cuando las cosas marchan
de acuerdo con nuestros deseos, nos hacemos descuidados; empero la
necesidad nos apremia agudamente. Pablo, pues, le informa de que
la Iglesia estará sujeta a terribles enfermedades, lo cual exigirá
en los pastores extraordinaria fidelidad, diligencia, vigilancia,
prudencia e infatigable constancia; como si ordenara a Timoteo
prepararse para arduos y terriblemente desesperados combates que
le esperaban. Y de aquí aprendemos que, en vez de ceder, o
aterrorizarnos, por causa de las dificultades cualesquiera que sea
su naturaleza, debemos, por el contrario, templar nuestro corazón
para la resistencia.
En los postreros días. Bajo la expresión "los postreros días",
Pablo incluye la condición universal de la Iglesia cristiana. No
es que compare su propia época con la nuestra, mas al contrario,
informa a Timoteo de cuál era la futura condición del reino de
Cristo; porque algunos se imaginaban cierta condición que sería
absolutamente pacífica, y libre de cualquier molestia. ("¿Por qué
el Apóstol, tanto aquí como en otros pasajes, habla de «los
postreros días», cuando previene a los creyentes que deben
prepararse y hacer provisiones para encarar muchas dificultades y
molestias? Se debe a la común fantasía de que las cosas irían
mejorando; porque anteriormente los profetas, al hablar del reino
de nuestro Señor Jesucristo, dijeron que todas las cosas serían
asombrosamente reformadas, que el mundo obedecería a Dios, que Su
majestad sería adorada por los encumbrados y los humildes, que
toda boca cantaría Sus alabanzas, y que toda rodilla se doblaría
delante de Él. En suma, cuando escuchamos tales promesas, pensamos
que debemos estar en un estado de santidad angelical, ahora que
Cristo ha aparecido. Muchos, en su errónea fantasía, llegaron a la
conclusión de que, desde la venida del Redentor, nada sino
correctísimas virtudes y modestias imperarían, y que todo estaría
tan perfectamente controlado, que no habría más vicios en el
mundo." Fr. Ser.)
En suma, quiere decir que no habrá, aun bajo el Evangelio, tal
estado de perfección, que todos los vicios se acaben y que
florezcan toda clase de virtudes; y que, por lo tanto, los
pastores de la Iglesia cristiana tendrán tanto que hacer con los
hombres perversos e impíos, como los profetas y los sacerdotes
piadosos lo tuvieron en los tiempos antiguos. De aquí se concluye
que no habrá tiempo para la ociosidad o para el reposo.
2-5. Porque habrá hombres. Es correcto observar, primero, en qué
hace consistir él la dureza de esos tiempos "peligrosos" o
"difíciles"; no en la guerra, ni en el hambre, ni en las
enfermedades, ni en otras calamidades o molestias que afecten al
cuerpo, sino en las malvadas y perversas acciones de los hombres.
Y, ciertamente, nada es tan doloroso para los hombres piadosos, y
para los que verdaderamente temen a Dios, como contemplar tales
corrupciones morales; porque, como no hay nada que ellos estimen
tanto como la gloria de Dios, no pueden hacer otra cosa sino
sufrir graves angustias cuando ésta es atacada o despreciada.
Segundo, debemos observar quiénes son las personas a que Pablo se
refiere. Aquellos a quienes brevemente describe, no son enemigos
externos, que abiertamente ataquen el nombre de Cristo, sino
internos, que desean ser reconocidos entre los miembros de la
Iglesia; porque Dios desea probar su Iglesia hasta tal grado como
para que lleve dentro de su seno tales plagas, aunque no le agrade
tomarlas en consideración. Así que, si en el día presente muchos a
quienes justamente aborrecemos están mezclados entre nosotros,
aprendamos a gemir pacientemente bajo esa carga, cuando se nos
informa que ésta es la suerte de la Iglesia cristiana.
Además, es admirable que esas personas, de quienes Pablo declara
que son culpables de tantos y tan graves actos de maldad, puedan
guardar la apariencia de piedad, así como él lo declara. Mas la
diaria experiencia nos demuestra que no debemos extrañarnos por
esto; porque tal es la asombrosa audacia y perversidad de los
hipócritas que, aun al disculpar crímenes tan groseros, son
excesivamente descarados, una vez que han aprendido a ampararse
falsamente bajo el nombre de Dios. En los tiempos antiguos,
¿cuántos crímenes abundaban en la vida de los fariseos? Y no
obstante, como si ellos hubiesen estado limpios de de toda mancha,
gozaban de una reputación de eminente santidad.
Aun en el día actual, aunque la corrupción del clero papal es tal
que apesta a las narices de todo el mundo, sin embargo, a pesar de
su perversidad, no cesan de usurpar para sí orgullosamente todos
los derechos y títulos de los santos. Por consiguiente, cuando
Pablo dice que los hipócritas, aunque sean acusados de los vicios
más bajos, engañan con una máscara piadosa, esto no debe parecemos
extraño, cuando tenemos los ejemplos a la vista. Y, ciertamente,
el mundo merece ser engañado por esos perversos picaros, cuando
desprecia o no puede soportar la verdadera santidad. Además, Pablo
enumera aquellos vicios que no son visibles a primera vista, y que
aun son acompañantes ordinarios de la pretendida santidad. ¿Hay
algún hipócrita que no sea amador de sí mismo, que no sea
aborrecedor de los demás, que no sea déspota y cruel, que no sea
traidor? Empero todos éstos están ocultos a los ojos de los
hombres. ("Empero todos éstos son vicios ocultos, y no se muestran
ante les ojos de los hombres.")
Gastar tiempo en explicar cada palabra sería super-fluo; porque
las palabras no necesitan explicación. Que mis lectores observen
que filautia, amor propio, que ocupa el primer lugar en la lista,
puede considerarse como la fuente de la cual emanan todos los
vicios que a continuación se mencionan. El que se ama a sí mismo
reclama una superioridad en todo, desprecia a los demás, es cruel,
entregado a la avaricia, a la traición, a la ira, amante de
rebelarse contra sus padres, descuida lo que es bueno, etc. Como
Pablo tenía el propósito de marcar a los falsos profetas con tales
marcas, para que pudieran ser vistos y conocidos por todos, es
también nuestro deber abrir los ojos, para que podamos ver a
aquellos que están señalados con el dedo.
A éstos evita. Esta exhortación demuestra suficientemente que
Pablo no habla de una distante posteridad, ni predice lo que
pasaría muchos siglos después; sino que, al señalar los males
presentes, él aplica a su época lo que dijo acerca de "los
postreros tiempos"; porque ¿cómo podría evitar Timoteo a aquellos
que no se irían a levantar sino hasta muchos siglos después?
Entonces, desde el mero principio del Evangelio la Iglesia debió
haberse visto afectada por tales corrupciones.
6. De éstos son los que se meten en las casas. Diríamos que aquí
Pablo intencionadamente dibuja un cuadro vivo de las ordenanzas
monásticas. Mas sin hablar una sola palabra acerca de monjes, esas
marcas con las cuales Pablo distingue a los falsos y pretendidos
maestros son suficientemente claras; metiéndose en las casas,
trampa para cazar a las mujercillas tontas, inventan flirteos, que
imponen sobre la gente mediante diferentes supersticiones. Es
conveniente observar con cuidado estas marcas, si queremos
distinguir entre los inútiles zánganos y los fieles ministros de
Cristo. Los primeros están marcados con un carbón tan negro, que
es inútil que se escapen de la vista. "Meterse en las casas"
significa entrar clandestinamente, o procurar la entrada mediante
métodos solapados.
Y llevan cautivas a las mujercillas llenas de pecados. Ahora Pablo
habla de "mujeres" más bien que de nombres, porque las primeras
están más expuestas a dejarse desviar en esta forma. Dice que son
"llevadas cautivas", porque los falsos profetas de esta clase,
valiéndose de varias tretas, ganan su atención, en parte atisbando
con curiosidad en todos sus asuntos, y en parte mediante flirteos.
Y esto es lo que inmediatamente añade: "llenas de pecados"; porque
si ellas no hubiesen estado atadas por la cadena de una mala
conciencia, no hubieran permitido dejarse llevar cautivas, en toda
forma posible, a la voluntad de otros.
Por diversas concupiscencias. Yo considero que "concupiscencias"
denota generalmente esos deseos tontos y vanos por los cuales la
mujeres que no buscan a Dios sinceramente, aun a pesar de sus
deseos de que se las tenga por religiosas y santas, son llevadas
cautivas. No hay fin de los métodos adoptados por ellos, cuando,
apartándose de una buena conciencia, constantemente están
asumiendo nuevas máscaras. Crisóstomo está más dispuesto a
referirlo a los deseos vergonzosos e inmoderados; mas, cuando yo
examino el contexto, prefiero la explicación anterior; porque
inmediatamente agrega:
7. Siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al
conocimiento de la verdad. Esa fluctuación entre los diferentes
deseos, de que Pablo habla ahora, ocurre cuando, no teniendo nada
sólido en ellos mismos, son arrojados en todas direcciones.
"Aprenden", dice él, "como la gente que está bajo la influencia de
la curiosidad, y con una mente inquieta, mas en tal forma como
para nunca llegar a ninguna certidumbre de la verdad." Es un
estudio mal dirigido, y completamente ausente de conocimiento. Y,
sin embargo, tales personas piensan de sí mismas que son
prodigiosamente sabias; pero lo que saben es nada, en tanto que no
se apeguen a la verdad, la cual es la base de todo conocimiento.
8. Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así
también éstos resisten a la verdad; hombres corruptos de
entendimiento, réprobos en cuanto a la fe.
9. Mas no irán más adelante; porque su insensatez será manifiesta
a todos, como también lo fue la de aquéllos.
10. Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe,
longanimidad, amor, paciencia,
11 persecuciones, padecimientos, como los que me sobrevinieron en
Antioquia, en Iconio, en Listra; persecuciones que he sufrido, y
de todas me ha librado el Señor.
12. Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo
Jesús padecerán persecución.
8. Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés. Esta
comparación confirma lo que ya dije acerca de los últimos tiempos;
porque Pablo indica que a nosotros nos ocurre bajo el Evangelio lo
mismo que experimentó la Iglesia desde su mismo principio, o, al
menos, desde que fue publicada la Ley. En igual forma el Salmista
habla también extensamente de las incesantes luchas de la Iglesia.
"Mucho me han angustiado desde mi juventud, puede decir ahora
Israel; mucho me han angustiado desde mi juventud; mas no
prevalecieron contra mí. Sobre mis espaldas araron los aradores;
hicieron largos surcos" (Salmo 129:1-3). Pablo nos recuerda que no
debemos extrañar nos si los adversarios se levantan contra Cristo
para oponerse a su Evangelio, puesto que Moisés también tuvo
enemigos que se le opusieron; porque estos ejemplos sacados de una
remota antigüedad nos proporcionan una fuerte consolación.
Es generalmente aceptado que los dos personajes aludidos, Janes y
Jambres, fueron magos propuestos por Faraón. Empero cuál sea la
fuente de que Pablo haya aprendido sus nombres, no lo sabemos,
salvo que sea probable que muchas cosas relacionadas con esas
historias fueron entregadas de generación a generación, y Dios no
permitió que su recuerdo se extinguiera. También es posible que en
la época de Pablo hubiese comentarios sobre los profetas que
explicaban en forma más amplia lo que Moisés trata en forma muy
breve. Sea como fuere, no es por mera casualidad que él los llame
por sus nombres. La razón por la cual hubo dos personajes puede
conjeturarse en esta forma: que, porque el Señor había suscitado
para su pueblo dos caudillos, Moisés y Aarón, Faraón decidió
colocar frente a ellos igual número de magos.
9. Mas no irán más adelante. Pablo anima a Timoteo para la lucha,
con la segura esperanza de la victoria; porque aunque los falsos
maestros le causen penas, él promete que, dentro de un tiempo muy
breve, ellos serán vergonzosamente arruinados. ("Vemos, pues, que
el Espíritu Santo, por boca de Pablo, presenta dos razones para
fortalecernos. Cuando vemos que Satanás se opone, y que la verdad
de Dios no es recibida por todos, sino que hay nombres que se
esfuerzan por pervertirlo todo, y que calumnian y falsifican la
verdad, aquí tenemos consolaciones provistas para nosotros. En
primer lugar, que nuestro Señor nos trata en la misma forma que ha
tratado a la Iglesia en todas las épocas, pues aquellos que
vivieron antes que nosotros no estaban en mejor situación que la
nuestra al respecto; porque Dios los probó enviando falsos
pastores, o rnás bien dando libertad a Satanás para que los
enviara. Fijémonos, pues, en lo que ha acontecido desde que la Ley
fue publicada. Aquí tenemos a Moisés, que antecedió a los
profetas. Con todo, la guerra ya había comenzado, y el mal nunca
ha dejado de existir. Si nosotros ahora tenemos que soportar lo
mismo, hagámoslo con paciencia; porque no es razonable esperar que
nuestra condición sea mejor o más fácil que la de Moisés y de los
que le siguieron. Este es un argumento. El segundo es que el
resultado será favorable y bueno Aunque no nos guste luchar, y
aunque parezca que la verdad de Dios esté a punto de perecer
completamente, esperemos hasta que Dios salga en su defensa;
porque Él hará que los hombres perversos fracasen totalmente.
Después de que ellos hayan triunfado, Dios sin duda descubrirá su
bajeza, y veremos cómo Él tendrá cuidado de sostener Su causa,
aunque esto no sea evidente por algún tiempo." Fr. Ser.)
No obstante, el evento no concuerda con esta promesa; y el Apóstol
parece hacer una declaración totalmente diferente, un poco
después, cuando afirma que irán de mal en peor. Tampoco hay
consistencia en la explicación dada por Crisóstomo, de que irán de
mal en peor, pero que no perjudicarán a nadie; porque Pablo
expresamente añade: "engañados y engañado"; y, ciertamente, la
verdad de esto se prueba por la experiencia. Es más correcto decir
que él los consideró en varios aspectos; porque la afirmación de
que no progresarán, no es universal; mas él sólo quiere decir, que
el Señor descubrirá su locura a muchos de los que ellos habían
engañado al principio con sus fascinaciones.
Porque su insensatez será, manifiesta a todos. Cuando Pablo dice a
todos, emplea una figura de lenguaje, en la cual el todo es tomado
por una parte. Y, ciertamente, aquellos que logran mucho éxito en
engañar, al principio hacen un gran alarde, y obtienen grandes
aplausos; y, en suma, parece como si nada fuese imposible para
ellos. Pero sus tretas rápidamente son descubiertas porque el
Señor abre los ojos de muchos, para que vean lo que por un tiempo
quedó oculto a su vista. No obstante, la "insensatez" de los
falsos profetas jamás es descubierta hasta tal grado que sea
conocida por todos. Además, tan pronto como un error desaparece,
aparecen otros.
Ambas amonestaciones son, pues, necesarias. Para que los maestros
piadosos no se desesperen y piensen que es inútil luchar contra el
error, ellos deben ser instruidos acerca del buen éxito que el
Señor concederá a su doctrina. Además, para que no piensen que
están exentos de futuros servicios, después de una o dos batallas,
debe recordárseles que siempre habrá nuevas ocasiones para luchar.
Empero, acerca de este segundo punto, seguiremos hablando poco
después; por el momento será suficiente que Pablo proponga a
Timoteo la segura esperanza del éxito, para que se sienta más
animado a combatir. Y él confirma esto por el ejemplo que había
citado; porque, como la verdad de Dios prevaleció contra los
trucos de los magos, así también promete que la doctrina del
Evangelio saldrá victoriosa contra toda clase de errores que
puedan inventarse.
10. Pero tú has seguido, etc. A fin de apremiar a Timoteo, Pablo
emplea también este argumento: que él no es un soldado ignorante
ni olvidadizo, porque Pablo lo hizo pasar por un largo período de
entrenamiento. ("Después de haber hablado a Timoteo de las
dificultades que sobrevendrían a la Iglesia, y después de
exhortarle a que no las esquive y permanezca firme, el Apóstol
agrega que Timoteo ya debió haberse preparado por un largo tiempo
para todo esto, porque ha sido enseñado en una buena escuela. «Tú
has conocido íntimamente», como uno que le había seguido paso a
paso; porque tal es la importancia de la palabra que Pablo emplea:
«Porque tú has conocido bien el curso que he seguido»." Fr. Ser.)
Ni tampoco habla únicamente de doctrina; porque esas cosas que él
igualmente enumera añaden mucho peso, dándonos en esta oración un
retrato muy exacto de un buen maestro, un maestro que no sólo con
palabras prepara e instruye a sus discípulos, sino también, por
decirlo así, les abre su corazón, para que sepan que todo lo que
él enseña, lo enseña con sinceridad. Esto es lo que está implícito
en la palabra propósito. Pablo añade además otras pruebas de su
sincero y no fingido afecto, tales como fe, longanimidad, amor,
paciencia. Tales fueron las tempranas enseñanzas que le fueron
impartidas a Timoteo en la escuela de Pablo. Sin embargo, éste no
le recuerda únicamente lo que había aprendido de él, sino que da
testimonio de su vida anterior, para que en esta forma pueda
apremiarlo a perseverar; porque lo alaba como un imitador de sus
propias virtudes; como si dijera: "Te has acostumbrado por mucho
tiempo a seguir mis instrucciones; no te pido otra cosa sino que
sigas adelante así como comenzaste". Es su deseo, por lo tanto,
que el ejemplo de su "fe, amor y paciencia" estén constantemente
ante la vista de Timoteo; y por esa razón él pone énfasis
principalmente en sus persecuciones, las cuales le eran bien
conocidas.
11. Y de todas me ha librado el Señor. He aquí un consuelo que
mitiga la amargura de las aflicciones, pues todas éstas tendrán un
fin gozoso y feliz. Si se objetare que el éxito del cual se ufana
no siempre es visible, yo reconozco que tal cosa es verdad, y
especialmente por lo que toca a los sentimientos de la carne;
porque Pablo aún no había sido liberado. Pero cuando Dios nos
libra algunas veces, testifica en esta forma que Él está presente
con nosotros, y siempre estará presente; porque por el
sentimiento, o conocimiento actual, del auxilio presente, nuestra
confianza debe extenderse hacia el futuro. El significado, pues,
es como si Pablo hubiera dicho: "Tú has conocido mi experiencia de
que Dios nunca me ha abandonado, de modo que no tienes derecho a
titubear al seguir mi ejemplo."
12. Y también todos los que quieren vivir piadosamente. ("Y
también todos aquellos que desean vivir en el temor del Señor.")
Después de mencionar sus propias persecuciones, Pablo añade
también, que nada de lo que a él le ha acontecido dejará de
acontecerle también a los piadosos. Y dice esto, en parte para que
los creyentes estén preparados y se sometan a esta condición, y en
parte para que los hombres buenos no lo miren con sospechas por
causa de las persecuciones que él sufre de parte de los malvados;
pues ocurre frecuentemente que las calamidades a que los hombres
están sujetos conducen a opiniones desfavorables acerca de ellos;
porque aquel a quien los hombres miran con desdén, inmediatamente
es señalado por la gente común como un aborrecido de Dios.
Mediante esta afirmación general, Pablo, pues, se clasifica a sí
mismo entre los hijos de Dios, y, al propio tiempo, exhorta a
todos los hijos de Dios a estar preparados para sufrir las
persecuciones; porque si esta condición se establece "para todos
los que quieren vivir una vida piadosa en Cristo", aquellos que
quieren escaparse de las persecuciones necesariamente tienen que
renunciar a Cristo. En vano nos esforzaremos por separar a Cristo
de su cruz; porque puede afirmarse que es natural que el mundo
odie a Cristo aun en sus miembros. Ahora bien, el odio va
acompañado de crueldad, y de aquí surgen las persecuciones. En
suma, sepamos que somos cristianos bajo esta condición: que
estaremos expuestos a muchas tribulaciones y luchas.
Mas cabe preguntar: ¿Deben todos ser mártires? Porque es evidente
que ha habido muchas personas piadosas que jamás han sufrido
destierro, encarcelamiento, huida, o cualquier otra persecución.
Yo respondo que los siervos de Cristo no siempre serán perseguidos
por Satanás. Mas sin embargo, es absolutamente inevitable que
todos ellos consideren al mundo como su enemigo en una forma u
otra, pues su fe y su firmeza pueden ser probadas; porque Satanás,
que es el eterno enemigo de Cristo, jamás dejará en paz a ninguno
durante toda su vida; y siempre habrá hombres perversos que serán
espinas en nuestro camino. Además, tan pronto como un creyente
manifieste su celo por Dios, ello dará lugar a que la ira de los
malvados se encienda; y aunque éstos no tengan su espada
desenvainada, arrojarán su veneno, ya murmurando, o calumniado, o
levantando disturbios, o por otros métodos. Por consiguiente,
aunque ellos no estén expuestos a los mismos ataques, aunque no se
lancen a las mismas batallas, sin embargo, tienen una sola lucha
en común, y jamás estarán en paz ni exentos de persecuciones.
13. Mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en
peor, engañando y siendo engañados.
14. Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste,
sabiendo de quién has aprendido;
15. y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las
cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en
Cristo Jesús.
16. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar,
para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,
17. a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente
preparado para toda buena obra.
13. Mas los malos hombres y los engañadores. Ésta es la más amarga
de todas las persecuciones, cuando vemos que los hombres
perversos, con sus atrevimientos sacrílegos, con sus blasfemias y
errores, acumulan fuerza. Así dice Pablo en alguna otra parte, que
Ismael persiguió a Isaac, no con la espada, sino con la burla (Gal.
4:29). De aquí podemos concluir que, en el versículo anterior, no
era sólo una clase de persecución la que describía, sino que el
Apóstol habló, en términos generales, de esas aflicciones que los
hijos de Dios son obligados a soportar cuando combaten por la
gloria de su Padre,
Yo afirmé hace poco, en qué respecto ellos irán de mal en peor;
porque Pablo predice que ellos no sólo opondrán obstinada
resistencia, sino que lograrán perjudicar y corromper a otros. Una
persona que no vale nada será más efectiva para destruir, que diez
fieles maestros en edificar, aunque trabajen con todas sus
fuerzas. Y tampoco faltará jamás la cizaña que Satanás siembra
para dañar el grano puro; aun cuando nosotros creamos que los
falsos profetas han sido arrojados, otros aparecerán continuamente
en diferentes direcciones.
Otra vez, en cuanto al poder de perjudicar, ("Si se preguntare:
¿De dónde viene este poder y habilidad para perjudicar?"), no es
porque la falsedad, dentro de su propia naturaleza, sea más fuerte
que la verdad, o que las tretas de Satanás sobrepasen la energía
del Espíritu de Dios; sino porque los hombres, siendo por
naturaleza inclinados a la vanidad y a los errores, acogen más
fácilmente lo que se acomoda a su disposición natural, y también
porque, estando cegados por una justa venganza de Dios, son
llevados, como esclavos cautivos, por la voluntad de Satanás.
("Satanás los conduce, de un lado o de otro, a su gusto.")
Y la razón principal de por qué la plaga de las doctrinas
perversas es tan eficaz, es porque la ingratitud de los hombres
merece que así sea. Es sumamente necesario que los maestros
piadosos recuerden esto, para que estén preparados para una guerra
continua, para que no desmayen por la demora, y para que no cedan
ante la arrogancia e insolencia de los adversarios.
14. Pero persiste tú en lo que has aprendido. Aunque la iniquidad
prevalece y se abre paso, Pablo no obstante aconseja a Timoteo que
permanezca firme. E indudablemente, ésta es la verdadera prueba de
la fe, cuando presentamos una infatigable resistencia a todos los
ataques de Satanás, y no alteramos nuestra carrera a pesar de
todos los vientos que soplan, sino que permanecemos firmes en la
verdad de Dios, como en un ancla segura.
Sabiendo de quién has aprendido. Esto lo añade con el fin de
ensalzar la certeza de la doctrina; porque si alguno ha sido
enseñado incorrectamente, no debe perseverar en ella. Por el
contrario, debemos olvidar todo lo que hemos aprendido aparte de
Cristo, si queremos ser sus discípulos; por ejemplo, como
iniciación de nuestra enseñanza en la fe, debemos rechazar y
olvidar todas las enseñanzas del papado. El Apóstol, pues, no
ordena a Timoteo defender indistintamente la doctrina que se le ha
entregado, sino solamente aquella que él conoce que es la verdad;
con lo cual quiere decir que tiene que hacer una selección. ("Con
esta palabra, Pablo enseña que es necesario usar el juicio y la
discreción en este asunto.")
Además Pablo no exige esto como individuo en lo particular, para
que lo que ha enseñado sea reconocido como una revelación divina;
sino que osadamente afirma su propia autoridad ante Timoteo, quien
estaba al tanto de que su fidelidad y llamamiento eran genuinos. Y
si él estaba plenamente convencido de que había sido enseñado por
un apóstol de Cristo, deduciría entonces que ésta no era una
doctrina de hombres, sino de Cristo.
Este pasaje nos enseña, que debemos ser tan cuidadosos para
guardarnos contra la obstinación en asuntos que son dudosos (tales
como las doctrinas meramente humanas), como para mantener con fe
inquebrantable la verdad de Dios. Además, de ello aprendemos que
la fe debe ir acompañada de prudencia, para poder distinguir entre
la Palabra de Dios y la palabra de los hombres, de modo que no
aceptemos al azar todo lo que se nos ofrezca. Nada hay tan
inconsistente con la naturaleza de la fe como una ingenua
credulidad, la cual nos permite acoger todo sin discriminación
alguna, no importando lo que sea, ni su procedencia; porque el
fundamento principal de la fe, es conocer que tiene a Dios como su
autor.
Y aquello que se te ha confiado. Cuando Pablo agrega, que la
doctrina se le había confiado (auxesin) a Timoteo, esto añade
fuerza adicional a la exhortación; porque "dar una cosa en
depósito" es algo más que hacer una simple entrega. Ahora bien,
Timoteo no había sido enseñado como una persona ordinaria, sino
con el fin de que pudiera fielmente poner en las manos de otros lo
que había recibido.
15. Y que desde la niñez. Además, no era cosa ordinaria que él
estuviese acostumbrado, desde la infancia, a leer las Escrituras;
porque este prolongado hábito puede hacer a un hombre que se
fortalezca grandemente contra toda clase de engaños. Era, pues,
una precaución juiciosa observada en los tiempos antiguos, que
aquellos que eran posibles candidatos para el ministerio de la
Palabra, deberían ser instruidos, desde su infancia, en la sólida
doctrina de la piedad, para que, al asumir el desempeño de su
oficio, no fuesen unos aprendices sin preparación. Y debe
reconocerse como un extraordinario ejemplo de la bondad divina, si
alguna persona, desde sus tempranos años, ha adquirido el
conocimiento de las Escrituras.
Las cuales te pueden hacer sabio para la salvación. Es una
recomendación muy elevada de las Escrituras, que no debemos buscar
en ninguna otra parte la sabiduría que es suficiente para la
salvación; tal como plenamente lo expresa el versículo que sigue.
Empero Pablo afirma, al propio tiempo, lo que nosotros debemos
buscar en las Escrituras; porque los falsos profetas también hacen
uso de ellas como un pretexto; y por consiguiente, a fin de que
nos sean útiles para nuestra salvación, es necesario que
entendamos su uso correcto.
Por la fe que es Cristo Jesús. ¿Y qué, si alguno pone toda su
atención en las cuestiones curiosas? ¿Y qué, si se apega sólo a la
letra de la Ley, y no busca a Cristo? ¿Y qué, si pervierte el
significado natural inventando cosas extrañas a su sentido? Por
esta razón Pablo nos dirige a la fe de Cristo como el modelo, y
por lo tanto, como la suma de las Escrituras; porque de la fe
depende también lo que sigue a continuación.
16. Toda la Escritura, o el todo de la. Escritura; aunque esto
establece una poca de diferencia en cuanto al significado, Pablo
prosigue la recomendación que en forma breve había hecho al
principio. Primero, recomienda la Escritura por razón de su
autoridad; y segundo, por razón de la utilidad que emana de ella.
A fin de sostener la autoridad de la Escritura, declara que es
divinamente inspirada; porque, de ser así, está fuera de
controversia que los hombres deban recibirla con reverencia. Éste
es el principio que distingue nuestra religión de todas las demás,
porque sabemos que Dios nos ha hablado, y estamos plenamente
convencidos de que los profetas no hablaron por su propia cuenta,
sino que, siendo instrumentos del Espíritu Santo, ellos únicamente
dijeron lo que su comisión celestial les ordenó declarar.
Quienquiera, pues, que desee sacar provecho de las Escrituras, que
primero acepte como cosa establecida este punto: que la Ley y los
Profetas no son una doctrina entregada según la voluntad y
beneplácito del hombre, sino dictada por el Espíritu Santo.
Si se objetare: ¿corno se puede conocer esto?, yo respondo: Tanto
a los discípulos como a los maestros, Dios se ha dado a conocer
como el autor de ella por revelación del mismo Espíritu. Moisés y
los profetas no hablaron al azar lo que recibimos de ellos, sino
que hablando por sugerencia de Dios, franca y osadamente
testificaron lo que era cierto realmente: que fue la boca del
Señor la que hablaba. El mismo Espíritu, pues, que hizo estar
seguros de su llamamiento a Moisés y a los profetas, también ahora
testifica a nuestro corazón que Él los ha empleado como sus
siervos para instruirnos. Por consiguiente, no tenemos por qué
extrañarnos si hay muchos que dudan en cuanto al Autor de las
Escrituras; porque, aunque la majestad de Dios es manifiesta en
ellas, sin embargo, nadie sino aquellos que han sido iluminados
por el Espíritu Santo tienen ojos para percibir lo que ciertamente
debe ser visible a todos, y sin embargo sólo es visible a los
elegidos. Ésta es la primera cláusula: que debemos a la Escritura
la misma reverencia que debemos a Dios; porque de Él solo nos ha
venido, y nada hay mezclado en ella que pertenezca al hombre.
Y útil. Ahora sigue la segunda parte de la recomendación: que la
Escritura contiene la regla perfecta para vivir una vida buena y
dichosa. Cuando Pablo dice esto, enseña que ésta es corrompida por
el abuso pecaminoso, cuando no se persigue esta utilidad. Y así él
indirectamente critica a esos hombres sin principios que alimentan
a la gente con vanas especulaciones, como con aire. Por esta
razón, podemos, en la actualidad, condenar a todos aquellos que,
pasando por alto la edificación, causan disputas que, aunque son
ingeniosas, son también inútiles. Siempre que las ingeniosas
bagatelas de esa naturaleza se presentan, deben ser detenidas con
este escudo: "La Escritura es provechosa". De aquí se sigue que es
ilícito tratarla en una forma no provechosa; porque el Señor,
cuando nos dio las Escrituras, no trató de satisfacer nuestra
curiosidad, ni de animarnos a la ostentación, o de darnos ocasión
para charlar y parlotear, sino de hacernos bien; y por
consiguiente, el uso correcto de la Escritura debe siempre
dirigirse hacia lo que es provechoso. ("¿Quién es aquel que por
naturaleza no desea su dicha y su salvación? ¿Y dónde podríamos
encontrarla sino en las Sagradas Escrituras, por las cuales nos es
comunicada? ¡Ay de nosotros si no escuchamos a Dios cuando nos
habla, sabiendo que Él no quiere otra cosa sino nuestro provecho!
Él no busca su propia ventaja, pues ¿qué necesidad tiene de ella?
Asimismo se nos recuerda que no leamos las Escrituras como para
satisfacer nuestras curiosidades, ni para sacar de ella cuestiones
inútiles. ¿Por qué? Porque es útil para la salvación, dice Pablo.
Entonces, cuando yo explico las Escrituras, tengo que guiarme por
esta consideración: que aquellos que me escuchan puedan recibir
provecho de la doctrina que yo enseño, para que sean edificados
para salvación. Si no tengo ese deseo, y no procuro la edificación
de aquellos que me escuchan, soy un sacrílego que profano la
Palabra de Dios. Por otra parte, los que leen las Escrituras o que
vienen al sermón para escuchar, si buscan una tonta especulación,
si vienen para divertirse, son culpables de haber profanado una
cosa muy santa." Fr. Ser.)
Para instruir. Aquí entra Pablo en una descripción detallada de
las diferentes y múltiples ventajas derivadas de las Escrituras.
Y, en primer lugar, menciona la instrucción, que tiene el lugar
más prominente entre todas; porque no tendrá objeto que exhortemos
o amonestemos, si previamente no hemos impartido instrucción. Mas
como la "instrucción" sola es de poco valor, añade: para
redargüir, para corregir.
Sería demasiado largo explicar lo que podemos aprender de las
Escrituras y además, en el versículo anterior Pablo dio ya un
sumario breve de ellas bajo la palabra fe. El conocimiento más
valioso, pues, es la "fe en Cristo". En seguida viene la
instrucción para ordenar la vida, a la cual son añadidas las
incitaciones, exhortaciones y reprimendas. Así, el que sabe cómo
usar las Escrituras propiamente, no carece de nada para la
salvación, o para vivir una vida santa. Redargüir v corregir
difieren poco lo uno de lo otro; excepto que lo último procede de
lo primero; porque el principio del arrepentimiento es el
conocimiento de nuestra pecaminosidad, y una convicción del juicio
de Dios. Instruir en justicia significa el gobierno de una vida
buena y santa.
17. A fin de que el hombre de Dios sea, perfecto. Perfecto
significa aquí una persona sin falta, uno en quien no hay nada
defectuoso; porque Pablo afirma categóricamente que la Escritura
es suficiente para la perfección. Por consiguiente, aquel que no
está satisfecho con la Escritura desea ser más sabio de lo que es
conveniente o deseable.
Mas aquí surge una objeción. Sabiendo que cuando Pablo habla de
las Escrituras, se refiere sólo al Antiguo Testamento, ¿cómo
afirma él que éste hace a un hombre enteramente perfecto? Porque,
si es así, lo que después fue agregado por los apóstoles puede
considerarse como superfino. Yo respondo que, por lo que se
relaciona a sustancia, nada se ha añadido; porque los escritos de
los apóstoles no contienen otra cosa que una sencilla y natural
explicación de la Ley y los Profetas, juntamente con una
manifestación de las cosas expresadas en ellos. Este elogio, pues,
no es conferido impropiamente a las Escrituras por Pablo; y,
sabiendo que su instrucción se ha hecho ahora más plena y más
clara por la adición del Evangelio, ¿qué podrá decirse sino que
debemos confiadamente esperar que esa utilidad, de la que Pablo
habla, se manifieste más, si estamos dispuestos a hacer la prueba
y a recibirla?
CAPITULO IV
1. Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que
juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su
reino,
2. que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de
tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y
doctrina.
3. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino
que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a
sus propias concupiscencias,
4. y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.
1. Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo. Es
conveniente notar cuidadosamente que esta cláusula está
relacionada con el pasaje anterior, lo cual quiere decir que Pablo
liga con propiedad la Escritura con la predicación. Esto también
refuta a ciertos fanáticos, quienes en forma arrogante se ufanan
de que ya no tienen necesidad de nosotros, porque la lectura de
las Escrituras les es suficiente. Empero Pablo, después de haber
hablado de la utilidad de la Escritura, infiere no únicamente que
todos deben leerla, sino que los maestros deben dispensarla como
un deber que se les impone. Por consiguiente, como toda nuestra
sabiduría está contenida en las Escrituras, ni nosotros ni los
maestros debemos sacar nuestra enseñanza de ninguna otra fuente;
de modo que aquel que, descuidando el auxilio de la voz viva, se
satisface a sí mismo con la lectura silenciosa de la Escritura,
encontrará cuan penoso y malo es despreciar esa forma de enseñar
que ha sido impuesta por Dios y Cristo. Recordemos, pues, que la
lectura de la Biblia se nos recomienda en tal forma como para no
estorbar, en lo más mínimo, el ministerio de los pastores; y por
lo tanto, que los creyentes se esfuercen por aprovechar la lectura
y la exposición de la Palabra; porque no en vano ha ordenado Dios
ambas cosas.
Aquí, como en todo asunto importante, Pablo da un solemne aviso de
amonestación a Timoteo, presentándole a Dios como el Vengador y a
Cristo como el Juez, para que no descuide su ministerio. Y
ciertamente Dios, al no escatimar a su Hijo Unigénito, demostró
cuan grande es el cuidado que Él tiene de su Iglesia, de modo que
no permitirá que quede impune la negligencia de los pastores, por
quienes las almas, que Él ha redimido a tan alto costo, perecen y
están expuestas a ser presa del enemigo.
Que juzgará a los vivos y a los muertos. Muy especialmente el
Apóstol enfoca la atención en el juicio de Cristo; porque, como
nosotros somos sus representantes, Él demandará así una cuenta más
estricta de una mala administración. Por "los vivos y los muertos"
se entiende aquellos que Él encontrará vivos en el momento de Su
venida, y también aquellos que han muerto. Por lo tanto, nadie se
escapará de este juicio.
La manifestación y el reino de Cristo significa la misma cosa;
porque aunque Él ahora reina en el cielo y en la tierra, sin
embargo, hasta ahora su reino no está claramente manifestado; mas
por el contrario, está cubierto por el oscuro velo de la cruz, y
es violentamente atacado por sus enemigos. Su reino, pues, será
establecido en aquel tiempo cuando, después de haber conquistado a
sus enemigos, y después de haber quitado o reducido a la nada todo
poder que se le oponga, exhiba Su majestad.
2. Que instes a tiempo y fuera, de tiempo. Por estas palabras
Pablo recomienda no sólo ser constante, sino también formal para
vencer todas las dificultades y obstáculos; porque, siendo por
naturaleza excesivamente tímidos y perezosos, fácilmente cedemos
ante la menor oposición, y algunas veces gustosamente tratamos de
dar excusas por nuestra pereza. Consideremos ahora cuántos ardides
emplea Satanás para detener nuestra carrera, y con cuánta lentitud
marchan y cuan fácilmente se cansan aquellos que son llamados. Por
consiguiente, el Evangelio no podrá conservar su lugar por mucho
tiempo, si los pastores no lo proclaman con toda seriedad y con la
debida urgencia.
Además, esta seriedad debe relacionarse tanto con el pastor como
con la gente; al pastor, para que él no se dedique al oficio de
enseñar sólo cuando quiera y cuando le convenga, sino que, sin
escatimar fatigas ni molestias, ejercite sus facultades a su
máxima capacidad. Por lo que toca al pueblo, habrá constancia y
seriedad cuando los pastores despierten a esos que están dormidos,
cuando amonesten a los que se apresuran por caminos torcidos, y
cuando corrijan las triviales ocupaciones mundanas de algunos.
Para explicar más plenamente en qué aspectos el pastor debe
"instar", el Apóstol añade:
Redarguye, reprende, exhorta. Con estas palabras enseña que
tenemos necesidad de muchos estímulos que nos apremien a avanzar
en la dirección correcta; porque si estuviéramos dispuestos a
aprender, como debemos estarlo, un ministro de Jesucristo nos
podría conducir con el menor esfuerzo de su voluntad. Empero
ahora, ni las exhortaciones moderadas, ni los consejos sanos,
serían suficientes para sacudir nuestra pereza, si no hubiera una
creciente vehemencia de reprensiones y amenazas.
Con toda paciencia y doctrina. Es ésta una explicación muy
necesaria; porque las reprensiones, o caen por su propia
violencia, o se disipan como el humo, si no se apoyan en la
doctrina. Tanto las exhortaciones como las reprimendas son meros
auxiliares de la doctrina, y por consiguiente, tienen poco peso
sin ella. Vemos un ejemplo de esto en aquellos que únicamente
tienen mucho celo y amargura, pero no van armados de la doctrina
sólida. Tales personas se esfuerzan mucho, gritan mucho, hacen
mucho ruido, y todo para nada, porque edifican sin tener una base.
Yo hablo de hombres que, en otros aspectos, son buenos, pero que
tienen pocos conocimientos y que son excesivamente fogosos; porque
aquellos que emplean toda la energía que poseen en luchar contra
la sana doctrina, son todavía más peligrosos, y no merecen ser
mencionados aquí de ningún modo.
En suma, Pablo enseña que las reprensiones deben basarse en la
doctrina, para que justamente no sean despreciadas como cosas
frívolas. Segundo, él insinúa que la impetuosidad se modera con la
amabilidad; porque nada hay tan difícil como poner límite a
nuestro celo, una vez que nos hemos acalorado. Ahora bien, cuando
nos dejamos llevar por la impaciencia, nuestros esfuerzos son del
todo infructuosos. Nuestra aspereza no sólo nos expone al
ridículo, sino que también exaspera la mente de las personas.
Además, los hombres impetuosos y violentos generalmente son
incapaces de soportar la obstinación de aquellos con quienes
tienen tratos, y no pueden someterse a muchas opresiones e
insultos, que no obstante tienen que pasarse por alto, si es que
deseamos ser útiles. Que la severidad, pues, vaya acompañada de la
amabilidad, para que se sepa que proviene de un corazón apacible.
3. Porque vendrá tiempo. Por la misma depravación de los hombres
Pablo demuestra cuan cuidadosos deben ser los pastores; porque muy
pronto se extinguirá el Evangelio y perecerá de la memoria de los
hombres, si los maestros piadosos no trabajan con todas las
fuerzas para defenderlo. Mas Pablo indica eme debemos aprovechar
la oportunidad, mientras queda alguna reverencia para Cristo; como
si dijéramos que cuando la tempestad se acerca, no debemos
trabajar remisamente, sino que debemos apresurarnos con toda
diligencia, porque después ya no se presentará otra ocasión
apropiada.
Cuando no sufrirán la sana doctrina. Esto significa que no sólo
sentirán aversión y despreciarán la sana doctrina, sino que la
odiarán; y Pablo la llama "sana" (o salutifera) con relación al
efecto que produce, porque realmente instruye en la piedad. En el
versículo siguiente declara que la misma doctrina es verdad, y la
contrapone a las fábulas, es decir, las imaginaciones inútiles,
con las cuales la sencillez del Evangelio se corrompe.
Primero aprendamos de esto: que cuanto más extraordinaria sea la
avidez de los hombres perversos por despreciar la doctrina de
Cristo, más celosos deben ser los ministros en defenderla, y más
enérgicos sus esfuerzos por preservarla íntegra; y no sólo en esta
forma, sino también por su diligencia en contrarrestar los ataques
de Satanás. Y si esto debe hacerse alguna vez, la ingratitud de
los hombres lo hace absolutamente necesario ahora; porque aquellos
que al principio reciben el Evangelio con entusiasmo, y hacen
demostraciones de fervor poco comunes, después adquieren aversión,
la cual se convierte luego en repulsión; otros, desde el mero
principio, o la rechazan furiosamente, o, prestando poca atención,
la tratan con burlas; mientras que otros, no soportando el yugo
que les ponen sobre la cerviz, le tiran coces; y, por el odio a la
santa disciplina, están del todo alejados de Cristo y, lo que es
peor, de amigos se vuelven enemigos. Lejos de ser ésta una buena
razón para que nos desanimemos y retrocedamos, debemos luchar
contra ingratitud tan monstruosa, y aun esforzarnos con mayor
empeño que si todos estuviesen recibiendo gozosamente al Cristo
que les ofrecemos.
Segundo, habiéndosenos informado que los hombres en esta forma
desprecian y aun rechazan la palabra de Dios, no debemos quedarnos
asombrados, como si fuese un nuevo espectáculo, cuando veamos
actualmente realizado aquello que el Espíritu Santo nos dijo que
sucedería. Y, ciertamente, siendo por naturaleza inclinados a la
vanidad, no es una cosa nueva u ordinaria el que prestemos oídos
con más disposición a las fábulas que a la verdad.
Finalmente, la doctrina del Evangelio, siendo sencilla y llana en
su aspecto, es insatisfactoria en cierto modo a nuestro orgullo, y
en cierto modo también a nuestra curiosidad, Y cuan pocos hay que
estén dotados del gusto espiritual, como para saborear la novedad
de vida y todo lo que se relaciona con ella. Con todo, Pablo
predice una impiedad todavía mayor en una época particular, contra
la cual él previene a Timoteo para que esté en guardia temprana.
Se amontonarán maestros. Es conveniente observar la expresión
amontonarán, con la cual quiere decir que la locura de los hombres
será tan grande, que ellos no estarán satisfechos con unos cuantos
engañadores, sino que desearán tener una gran multitud; porque,
como existe una ted insaciable por aquellas cosas inútiles y
destructivas, así el mundo busca, por todas partes e
interminablemente, rodos los métodos que pueda inventar e imaginar
para destruirse a sí mismo; y el diablo siempre tiene a mano un
número suficiente de tales maestros como el mundo los quiere
tener. Siempre ha habido una abundante cosecha de hombres
perversos, y la hay todavía en la actualidad; y por consiguiente,
Satanás jamás tiene escasez de ministros para engañar a los
hombres, y tampoco carece de los recursos para engañar.
Ciertamente, esta monstruosa depravación, que prevalece casi
constantemente entre los hombres, merece que Dios, y su salutífera
doctrina, sean despreciados o rechazados por ellos, para que con
mayor agrado se entreguen a sus falsedades. Por consiguiente, el
que frecuentemente abunden los falsos maestros, y el que algunas
veces se multipliquen como un nido de avispas, debemos atribuirlo
a la justa venganza de Dios. Nosotros merecemos ser cubiertos y
ahogados por esa clase de inmundicia si la verdad de Dios no
encuentra lugar en nosotros, o si, habiendo logrado entrada,
inmediatamente la arrojamos de su posesión; y puesto que somos tan
adictos a las ideas fabulosas, jamás nos ponemos a pensar que
tenemos una grandísima multitud de engañadores. ¡Qué abominables
son los monjes dentro del papado! Si sostuviéramos a un pastor
piadoso en lugar de diez monjes y otros tantos sacerdotes, dentro
de poco ya no escucharíamos sino quejas acerca de sus excesivos
gastos.
La disposición del mundo es tal, que "amontonando" insaciablemente
un gran número de engañadores, desea eliminar todo lo que
pertenece a Dios. La causa de tantos errores no es otra sino estos
hombres, que por sí mismos deciden ser engañados y no instruidos
convenientemente. Y ésta es la razón por la que Pablo añade la
expresión teniendo comezón de oír. ("La mayoría no puede admitir
correcciones, o amenazas, o aun siquiera la sencilla doctrina.
Cuando denunciamos los vicios, aunque no utilicemos un lenguaje
violento, ellos piensan que todo está perdido. Nunca el mundo
había sido tan obstinadamente perverso como lo es ahora, y
aquellos que han hecho una profesión de fe evangélica parecen
esforzarse, tanto como pueden, por destruir la gracia de Dios.
Pues no estamos hablando únicamente de los papistas, quienes
combaten furiosamente contra nosotros, sino de aquellos que se
adhieren a la reforma protestante del Evangelio. Vemos que ellos
desearían ser como potros desenfrenados. (No les preocupa el yugo,
ni el gobierno, ni cosas de esta naturaeza.) Dejemos que actúen
como ellos quieran, que se les permitan todas las blasfemias y
todo el libertinaje; todo es lo mismo, con tal que no tengan
ninguna clase de ceremonias, y que desprecien al Papa y a los
idólatras. Ésta es la forma en que muchos que hacen una profesión
de fe evangélica quisieran ser gobernados; empero la razón es que
tienen «comezón de oír»." Fr. Ser.) Cuando él quiere asignar una
causa a tan grande mal, se vale de una elegante metáfora, con la
cual indica que el mundo tendrá oídos tan refinados, y tan
excesivamente ansiosos de novedades, que buscará para sí
diferentes instructores, y será seducido por los nuevos inventos.
El único remedio para este vicio es que los creyentes sean
enseñados a apegarse fuertemente a la pura doctrina del Evangelio.
5. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra
de evangelista, cumple tu ministerio.
6. Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi
partida está cercano.
7. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he
guardado la fe.
8. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual
me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino
también a todos los que aman su venida.
5. Pero tú sé sobrio (vela) en todo. Sigue con la exhortación
anterior, a fin de que cuanto más graves sean las enfermedades,
más intensamente pueda Timoteo dedicarse a curarlas; y que cuanto
más cerca estén los peligros, tanto más diligentemente se mantenga
en guardia. Y puesto que los ministros de Cristo, cuando fielmente
desempeñan su oficio, son llamados inmediatamente a combatir,
Pablo al propio tiempo recuerda a Timoteo que se mantenga firme e
inmutable en medio de la adversidad. ("Cuando el diablo ha
levantado su bandera, y cuando los escándalos y los disturbios
abundan por todas partes, no podemos estar lo suficientemente
atentos para guardarnos contra ellos, a menos que estemos
fortalecidos por la paciencia, y a menos que no desmayemos por la
adversidad que tengamos que soportar. Si este aviso fue alguna vez
provechoso, ¡cuan excesivamente necesario nos es en la actualidad!
¿Acaso el mundo no ha llegado a la cúspide de la iniquidad?
Nosotros vemos que la mayoría rechaza furiosamente el Evangelio.
En cuanto a otros que pretenden recibir el mismo, ¿qué clase de
obediencia le prestan? Hay tanto desprecio y tanto orgullo que,
tan pronto como condenamos los vicios, o tan pronto como empleamos
más severidad de la que se acomoda al gusto de aquellos que
quisieran tener permiso para actuar perversamente, y cuyo único
objeto es destruirlo todo, se llenan de rencor. Aunque los
papistas permitan a sus frailes y predicadores gritar y estallar
contra ellos, y que al propio tiempo no hagan nada sino empaparse
en mentiras para su propia destrucción, aquellos que abiertamente
declaran que desean la reforma del Evangelio no pueden soportar la
reprensión cuando es necesaria, sino que se rebelan contra Dios, y
cumplen lo que Pablo dice a los corintios: que si los engañadores
vienen a imponerse sobre ellos, ellos soportarán toda la tiranía,
y tendrán que guardar silencio cuando son abofeteados; mas si les
enseñamos fielmente en el nombre de Dios, y para su salvación, se
enfadan tanto, que una sola palabra los provocará a la rebelión; y
si perseveramos en cumplir con nuestro deber, nos declararán la
guerra inmediatamente. Ojalá que estas cosas no estuvieran tan
visibles entre nosotros como lo están." Fr. Ser.)
Haz obra de evangelista. Es decir "haz lo que pertenece a un
evangelista". Si Pablo generalmente denota con este término a
algunos ministros del Evangelio, o si éste fue un oficio especial,
es dudoso; empero yo estoy más inclinado a la segunda opinión,
porque en Efesios 4:11 se hace evidentemente claro que ésta era
una clase intermedia entre los apóstoles y los pastores, de modo
que los evangelistas ocupaban un lugar como auxiliares después de
los apóstoles. Es también muy probable que Timoteo, a quien Pablo
había asociado con él como su más allegado compañero en todas las
cosas, sobrepasara a los pastores ordinarios en rango y dignidad
de oficio, y por lo tanto no era solamente uno entre los demás.
Además, el mencionar un título honorable al oficio tiende no sólo
a animarlo, sino a recomendar su autoridad a los demás; y Pablo se
proponía estas dos cosas.
Cumple tu ministerio. El significado de esta cláusula puede
entenderse mejor así: "Tú no puedes desempeñar plenamente el
oficio que se te ha encomendado sino haciendo aquellas cosas que
te he mandado. Por lo tanto, procura no capitular a la mitad de la
carrera". Mas por cuanto ple-roforein comúnmente significa "tener
certeza" o "probar", yo prefiero el significado que sigue, el cual
está más de acuerdo con el contexto: que Timoteo, por la
vigilancia, y por soportar pacientemente las aflicciones, y por la
enseñanza constante, tendrá éxito en dejar establecida la verdad
de su testimonio, porque por tales marcas todos lo reconocerán
como buen y fiel ministro de Jesucristo.
6. Porque yo ya estoy para ser sacrificado. Señala la razón para
el empleo de tan solemne declaración. Como si dijera: "Mientras
tuve vida, extendí mi mano hacia ti; mis constantes exhortaciones
no te faltaron; mis consejos te han ayudado mucho y mi ejemplo te
ha confirmado; ahora ha llegado el tiempo en que tú tendrás que
ser tu propio maestro y exhortador, y que comiences a nadar sin
necesidad de que te sostengan; ten cuidado que no se observe algún
cambio en ti cuando yo muera."
Y el tiempo de mi partida (disolución) está, cercano. Debemos
fijarnos en las formas de expresión con las cuales Pablo denota su
muerte. Por la palabra partida quiere decir que no perecemos del
todo cuando morimos; porque la muerte es sólo una separación del
alma y el cuerpo. De aquí inferimos que la muerte no es otra cosa
sino la partida del alma cuando se separa del cuerpo; definición
que contiene un testimonio de la inmortalidad del alma.
"Sacrificio" fue un término particularmente adecuado a la muerte
de Pablo, que le fue aplicado por sostener la verdad de Cristo;
porque aunque todos los creyentes, ya sea por su vida de
obediencia o por la muerte, sean víctimas u ofrendas aceptables a
Dios, sin embargo los mártires son sacrificados en una forma más
excelente, al derramar su sangre por el nombre de Cristo. Además,
la palabra spendesthai, que Pablo emplea aquí, no denota toda
clase de sacrificios, sino sólo aquellos que sirven para la
ratificación de los pactos. Por consiguiente, él en este pasaje
denota lo mismo que en forma más clara manifiesta en aquel otro
pasaje: "Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y
servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros"
(Fil. 2:17). Porque en este pasaje Pablo enseña que la fe de los
filipenses fue ratificada por su muerte, precisamente en la misma
forma que los pactos eran ratificados antiguamente por los
sacrificios de animales degollados; y no es que la seguridad de
nuestra fe se base, estrictamente hablando, en la constancia de
los mártires, sino porque tiende a confirmarnos grandemente. Pablo
ha adornado aquí su muerte con una espléndida recomendación,
cuando la llamó la ratificación de su doctrina, para que los
creyentes, en vez de hundirse en el desaliento como frecuentemente
ocurre, pudieran cobrar más ánimo por ella para perseverar.
El tiempo de mi disolución (partida). Esta forma de expresión es
digna de notarse, porque Pablo bellamente aminora el excesivo
temor a la muerte señalando su efecto y su naturaleza. ¿Por qué es
que los hombres se acongojan tanto cuando alguien menciona la
muerte, sino porque piensan que cuando mueren perecerán
completamente? Pablo, por el contrario, al llamarla "disolución",
afirma que el hombre no perece, sino que únicamente se separa el
alma del cuerpo. Es, pues, con este objeto, que él sin miedo
declara que el "tiempo está cercano", lo cual no podía haber dicho
a menos que despreciara la muerte; porque aunque es natural que
jamás podremos eliminar completamente el terror y el
estremecimiento ante la muerte, sin embargo, ese terror puede
desvanecerse por fe, para que no nos impida partir de este mundo
en forma obediente, cuando Dios nos llame.
7. He peleado la buena batalla. Ya que es costumbre formarse un
juicio del evento, la batalla de Pablo pudo ser condenada por no
haber terminado felizmente. Él, pues, se enorgullece de que ésta
haya sido excelente, cualquiera que sea la opinión que el mundo
pueda tener de ella. Esta declaración es un testimonio de una fe
distinguida; porque Pablo no sólo era tenido por miserable en la
opinión de todos, sino que su muerte también tendría que ser
ignominiosa. ¿Quién, pues, hubiera afirmado que él peleó con buen
éxito? Empero él no se confía en los juicios corrompidos de los
hombres. Por el contrario, con magnánimo valor se eleva más allá
de toda calamidad, para que nadie contradiga su felicidad y su
gloria; y por lo tanto, declara que "la batalla que peleó es buena
y honorable".
He acabado la carrera. Ahora se felicita por su muerte, porque
puede considerarla como la meta o terminación de su carrera.
Sabemos que aquellos que participan en una carrera han realizado
su deseo cuando han llegado a la meta. En esta forma también él
afirma que para los combatientes de Cristo la muerte es deseable,
porque pone fin a sus labores; y, por otra parte, igualmente
declara que jamás debemos descansar en esta vida, porque de nada
sirve que hayamos corrido bien y constantemente desde el principio
hasta la mitad de la carrera, si no alcanzamos la meta.
He guardado la fe. ("Esta palabra «fe» puede ciertamente
entenderse por fidelidad; como si dijera que él era leal a nuestro
Señor Jesucristo, y que jamás se acobardó, que siempre ejecutó los
deberes que pertenecían a su oficio. Empero también podemos
entender esta palabra fe en su significado ordinario: que Pablo no
se desvió de la sencillez pura del Evangelio, y que confió en las
promesas de la salvación que se le habían dado, y, habiendo
predicado a otros, demostró que tomaba en serio lo que hablaba.
Porque, ciertamente, toda la lealtad que Dios demanda de nosotros
proviene de adherirnos firmemente a su Palabra, y de estar
arraigados en ella de tal forma que no seamos movidos por ninguna
tempestad que pueda azotarnos." Fr. Ser.
Esto puede tener un doble significado: bien sea que hasta el fin
haya sido un soldado fiel a su capitán, o que continuaba en la
sana doctrina. Ambos significados son altamente apropiados; y
ciertamente Pablo no podía hacer su fidelidad aceptable al Señor
en ninguna otra forma sino profesando constantemente la buena
doctrina del Evangelio. Sin embargo, no abrigo dudas de que se
refiera el solemne juramento hecho por los soldados; como si
dijera que él era un buen soldado, fiel a su capitán.
8. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia.
Habiéndose jactado de pelear su combate, de terminar su carrera, y
de haber guardado la fe, él ahora afirma que no se ha esforzado en
vano. Ahora bien, es posible hacer esfuerzos tenaces, y sin
embargo vernos defraudados del galardón merecido. Pero Pablo
afirma que su galardón es seguro. Esta seguridad proviene de
enfocar sus ojos hacia el día de la resurrección, y es esto lo que
también nosotros debemos hacer; porque en derredor nuestro no
vemos otra cosa sino la muerte, y por lo tanto, no debemos enfocar
nuestra mirada a la apariencia exterior del mundo, mas por el
contrario, fijar nuestra atención en la venida de Cristo. El
resultado será, que nada nos impedirá nuestra felicidad.
La cual me dará el Señor, juez justo. Porque Pablo menciona "la
corona de justicia" y "el Juez justo", y emplea la expresión "me
dará", los papistas, apoyándose en este pasaje, hacen esfuerzos
por afianzar los méritos de las obras en oposición a la gracia de
Dios. Mas su razonamiento es absurdo. La justificación por la
libre gracia, la cual se nos otorga por fe, no está en desacuerdo
con la recompensa de las obras, sino que por el contrario, esas
dos afirmaciones se hermanan perfectamente, ya que el hombre es
justificado gratuitamente por la gracia de Cristo, y sin embargo,
Dios le otorga la recompensa por sus obras; porque tan pronto como
Dios nos ha recibido en su favor, Él acepta igualmente nuestras
obras, hasta el punto de dignarse darnos una recompensa, aunque no
la merezcamos.
Aquí los papistas han cometido dos disparates: primero,
sosteniendo que nosotros merecemos recibir algo de Dios, porque
obramos el bien en virtud de nuestra libre voluntad; y segundo,
aseverando que Dios está obligado para con nosotros, como si
nuestra salvación dependiera de otra cosa y no de Su gracia. Pero
de esto no se concluye que Dios nos deba algo, porque Él retribuye
justamente lo que tiene que retribuir; pues Él es justo aun en
aquellos actos de bondad que proceden de su libre gracia. Y Él da
la recompensa que ha prometido, no porque nosotros tomemos la
iniciativa en algún acto de obediencia, sino porque Él continuará
con la misma liberalidad con que comenzó al principio, y nos dará
lo último así como nos dio lo primero. En vano, pues, y sin objeto
alguno, los papistas se esfuerzan por probar con esto, que las
buenas obras provienen del poder de la libre voluntad; porque no
es absurdo afirmar que Dios corona en nosotros sus propios dones.
Ellos se esfuerzan en forma no menos absurda y tonta, apoyándose
en este pasaje, para destruir la justicia que es por fe; puesto
que la bondad de Dios —por la cual Él gratuitamente acoge al
hombre, no imputándole sus pecados— no es inconsistente con el
galardón de las obras que Él otorgará por la misma bondad con que
hizo la promesa. ("Los mismos papistas deben observar
cuidadosamente lo que expresó uno de sus propios doctores: «¿Cómo
podría Dios dar la corona como Juez justo, si primero no hubiera
otorgado la gracia como un Padre misericordioso? ¿Y cómo hubiera
podido existir la justicia en nosotros, si no fuese precedida por
la gracia que nos justifica? ¿Y cómo se nos hubiera podido otorgar
esa corona como cumplido, si todo lo que tenemos no se nos hubiera
dado antes de ser un cumplido?» Éstas son las palabras de san
Agustín; y aunque los papistas no se guían por las Escrituras, al
menos no deben ser tan tercos como para renunciar a lo que ellos
mismos pretenden sostener. Pero esto no es todo. Es cierto que
ésta es una doctrina que bien merece ser acogida: que Dios no
puede ser un Juez justo para salvarnos, a menos que previamente
haya declarado estar en la más encumbrada posición de Padre
misericordioso; que no habrá justicia en nosotros salvo aquella
que Él mismo ha colocado allí; y que Él no puede galardonarnos
sino coronando Sus propios dones. Pero también es cierto, que,
aunque Dios nos haya dado gracia para servirle; aunque hayamos
obrado incansablemente, de acuerdo con nuestra habilidad, todo lo
que era posible para nosotros; aunque lo hayamos ejecutado tan
bien, de modo que Dios lo acepte todo; todavía habrá mucho que
criticar en las mejores obras que hayamos hecho, y la mayor virtud
que pueda percibirse en nosotros será siempre imperfecta." Fr.
Ser.)
Y no sólo a mí. Para que todo el resto de los creyentes pudiera
combatir valerosamente junto con él, les invita a una
participación de la corona; porque su firme constancia no hubiera
podido servirnos de ejemplo, si la misma esperanza de obtener la
corona no se nos hubiera ofrecido.
A todos los que aman su venida. Éste es un signo extraordinario
que Pablo emplea al describir a los creyentes. Y, ciertamente,
dondequiera que la fe es fuerte, no permitirá que sus mentes se
adormezcan en este mundo, sino que las elevará a la esperanza de
la final resurrección. Su significado es, por lo tanto, que todos
los que están muy entregados al mundo, y que aman tanto esta vida
efímera como para interés por ella, se privan a sí mismos de la
gloria inmortal no preocuparse de la venida de Cristo, y no tener
ningún tal. ¡Ay de nosotros si por nuestra estupidez jamás
pensamos seriamente en la venida de Cristo, en la cual deberíamos
centralizar toda nuestra atención! Además, Pablo excluye del
número de los creyentes a aquellos a quienes la venida de Cristo
produce terror y alarma; porque su venida no puede ser acariciada
a menos que sea considerada como agradable y deliciosa.
9. Procura venir pronto a verme,
10. porque Demás me ha desamparado, amando este mundo, y se ha
ido a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia.
11. Sólo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo,
porque me es útil para el ministerio.
12. A Tíquico lo envié a Éfeso.
13. Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa
de Carpo, y los libros, mayormente los pergaminos.
9. Procura, venir pronto a, verme. Como sabía que el tiempo de su
muerte estaba próximo, había muchos asuntos —no lo dudo— sobre los
cuales deseaba tener una entrevista personal con Timoteo para el
bien de la Iglesia; y por lo tanto él no titubeó en expresarle su
deseo de que acudiera desde un país de allende el mar.
Indudablemente que no debió haber una razón trivial para que lo
llamara teniendo que desprenderse de la Iglesia que pastoreaba, y
mediando una distancia tan grande. De aquí podemos inferir cuan
importantes son las conferencias entre tales personas; porque lo
que Timoteo iría a aprender en un tiempo tan corto, sería
provechoso, por largo tiempo, a todas las iglesias; de suerte que
la pérdida de medio año, o aun de un año entero, sería trivial en
comparación con lo que iba a ganar. Y no obstante, de lo que sigue
parece que Pablo llamó a Timoteo también para su propio beneficio
personal; aunque sus asuntos personales no ocupaban la preferencia
sobre los asuntos de la Iglesia, no obstante estaba involucrada la
causa del Evangelio, que afectaba a todos los creyentes; porque
así como la defendía desde una prisión, así también necesitaba la
ayuda de otros en esa defensa.
10. Amando este mundo. Fue verdaderamente vil que este hombre
trocara el amor de Cristo por el amor del mundo. Y sin embargo, no
debemos suponer que él del todo haya negado a Cristo, o que se
haya entregado a la impiedad y a las atracciones del mundo;
sencillamente prefirió sus propias conveniencias, o su seguridad
personal a la de Pablo. Demás no podía haber auxiliado a Pablo sin
muchas molestias y vejaciones, además del inminente riesgo de su
vida; estaba expuesto a muchos reproches, y debe de haber
soportado muchos insultos, aparte de verse obligado a dejar a un
lado sus propios asuntos; y, por consiguiente, dominado por su
aversión a la cruz, resolvió atender a sus propios intereses.
Tampoco es de dudarse que él haya disfrutado de una buena posición
en el mundo. Y que fue uno de los hombres más importantes puede
conjeturarse por el hecho de que Pablo lo menciona entre un número
reducido de personas (Col. 4:14), y también en la Epístola a
Filemón (v. 24), donde igualmente ocupa un puesto entre los
ayudantes de Pablo; por consiguiente, no tenemos por qué
extrañarnos de que Pablo lo critique tan duramente en esta
ocasión, por preocuparse más de sí mismo que de Cristo.
Otros, a quienes Pablo menciona después, no se habían separado de
él sino por motivos justos, y con su propio consentimiento. De
aquí se deduce que Pablo no pensó en su propia ventaja, como para
despojar a las iglesias de sus pastores, sino únicamente obtener
de ellos alguna ayuda. Indudablemente que él era siempre cuidadoso
en cuanto a sus visitantes o acompañantes, seleccionando a
aquellos cuya ausencia no fuese perjudicial a las iglesias. Por
esta razón había enviado a Tito a Dalmacia, y unos a un lugar y
otros a otro, cuando invitó a Timoteo a que acudiera a verlo. Y no
sólo esto, sino que a fin de que la iglesia en Éfeso no quedase
abandonada y sin pastor durante la ausencia de Timoteo, mandó a
Tíquico allá, y menciona esta circunstancia a Timoteo para que
sepa que a la iglesia no le faltará un sustituto que lo reemplace
en su ausencia.
13. Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas. En cuanto al
significado de la palabra felone, los comentaristas no están de
acuerdo, porque algunos piensan que es un cofre o una caja para
guardar libros, y otros que es una prenda de vestir utilizada por
los viajeros, y adecuada para protejerse contra el frío y la
lluvia. Ya sea que adoptemos una interpretación u otra, ¿cómo es
que Pablo daba órdenes para que le llevasen ya fuese una prenda de
vestir o cofre de un lugar tan distante, como si allí no hubiese
obreros, o como si no hubiese abundancia tanto de madera como de
ropa? Si se afirma que era un cofre lleno de libros, o
manuscritos, o epístolas, la dificultad quedará resuelta; porque
estos materiales no podrían conseguirse a ningún precio. Empero,
ya que muchos no admiten la conjetura, yo de buena gana traduzco
la palabra como capote. Tampoco es absurdo afirmar que Pablo
deseaba que se lo llevasen desde tan lejos, porque esa prenda de
vestir, por el uso prolongado, le sería más confortable, y él
deseaba evitar gastos. ("Y también porque deseaba evitarse el
gasto de comprar otra.")
Sin embargo, en honor a la verdad, yo doy preferencia a la
interpretación anterior; y muy especialmente porque Pablo
inmediatamente después menciona libros y pergaminos. De esto se
hace evidente que el Apóstol no había abandonado la lectura,
aunque ya se estaba preparando para la muerte. ¿Dónde se
encuentran aquellos que piensan que han progresado tanto que ya no
necesitan estudiar más? ¿Quién de ellos se atreverá a compararse
con Pablo? Más aún, esta expresión refuta la locura de aquellos
hombres que —despreciando los libros y condenando la lectura— no
se ufanan de otra cosa sino de sus propias enthousiasmous,
inspiraciones divinas. Empero sepamos que este pasaje recomienda a
todos los creyentes ("Ante todo, que aquellos cuyo oficio es
instruir a otros, tengan cuidado de sí mismos; pues por hábiles
que sean, están muy lejos de ser como Pablo. Siendo este el caso,
que resuelvan entregarse a Dios, para que Él les dé gracia y que
tengan un conocimiento más amplio de Su voluntad, y que puedan
comunicar a otros lo que han recibido. Y cuando fielmente hayan
enseñado durante toda su vida, y cuando estén para morir, que aun
así deseen aventajar, a fin de impartir a sus semejantes lo que
saben; y que los grandes y pequeños, los doctos y el pueblo común,
los filósofos y los tontos, los ricos y los pobres, los viejos y
los jóvenes, puedan aprender mediante la exhortación dada aquí, a
aventajar durante toda su vida, en tal forma que jamás declinen en
sus esfuerzos, hasta que ya no vean «en parte» o «como en un
espejo», sino que contemplen la gloria de Dios «cara a cara»." Fr.
Ser.), la constante lectura, para que puedan sacarle provecho.
Mas alguno preguntará ¿por qué Pablo pedía una capa o una prenda
de vestir, si entendía que su muerte ya estaba cercana? Esta
dificultad también me induce a interpretar la palabra como
denotando un cofre, aunque pudo haber tenido necesidad de utilizar
el "capote", el cual es desconocido en la actualidad; y por
consiguiente no prestaré mucha atención a estos asuntos.
14. Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor le
pague conforme a sus hechos.
15. Guárdate tú también de él, pues en gran manera se ha opuesto a
nuestras palabras.
16. En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos
me desampararon; no les sea tomado en cuenta.
17. Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por
mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen.
Así fui librado de la boca del león.
18. Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para
su reino celestial. A él sea gloria por los siglos. Amén.
19. Saluda a Frisca y a Aquila, y a la casa de Onesíforo.
20. Erasto se quedó en Corinto, y a Trófimo dejé en Mileto
enfermo.
21. Procura venir antes del invierno. Eubulo te saluda, y Pudente,
Lino, Claudia y todos los hermanos.
22. El Señor Jesucristo esté con tu espíritu. La gracia sea con
vosotros. Amén.
14-15. Alejandro el calderero. Este hombre fue exhibido como un
espantoso ejemplo de apostasía. Él había ayudado celosamente en la
propagación del reino de Cristo, contra el cual después declaró la
guerra abierta. No hay otra clase de enemigos que sea tan
perjudicial o venenosa como ésta. Empero, desde el principio, el
Señor determinó que su Iglesia no quedara exenta de este mal, para
que nuestro ánimo no desfallezca cuando somos probados con
experiencias de esta naturaleza.
Me ha causado muchos males. Es conveniente observar cuáles son los
"muchos males" que Pablo dice haberle causado Alejandro.
Consistían en esto: que se oponía a su doctrina. Alejandro era un
artífice, y no tenía la preparación escolar para ser un gran
controversista; pero los enemigos domésticos siempre han sido muy
hábiles para perjudicar. Y la perversidad de tales hombres siempre
obtiene crédito en el mundo, de suerte que la ignorancia maliciosa
e imprudente algunas veces produce molestias y dificultades
mayores que lo que pueden producir los más grandes talentos
respaldados por el saber. Además, cuando el Señor lleva a sus
siervos a luchar con personas de estirpe tan baja, Él
intencionadamente los aparta de la vista del mundo, para que no se
entreguen a una exhibición ostentosa.
De las palabras de Pablo, en gran manera se ha opuesto a nuestras
palabras, podemos inferir que no había cometido mayor ofensa que
atacar la sana doctrina; porque si Alejandro hubiera herido su
persona, o cometido algún asalto contra sus bienes, Pablo hubiera
soportado pacientemente; pero cuando la verdad de Dios es atacada,
su ser arde con santa indignación, porque en todos los miembros de
Cristo esta verdad debe ser una realidad: "Porque me consumió el
celo de tu casa" (Sal. 69:9). Y también éste fue el motivo de la
severa imprecación que salió de su boca: el Señor le pague
conforme a sus hechos- Un poco después, cuando se queja de que
todos le han desamparado, aun así él no pide venganza al cielo
contra ellos, mas al contrario, aparece como su intercesor,
rogando que puedan obtener perdón. Siendo tan amable y
misericordioso para con los demás, ¿cómo es que se muestra tan
severo e inexorable para con este individuo? La razón es ésta:
puesto que algunos habían caído por temor y humana flaqueza, él
desea que el Señor los perdone; porque en esta forma debemos tener
compasión para con los hermanos débiles. Mas por cuanto este
hombre se levantó contra Dios con malicia y sacrílego
atrevimiento, y abiertamente atacó la verdad conocida, tal
impiedad no merecía ninguna compasión.
No debemos pensar, pues, que Pablo haya sido impulsado por el
excesivo ardor de su temperamento, cuando lanzó esta imprecación;
porque fue por el Espíritu de Dios, y con celo bien equilibrado,
que él deseaba la eterna perdición para Alejandro, y misericordia
para los demás. Sabiendo que es por la dirección del Espíritu
Santo que Pablo pronuncia un juicio celestial que procede de
arriba, podemos inferir de este pasaje cuan querida para Dios es
Su verdad, y con cuánta severidad castiga Él a sus atacantes.
Especialmente, debemos notar cuan grande crimen es luchar con
malicia deliberada contra la verdadera doctrina.
Mas para que ninguno, imitando falsamente al Apóstol, lance
imprecaciones semejantes en forma imprudente, hay aquí tres cosas
dignas de notarse. Primero no nos venguemos nosotros mismos de las
injurias que nos hacen, no sea que el amor propio y una
consideración de mera ventaja personal, nos hagan actuar con
violencia, como ocurre frecuentemente. Segundo, mientras
sostengamos la gloria de Dios, no mezclemos con ella nuestras
pasiones, las cuales siempre perturban el buen orden. Tercero, no
pronunciemos sentencia contra todos sin discriminación, sino
únicamente contra los réprobos, quienes, por su impiedad, dan
evidencias de que así es su verdadero carácter; y así nuestros
deseos estarán de acuerdo con el propio juicio de Dios; de otro
modo hay motivo para temer que también a nosotros se nos dé la
misma respuesta que Cristo dio a sus discípulos cuando éstos
indistintamente tronaron contra todos los que no estaban de
acuerdo con sus opiniones: "Vosotros no sabéis de qué espíritu
sois" (Le. 9:55). Ellos pensaban que tenían a Elías de su parte (2
Re. 1:10), el cual oró al Señor en la misma forma; mas porque
disentían completamente del Espíritu de Elías, la imitación era
absurda. Es, pues, necesario que el Señor nos revele Su juicio
antes de que nosotros nos atrevamos a lanzar tales imprecaciones;
y que por su Espíritu Él controle y dirija nuestro celo. Y siempre
que recordemos la vehemencia de Pablo contra un individuo en
particular, recordemos también su sorprendente mansedumbre para
con aquellos que tan vilmente le habían abandonado, para que
aprendamos, por su ejemplo, a tener compasión de las debilidades
de nuestros hermanos.
Deseo aquí hacer una pregunta a aquellos que pretenden que Pedro
presidió la iglesia en Roma. ¿Dónde se encontraba él entonces? De
acuerdo con la opinión de los papistas, Pedro no estaba muerto;
porque ellos nos dicen que pasó un año exactamente entre su muerte
y la muerte de Pablo. Además, alargan su pontificado a siete años.
Pablo menciona aquí su primera defensa; su segunda audiencia ante
la corte no ocurriría tan pronto. ¿Es que Pedro, a fin de que no
perdiera el título de papa, tendría que soportar la acusación tan
vergonzosa de haberse rebelado? Ciertamente, cuando todo el asunto
se haya examinado a conciencia, encontraremos que todo lo que se
ha creído acerca de su papado os fabuloso.
17. Pero el Señor estuvo a mi lado. Pablo agrega esto, a fin de
evitar el escándalo que pudiera provocar esa vil deserción de su
causa. Aunque la iglesia en Roma había faltado en el cumplimiento
de su deber, Pablo afirma que el Evangelio no había sufrido
pérdida por ello, porque, descansando en el poder celestial, él
era capaz por sí mismo de llevar todo el peso de la carga, y
estaba tan lejos de desalentarse por la influencia de ese temor
que se apoderó de todos, que sólo se hizo más palpable que la
gracia de Dios no tiene necesidad de recibir auxilio de ninguna
otra fuente. Pablo no se jacta de su valor, sino que da gracias a
Dios porque, aunque reducido a los extremos, no retrocedió ni se
descorazonó al encarar pruebas tan peligrosas. Pablo reconoce,
pues, que el brazo del Señor le sostuvo, y está satisfecho con
esto, porque la gracia interior de Dios le servía de escudo para
protegerlo contra todo asalto. Señala luego la razón.
Para que fuese cumplida la predicación (proclamación). La palabra
proclamación es empleada por Pablo para denotar el oficio de
anunciar el Evangelio entre los gentiles, el cual le fue asignado
a él especialmente;1 porque la predicación de otros no se
asemejaba tanto a una proclamación, por estar confinada a los
judíos. Y con sobrada razón hace él uso de este vocablo en muchos
pasajes. No fue una insignificante confirmación de su ministerio
que, cuando todo el mundo se encendía en cólera contra él, y
cuando, por otra parte, toda ayuda humana le faltaba, no obstante
permanecía firme. Así Pablo dio una demostración práctica de que
su apostolado provenía de Cristo.
Así que describe ahora la forma de la confirmación: que todos los
gentiles oyesen que el Señor le había ayudado poderosamente;
porque de este acontecimiento ellos podían inferir que tanto su
llamamiento como el de Pablo procedían del Señor.
Así fui librado de la boca del león. Por la palabra "león" muchos
suponen que se refería a Nerón. Yo, por mi parte, prefiero c pinar
que Pablo hace uso de esta expresión para denotar el peligro en
general; como si dijera: "como de un fuego ardiente", o "de las
garras de la muerte". Él quiere decir que no fue sin la
maravillosa ayuda divina que escapó, pues el peligro era tan
grande, que de no ser por esto hubiera sucumbido.
1 "El vocablo griego propiamente denota una publicación o
proclamación que se hace solemnemente, y acompañada del sonido de
una trompeta".
18. Y el Señor me librará de toda obra mala. Pablo declara que
tiene las mismas esperanzas para el futuro; no es que se pueda
escapar de la muerte, sino que no será derrotado por Satanás, ni
se desviará del camino recto. Esto es lo que debemos desear
principalmente: no que se promuevan los intereses del cuerpo, sino
que podamos elevarnos sobre toda tentación, y podamos estar
dispuestos a sufrir mil muertes antes que llegue a nuestra mente
el deseo de contaminarnos con alguna "obra mala". Sin embargo yo
sé muy bien, que hay algunos que entienden la expresión obra mala
en el sentido pasivo, como denotando la violencia de los hombres
perversos, como si Pablo dijera: "El Señor no permitirá que los
hombres perversos me hagan mal". Mas el otro significado es mucho
más apropiado: que Dios lo preservará puro y sin mancha de toda
acción perversa; porque inmediatamente añade: para su reino
celestial, con lo cual quiere decir que sólo en esto consiste la
verdadera salvación: cuando el Señor —ya sea por vida o por
muerte— nos conduce a su reino.
Éste es un pasaje extraordinario para mantener la ininterrumpida
comunicación de la gracia de Dios, en oposición a los papistas.
Después de haber confesado que el principio de la salvación viene
de Dios, ellos atribuyen que su continuación depende del libre
albedrío; de suerte que en esta forma la perseverancia no es un
don celestial, sino una virtud humana. Y Pablo, al atribuir a Dios
esta obra "de preservarnos para su reino", afirma claramente que
nosotros somos guiados por su mano durante todo el curso de
nuestra vida, hasta que, habiendo terminado toda nuestra lucha,
obtengamos la victoria. Y tenemos un memorable ejemplo de esto en
Demás, a quien Pablo mencionó un poco antes, porque, siendo un
noble campeón de Cristo, se había convertido en un vil desertor.
Todo lo que sigue ya lo habíamos explicado anteriormente, y por
consiguiente no necesita explicación adicional.
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